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Naturarla

En este 2016, el ministerio de Sanidad legalizará la venta de insectos en España. Esta medida se tomará bajo el amparo de una nueva normativa del Parlamento Europeo. Así, en los próximos meses experimentaremos lo que llevan probando otras culturas desde hace miles de años. De hecho, ¡para el 80 por ciento de las culturas, comer insectos es algo habitual en la dieta, ¡y ahora nos toca a nosotros! Poco a poco, las hormigas, gusanos, grillos, escorpiones y saltamontes se incorporarán en las cartas de algunos restaurantes y espacios gourmet de supermercados.

¿Aprenderemos a comer toda clase de bichos?

Muchos insectos saben realmente bien. Lo que pasa que la mayoría de las veces, comemos con los ojos y es normal que si no estamos acostumbrados este tipo de comida nos produzca algún rechazo. Si cerramos los ojos, podremos apreciar que algunas larvas saben a bacon, los grillos tostados son parecidos a las pipas y el sabor de las chinches acuáticas se parece al de las gominolas. La primera barrera es la prueba de producto, una vez hemos pasado este obstáculo el placer al degustar los alimentos se aprende poco a poco.

Propiedades de los insectos

Destacamos el alto valor de proteínas de los insectos. Por su valor nutricional, ya hace mucho tiempo que deberíamos haber comenzado a incluirlos de forma habitual en nuestra alimentación. Según Naciones Unidas , comer insectos puede ser una alternativa viable para combatir el hambre . Si se mantiene el crecimiento poblacional actual, seremos 9 mil millones de personas hacia el 2050. Y para alimentar a semejante número hay que buscar alternativas. Sobre todo porque cada día la contaminación dificulta la obtención de alimentos. Actualmente la FAO estima que los insectos ya forman parte de la dieta tradicional de cerca de 2 mil millones de personas en todo el mundo. Otro punto positivo es que los insectos son ricos en vitaminas y minerales. Algunos además presentan altos contenidos de grasas buenas para el organismo y que servirán para luchar contra el colesterol y la obesidad.

La comercialización de los insectos abre una nueva vía y a través de la demanda se puede generar un mercado con alternativas para la crisis alimentaria que pueda dar una oportunidad de sustento a comunidades menos protegidas (ya que la inversión necesaria es baja si la comparamos con lo que hace falta en ganadería u otros sectores).

Para ir abriendo apetito…

En México comen escamoles, que son los huevos de un tipo de hormigas y los consideran tan valiosos como los nórdicos el caviar. También son comunes los chapulines o los gusanos de maguey en salsa de chile piquín. Los chapulines son una especie de saltamontes que se sirven fritos. Su sabor y textura recuerdan a los calamares secos.

En Brasil, los indígenas Maku recogen insectos en la temporada de lluvias y los emplean como soporte a su alimentación durante el resto del año.

En Ecuador encuentras escarabajos en los mercados de campesinos en los meses de octubre y noviembre, tienen un sabor ligeramente amargo y la textura es similar a las palomitas.

Si nos vamos a Asia, en Tailandia, Camboya, Japón e Indonesia es posible encontrar insectos (alacranes, libélulas, arañas, gusanos y escarabajos). Los venden en los mercados nocturnos fritos en aceite o caramelizados, para luego introducirlos en bolsitas donde incluyen pequeños pimientos picantes.

La realidad (y la necesidad) nos incita a ampliar nuestro espectro alimentario. Si conseguimos superar los prejuicios, un mundo de sabores y texturas curiosas nos esperan. Hay 1.400 especies de insectos comestibles ya reconocidas y registradas. ¿Te gustaría probarlos?

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