Aprender a nadar


Penelope Coronado

Nada mejor que aprovechar la llegada del verano para enseñar a nuestros hijos pequeños a nadar. Seguro que en vacaciones vais a ir a la piscina o posiblemente a la playa, lugares donde será ideal introducir a nuestro bebé en el medio acuático. Y quién mejor que vosotros, sus papás, para enseñarles lo que es el agua y lo que significa interactuar con ella. Ante todo, pensad que es un momento de disfrute, para divertirse en familia, sin metas ni imposiciones. Porque cada bebé tiene su propio ritmo de aprendizaje, y es muy posible que inicialmente sientan rechazo a meterse en la piscina o en el mar, que puede asustarles con su oleaje. Estos factores externos, como pueden ser además la temperatura del agua, la temperatura del ambiente o el jaleo que haya en la piscina o en la playa, pueden dilatar mucho el tiempo que tarde nuestro bebé en ganar algo de independencia en el agua. Será una vez superado el miedo normal a lo desconocido, cuando el pequeño disfrutará de la ingravidez y del contacto físico con sus padres dentro del agua. Además, facilitarán su adaptación a este nuevo medio el hecho de que un bebé puede flotar, tiene la capacidad de cerrar la glotis automáticamente cuando nota agua en su garganta y no tiene miedo al agua de forma innata.

Cuándo empezar a enseñarles a nadar
Existe la falsa creencia de que los bebés, cuando nacen, ya saben nadar por el hecho de haberse gestado en el líquido amniótico. Incluso tiende a pensarse que la natación para bebés les convierte en personitas más inteligentes, cuando simplemente se trata de una actividad muy enriquecedora tanto para nuestros hijos como para nosotros. Pero no nos engañemos, un bebé de menos de seis meses no podrá nadar ni tener independencia en el agua. Y el motivo es bien fácil: un bebé tan pequeño no posee las destrezas necesarias para desenvolverse en el agua, porque su incipiente desarrollo motor y neurológico se lo impide, y no es capaz, por ejemplo, de sujetar la cabeza y mantenerla fuera del agua. Como mucho, un bebé de menos de seis meses podrá flotar en nuestros brazos, y será entre los seis meses y el año o el año y medio cuando nuestro hijo empiece a tener cierto control de su equilibrio dentro del agua, flotar boca arriba y boca abajo, e incluso desplazarse a partir de movimientos desordenados o zambullidas que le saquen a flote al mover sus manos y sus pies. Lo normal es que, a partir de los 18 meses, los nenes consigan una mínima independencia en el agua. Y será precisamente entre el año y medio y los dos años cuando empiecen a nadar de forma natural estilo perrito, controlando ya el agua que les entra en la boca y el salir a flote tras las zambullidas. Pero es a partir de los tres años cuando de verdad un niño empieza a nadar con independencia en el agua, controlando la respiración mientras nada o bucea.

Perder el miedo al agua
¿Cómo hacemos para empezar a enseñar a nuestros hijos a nadar? Lo más importante es que se familiaricen con el agua porque, esto es de lo más habitual, pueden sentir rechazo a entrar en la piscina o acercarse a la orilla del mar. Nunca tenemos que forzarles a meterse en el agua, si les invitamos a bañarse y no quieren, es mejor no obligarles, e intentarlo en otro momento en que tal vez sí quieran. Algunas buenas ideas para invitarles a descubrir el agua son hacer que vean cómo otros niños disfrutan dentro de la piscina o en el mar, tirar juguetes para que vean cómo flotan, chapotear o salpicaros en el borde de la piscina o en la orilla del mar. Si el niño nos ve disfrutar en el agua, perderá el miedo y se animará a meterse él también. Lo importante, como padres, será que motivemos a nuestro hijo, para que quiera descubrir el agua por sí mismo, sin que haya en ningún caso que obligarlo.

Nadar es divertido
Hemos de intentar siempre convertir el rato dentro del agua en una fiesta, en un gran juego. Antes de intentar que el bebe realice cualquier movimiento estando en el mar o en la piscina, es bueno que los padres le mostremos cómo nos movemos nosotros flotando, nadando o buceando, con risas y juegos, para que el bebe lo vea y tenga ganas de participar y desenvolverse dentro del agua. Así, entenderá esta actividad como algo divertido, como una manera más de disfrutar estando con mamá y papá.

No asustarles ni mostrar miedo
Estando en el agua, es esencial no transmitir miedo al bebé. Como padres, es natural que sintamos cierto recelo a que ocurra algún pequeño disgusto estando en el agua, como por ejemplo que el niño se escurra y meta la cabeza dentro de la piscina o trague agua. En momentos así, no hay que alarmarse ni mostrar miedo, es mejor reír y hacerlo nosotros también, porque si cuando pasa esto corremos a consolarle y abrazarle pensará que es algo malo y cogerá miedo.

Aprendiendo a flotar, sumergirse y nadar
Para enseñar a nuestros hijos a desenvolverse dentro del agua, será buena empezar probando a que el niño flote con nuestra ayuda, haciéndolo de espaldas y de manera frontal, siempre dejando al niño hacer, notando que el pequeño se sienta a gusto y disfrutando de la actividad dentro del agua. Si empezamos a hacer inmersiones, porque vemos que el nene ya tiene soltura y se va adaptando al agua, lo primero será enseñarle a cerrar la boca cuando le digamos y luego empezar a sumergirlo, poco a poco, y planteando siempre esta actividad como un juego.

Los flotadores y manguitos pueden ser de gran utilidad para que los más pequeños jueguen y pierdan miedo al agua, aunque no se usan como dispositivos para aprender a nadar. En las piscinas, sobre todo si son cubiertas y se realizan cursillos de natación para bebés y niños, podemos encontrar algunos materiales de apoyo como churros, tablas de corcho o cinturones de tablas, que sí suelen usarse para que los niños aprendan a nadar, y una vez el niño va cogiendo independencia en el agua y ya controle la respiración, se van retirando para que naden ellos solos por sí mismos. En este sentido, aunque lo ideal es que seamos los papás quienes enseñemos al bebé a nadar, y que su primera experiencia en el agua sea con nosotros, no hemos de descartar la opción de apuntarles a cursos de natación con técnicos deportivos o monitores de natación, ya que existen muchas opciones de clases de natación, desde clases para bebés a niños de todas las edades.

Como veis, enseñar a nadar a nuestros hijos es otra de esas grandes experiencias para vivir en familia, por eso, os invitamos a compartir con nosotros cómo ha sido la aventura de meter por primera vez a vuestro bebé en el mar o en la piscina, e incluso en el río o en un pantano, cómo ha respondido el pequeño a verse flotando en el agua, si os habéis divertido, a qué habéis jugado, si os habéis dado algún susto. Aquí en la zona de comentarios, os animamos a que nos expliquéis y compartáis con otros papás y mamás vuestras experiencias.

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