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Adolfo David Lozano

El verano es, típicamente, una estación tan deseada (sol, buen tiempo, vacaciones, playa…) como  respetada (excesivo calor, compatibilizar el trabajo con el asueto colegial de los niños, el estrés post-vacacional, o los temidos kilos de más también post-vacacionales). Y nos valemos de distintos métodos para disfrutarlo o bien para, por qué no en algunos casos, soportarlo. Desde ventiladores, aire acondicionado, piscinas, gorras y amplios sombreros… Lo que por desgracia pasamos demasiado por alto es, una vez más, lo que está sobre nuestras mesas. Esto es, la comida y los alimentos que tan poderosas como infravaloradas virtudes tienen. Y también, claro está, para convertir un buen verano en uno aún mejor. Veamos pues algunos de esos aliados que debemos tener especialmente presentes en esta estación, el verano.

Pepinos: Tan típicos en no pocos gazpachos como ensaladas veraniegas, no parece desde luego una casualidad que los pepinos los asociemos especialmente con el verano. La razón es tan simple como probablemente llamativa. Y es que los pepinos, que pueden mantener en su interior temperaturas hasta 20 grados inferior a la del lugar donde se encuentren, son capaces de mitigar ligeramente al comerlos el calor que nuestros cuerpos soportan en verano. Si hay alimentos que enfrían –igual que los hay que aportan calor-, los pepinos serían unos campeones en esta modalidad.

Zanahorias: Sólo hace falta recordar el predicamento que tienen las zanahorias en tantos protectores solares de antaño y actuales para verificar que esta hortaliza debe tener, sin duda, alguna estrecha relación con el verano y, más particularmente, con el Sol. Y así es, puesto que las zanahorias son unos grandes tesoros de betacaroteno, un antioxidante que mejora la visión, nuestra capacidad reproductora y, como algunos habréis recordado, de mejorar nuestro bronceado. Tanto es así que un excesivo consumo de zanahorias puede llegar a delatar un tono anaranjado en nuestra piel, algo que tampoco es deseable. Personalmente, me encantan tanto los purés con zanahorias como comerlas crudas a mordiscos. Sean como fueren tus recetas, si es verano haz un hueco para las zanahorias.

Tomates: Muchas veces nos dejamos seducir por exóticas frutas sin tener en cuenta que a veces muchos vegetales infinitamente más comunes también merecen nuestra atención. El tomate por ejemplo es un auténtico rey en contenido de un antioxidante llamado licopeno. Este antioxidante de la familia de los carotenos, el licopeno, no sólo impide la oxidación de nuestro colesterol, mejora la salud ósea y de la próstata entre otros demostrados beneficios, sino que además es un aliado de nuestra piel, tan expuesta al daño oxidativo que inflige el Sol en estas fechas. Y es que en general todos los carotenos tienen unas particulares propiedades para mejorar nuestra natural protección frente a la radiación ultravioleta (no en vano se considera que sólo aplicar por ejemplo licopeno tópicamente puede aumentar la protección solar SPF hasta en una cifra de 3). ¿Quién se apunta a un gazpacho?

Sandía: La naturaleza, tantas veces lo decimos, es sabia. Y no es incierto cuando comprobamos por ejemplo qué frutas y verduras son más propias de una u otra estación. Si las naranjas tan preciadas por su vitamina C tienen su época de esplendor en invierno, la sandía es una fruta totalmente veraniega por algo, ¿correcto? Pues sí, ya que la sandía –que es tan acuosa- es una fruta muy rica en electrolitos como sodio y potasio. Lo cual significa que es una protección frente a los estados de deshidratación a los que somos tan proclives en las épocas de mucho calor y transpiración, es decir, en verano. Así pues, ante una ola de calor haz acopio no sólo de un ventilador. Sino también de alguna que otra sandía.

Bebidas: té verde frío y sangría A la hora de escoger bebidas para el verano, me he decantado por el té verde y la sangría, esta última por su contenido entre otros de vino. Por un lado, el té verde ha demostrado reducir la inflamación cutánea producida por la exposición solar, con lo cual actúa sinérgicamente con nuestra protección solar que siempre debemos emplear. Por otro lado, como ya sabemos el vino lógicamente conserva muchas propiedades antioxidantes de las uvas que, incluso, aumenta durante el proceso de fermentación. Esto, como ya habrás deducido, son muy buenas noticias. Dermatólogos de la Universidad de Wisconsin demostraron en su día que determinados antioxidantes del vino tinto protegen frente al daño solar. Quizás esto pueda explicar por qué hay estudios que muestran que las personas que consumen con alguna regularidad vino tinto parecen menos proclives al cáncer de piel.

¿No resulta fantástico comprobar qué arsenales de salud y bienestar podemos tener en nuestras despensas y cocinas? Igual que una mala alimentación puede conducirnos al abismo, una alimentación natural, rica en nutrientes y volcada en aprovechar lo que la naturaleza nos depara cada estación es parte indispensable para una salud superior. Saca tus gafas de Sol y ropa clara y ligera, porque éste va a ser tu verano. Un verano glorioso.

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