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El comer, lo mismo que el dormir, es uno de esos temas que a los padres nos traen de cabeza. Que si el niño come o no come, que cuánto come y qué come. Al principio, cuando son bebés, nos preocupa su alimentación, su crecimiento, y los famosos percentiles. Luego, cuando son niños, nos preocupamos por si comen o no de todo. Evidentemente, como padres, queremos que nuestros hijos se alimenten de forma saludable. Y aquí es importante que tratemos que su dieta sea variada y equilibrada. Otro aspecto esencial al dar de comer a nuestros hijos será que tengamos en cuenta los gustos del niño, y adaptarnos y ser incluso creativos a la hora de cocinar platos que les resulten atractivos y que contengan los nutrientes que necesitan.

La hora de comer, además, y esto es algo que no siempre valoramos en su justa medida, debe ser un momento agradable para el niño y que pueda disfrutar en familia. Porque sentarnos todos juntos a la mesa, y compartir la comida, viendo los niños que nosotros también comemos la verdura o el pescado, resultará muy beneficioso para que ellos también quieran comer lo que hay en la mesa. Y es que, la imitación es la mejor herramienta que tenemos los padres para guiar a nuestros pequeños y enseñarles. Los niños copian todo lo que ven. Y por eso comer en familia puede ser una buena opción para ayudarnos y ayudarles a comer lo que hay en el plato.

No cabe duda que con la acelerada vida actual, llena de prisas, trabajo y horarios no siempre compatibles entre padres e hijos, no siempre es fácil conciliar la vida laboral y familiar, y nos pone difícil el reto de compartir la mesa con los nuestros. Lo habitual es que los padres coman en el trabajo y los niños en el colegio o en la guardería. Y nos resulta complicado poder sentaros a la mesa y comer junto con nuestros hijos. Pero es importante hacer el esfuerzo, porque es clave la influencia positiva que tiene comer en familia, tanto para favorecer nuestra comunicación con ellos, como para crear un modelo de alimentación sana a imitar. Y esto empieza por el desayuno, que no dudemos es la comida más importante del día, y termina en la cena, seguramente el momento del día en el que sí podremos poner de nuestra parte para que sea una comida que hagamos todos juntos. Y además, están los fines de semana, cuando casi todos los padres disponemos de más tiempo para pasar en familia.

Comer en familia desde que son pequeños
Aunque la costumbre más extendida es dar de comer a nuestros hijos, cuando son muy pequeños, antes de que comamos nosotros, por cuestiones que tienen que ver con su ritmo de sueño, lo mejor es incorporar a los miembros más pequeños de la familia a nuestra mesa lo antes posible. Se tratará de hacer hueco en la mesa familiar para que quepa su trona y ajustar los horarios familiares a sus rutinas de sueño y a sus necesidades de alimentación infantil, con el objetivo de que seamos todos los que nos sentemos juntos a comer.

A partir del año es conveniente favorecer el interés porque los niños tomen ya dietas no trituradas, alimentos que puedan masticar. Y es que a esta edad pueden ya comer prácticamente de todo, y se tratará de cocinar con menos sal y menos azúcar, cosa que nos beneficiará a todos. Concretamente en la mesa, sirviendo la misma comida para todos, aunque a los más pequeños le pongamos todo más troceadito y en la cantidad que ellos sean capaces de comer, la imitación de padres y hermanos les despertará por un lado el deseo de comer solos y, además, les motivará para querer probar los alimentos que nosotros estemos comiendo. Y es que, el niño que come solo en ocasiones se aburre y lo hace con desgana. En cambio, comer con sus papás y hermanitos le resultará un momento agradable, porque comer y alimentarse no debe ser una obligación o un momento desagradable, sino todo lo contrario.

¿Por qué es beneficioso comer en familia?
De entrada, como he dicho ya varias veces, los niños funcionan por imitación y les gusta copiar aquello que ven. Y es más probable que coman y disfruten de un plato saludable si ven que su familia también lo disfruta. En la educación nutricional es esencial dar ejemplo, y ser nosotros los padres los primeros que demostremos con nuestros hábitos alimenticios que se puede comer de forma sana y también disfrutar de una comida sabrosa y atractiva para los peques. Al comer todos juntos, además, favorecemos que el niño conozca nuevos alimentos, porque los irá descubriendo cada vez que llevemos a la mesa nuevas recetas, nuevos productos frescos propios de cada temporada que les resultarán novedosos y llamarán su atención.

También lo he comentado ya, trata de respetar sus gustos en lo que a comida se refiere. Es normal que los niños vayan cambiando sus preferencias a la hora de comer. Habrá épocas en que devoren la carne y no quieran ni ver el pescado, y habrá épocas en que inesperadamente les dé por comer fruta. También es normal que conforme se vayan haciendo mayores, y también por imitación, porque en el cole ven que sus amiguitos no comen verdura, decidan no comerla, o le cojan manía a determinados alimentos. No hay que desesperar. Y aquí un consejo importante: no hay que obligarles nunca a comer. Porque, si les intentamos obligar a comer determinado alimento será la mejor manera de que le cojan manía de por vida. Pensadlo, ¿tenéis alguna fobia a algún alimento? ¿Y no será porque de niños os obligaron a comerlo?

Siguiendo un poco con esta idea de tener en cuenta a los niños. Una buena opción para que se involucren y les atraiga todo lo relativo a la comida, es contar con ellos y animarles a que nos ayuden a hacer la compra, a poner la mesa, e incluso a preparar la comida. Porque a ellos les gusta jugar a ser mayores y al involucrarles les estaremos educando al mismo tiempo.

Evidentemente, llegados a este punto, es posible que veáis complicado implicaros e implicar tanto a los niños en el asunto del comer. Sobre todo por una cuestión de horarios, ya que es difícil crear una rutina y que esté todo listo cuando llega la hora de estar todos sentados a la mesa. Pero con los horarios, un consejo, no hay que obsesionarse. Cuando se tienen niños, cada día es una aventura, y resulta complicado que se cumplan los horarios a rajatabla. No hay que volverse locos, se trata de que todo fluya, dentro de los horarios que a ellos, según su edad, más les convengan. Más vale comer un poco más tarde y estar todos relajados, que comer a la hora pactada con malas caras y nervios.

Siguiendo con otros beneficios, no alimenticios, que tiene el comer en familia, hay que mencionar otro aspecto importante: que favorece el vínculo familiar. Porque comer todos juntos resulta un momento idóneo para hablar entre los miembros de la familia, y supone un encuentro familiar, de los que disponemos pocos a diario. Además, va a ser la excusa para poder apagar la televisión y para enseñar a los niños a tener pequeñas responsabilidades en el hogar como poner la mesa y recogerla o barrer las migas del suelo. Y si los mayores nos lavamos las manos antes de comer, y los dientes después, será algo que quieran hacer, sin imposiciones, porque verán hacerlo también a mamá y papá. Al final, se trata de que la alimentación infantil se desarrolle en un ambiente distendido y donde prime el cariño, el lugar y el momento en que todos los miembros de la familia participen y disfruten.

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