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Pretender que un niño de menos de 3 años sepa recoger su habitación es una batalla perdida. Hasta los 5 años e incluso más tendrás que echarle una mano siempre que haya que ordenar los juguetes. Y eso no significa que él mire lo bien que lo recoges todo, se trata de que coloquéis las cosas juntos, convirtiendo ese momento en lo más placentero posible. Porque, cuando llega el difícil momento de colocar el desorden propio de los juegos de los niños, solemos ponernos muy nerviosos. Como siempre, no hay recetas mágicas para conseguirlo, pero sí algunos consejos útiles y ante todo mucha paciencia, flexibilidad y perseverancia de nuestra parte. Además, no va a tener sentido que nos pasemos el día intentando que el cuarto de nuestro hijo esté perfectamente recogido, será mejor ser menos exigentes, más realistas y comprensivos.

Los niños pequeños no saben lo que es el orden

Un niño de 2 años o menos, aunque ya parezca una personita con habilidades, no entiende lo que es tener una habitación ordenada. La idea de orden o desorden no la conoce, para él está igual de bien tener guardados o por medio sus juguetes. Puede parecer que ya sabe hacerlo cuando jugamos a un juego que consiste en meter las cosas en cajas o en las estanterías, pero no nos debemos engañar. Aunque esto lo haya hecho alguna vez, no significa que lo haya aprendido y que lo vaya a hacer siempre, porque para él será un juego que si le gusta hará y si no protestará. Por eso, ante todo, no hay que reñirle. Como en muchos aspectos de la crianza, es cuestión de esperar y que sea un poco más mayor para que entienda que las cosas hay que guardarlas y lo que es el orden. Además, psicológica, emocional y cognitivamente, a estas edades es más beneficioso jugar que recoger o aprender a recoger. Podemos ir invitándoles a hacerlo, sin agobiar, y sin preocuparnos porque nuestro hijo no lo haga, ya que ningún niño a estas edades lo hace.

¿Hay que enseñarle pronto o se malacostumbrará?

Una idea muy extendida entre los adultos, y desgraciadamente entre muchos padres, es pensar que los niños nos toman el pelo. Y ciertamente hay momentos en que nos lo ponen difícil, porque se cierran en banda, como es el caso de su negativa a recoger sus juguetes. Al tratarse de normas y enseñanzas, los papás nos preocupamos mucho de enseñarles a hacer las cosas cuanto antes, y del famoso: ¿y entonces no será demasiado tarde? Pero llegar tarde a la adquisición de una norma es difícil. Siempre vamos a estar a tiempo. Lo cierto es que lo mejor es esperar, no tener prisa y dar tiempo a nuestros hijos para que puedan entender la importancia y necesidad de recoger. Porque no se trata de adiestrar animalitos. Lo importante es ayudarles a razonar y explicarles las cosas.

Razonar y comunicarnos con nuestro hijo

Ante todo, al pedirles a nuestros hijos que nos ayuden a recoger su habitación, deben entender que no es un mero capricho de sus padres. Será importante explicarle los motivos, razonar con ellos. Podemos explicarles que tener las cosas ordenadas trae una serie de beneficios: por ejemplo, si no guardamos las piezas del puzzle, las perderemos y no podremos volver a jugar, o si dejamos las pinturas esparcidas por el suelo, se perderán y luego no podremos volver a pintar. Y sí, no importa decirles que recoger es aburrido, que a nosotros tampoco nos gusta, pero hay cosas aburridas que es necesario hacer aunque no nos guste hacerlas. Por eso, mejor invitarles a ordenar sus juguetes con palabras cariñosas y que puedan comprender, sobre todo si son muy pequeños, con el objetivo de que vayan entendiendo que si se habitúan a tener las cosas ordenadas, conseguiremos que luego sepamos donde están. Usando siempre frases cortas, sencillas y concretas, porque cuando un niño ve venir un sermón sus oídos suelen cerrarse, ellos tienen una gran capacidad para desconectar y dejar de escucharnos.

Aunque inculcarles el hábito de recoger es una tarea titánica por parte de los padres, será cuestión de hacerlo poco a poco, ayudándoles, sin alzar la voz y por supuesto sin gritos. Cuando ya son niños un poco más mayores, se puede intentar llegar a acuerdos con ellos. Decirles, por ejemplo: “puedes ver los dibujos, pero sabes que tienes que recoger los libros que has dejado por el suelo”. Lo mejor será ser muy concretos, y dejarles claro los “términos” del acuerdo. Seguramente no recogerán a la primera, pero no hay que perder la paciencia, mejor darles su tiempo, ser comprensivos y ponernos un poco en su lugar: cuando se está viendo una peli ponerse a recoger es un incordio. Un ejemplo de cómo hacerlo podría ser: “Ya sé que recoger es un rollo, a mí tampoco me gusta. Pero hemos de guardar los libros en su sitio. Porque luego no encontraremos el libro de los dinosaurios. Mira, ¿recogemos los libros a medias? Yo puedo guardar en la estantería los libros más grandes y tú los más pequeños”. Decirles algo así seguramente funcionará mejor que regañarles. Porque con una regañina sólo ganamos un niño llorando y enfadado y unos papás acalorados y nerviosos.

Paciencia, flexibilidad y mensajes concretos

Lo primero que hay que entender es que los niños son niños. Y que harán falta kilos y kilos de paciencia. El aprendizaje de algo requiere tiempo y los papás tendréis que ser pacientes con el estado de su habitación. Además, hay que entender que un niño nunca va colocar las cosas a la perfección, menos milimétricamente. Pero aunque no lo haga muy bien, no debemos ir detrás suyo volviendo a colocar todo, esto le desanimará, y hay que entender que para él es todo un esfuerzo. Así que mejor olvidarse de lo estético, porque las habitaciones de los niños sólo están perfectamente recogidas en los catálogos de decoración. Tratad siempre de ser flexibles y muy prácticos.

A la hora de ayudarles a recoger, porque hasta que no sean un poco mayores no lo harán ellos solos, será importante darles indicaciones concretas y muy específicas, para que comprendan exactamente qué tienen que hacer. “Ordena tu cuarto” es un mensaje muy poco preciso. Es mejor decir: “guarda los muñecos en la caja” o “vamos a meter los coches dentro del cubo de los cochecitos”. Cuando son pequeños hay que usar un lenguaje sencillo y que sepamos que entienden, no sirven de nada grandes discursos, y menos aún enfadarse.

Convertirlo en un juego, sin premios ni castigos

Como recoger va a ser siempre algo muy tedioso para tus hijos, nunca estará de más que conviertas esta tarea en lo más entretenida posible. Podéis cantar canciones que se puedan asociar con este momento, e incluso inventar vosotros mismos una canción para el rato de recoger. Es buena idea poner música o una canción que les gustes, incluso los adultos preferimos limpiar la casa con música que nos anime a hacerlo. También podemos inventarnos juegos para que les resulte más ameno: a ver quién consigue meter más bloques de construcción en su caja, quién llega antes al cubo del papel para dejar los recortes que hemos hecho, colocar por colores los vestiditos de la muñeca o sus zapatos… cuestión de echarle imaginación.

Además es importante que reconozcamos el esfuerzo que están haciendo al recoger. Utiliza palabras amables y cariñosas para decirle que está muy bien que recoja sus juguetes, sobre todo cuando lo haga por iniciativa propia, sin que tú le hayas dicho nada. Por ejemplo: “Qué bien que ya estén en su sitio los peluches, así podremos encontrar tu favorito la próxima vez que quieras jugar con él”. Y siempre sin recurrir a los premios ni a los castigos. Porque los castigos, además de no servir para nada, solo consiguen atemorizar y menoscabar la autoestima del niño, y hay muchas otras alternativas. Tampoco hay que echar mano de los premios ni las recompensas. No queremos niños que siempre busquen ser premiados por sus actos, ni con cosas materiales mucho menos negociando nuestro cariño y amor hacia ellos porque nos guste más o menos lo que hagan. Mejor erradicar frases como: “si no haces lo que te digo, mamá te va a dejar de querer”.

Lo que no hay que hacer

Además de no usar ni castigos ni recompensas, hay cosas que es mejor evitar hacer. No le pidas a tu hijo que recoja cada juguete antes de sacar otro. Es normal que los niños jueguen en desorden, con todo a la vez. Tampoco le obligues a recoger mientras juega, su tiempo de juego es suyo y debemos permitirle que se sienta libre en ese momento propio, sin invadirlo con obligaciones. Cuando llegue el momento de recoger, no le obligues a desmontar esa construcción que ha montado con tanto esfuerzo. Tampoco pasa nada si la casita de muñecas o el scalextric se quedan montados en un rincón, para poder jugar al día siguiente. Y si están empezando sus dibujos favoritos en la tele, mejor no pedirle que recoja, no nos escuchará y recogerá a toda prisa y con desgana. En casos así, mejor llegar al acuerdo de que, cuando acaben los dibujos, nos ponemos a recoger.

Tampoco es conveniente que tengan miles de juguetes. No es bueno ni para su educación, porque no sabrá valorar ni cuidar las cosas, ni para conseguir un cuarto un poco ordenado. Cuantos menos juguetes acumule nuestro hijo, más fácil será mantener el orden. Así que revisad cada cierto tiempo los juguetes, podéis regalar o donar aquellos que ya no se utilizan y así liberar algo de espacio.

Un espacio que resulte fácil de organizar

Para que una habitación infantil sea fácil de recoger, nada mejor que organizar el espacio poniéndoselo fácil a nuestros hijos y que organizar sus juguetes no cueste demasiado trabajo. Pon cajas o cajones para guardar los distintos tipos de juguetes. Mejor que no sean enormes, los jugueteros grandes son un caos, al final el niño sacará todas las cosas para encontrar la que busca, que suele estar en el fondo. Cuando los juguetes ocupan un sitio determinado, adquieren para el niño un valor más importante que cuando están todos amontonados. Cuando son pequeños, los papás podemos ayudar al niño a clasificar sus objetos, y por ejemplo, marcar las cajas con etiquetas o dibujos que le ayuden a identificar dónde está cada uno. Pero a medida que crecen, hay que dejar que ellos mismos decidan la clasificación que quieren dar a sus juguetes, y de qué manera prefieren organizarlos en el espacio que es su habitación.

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