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Penelope Coronado

Los hijos nos cambian la vida. Aunque nos resistamos, o aunque no nos demos cuenta, esto es así. También nos cambian la casa. Al principio, durante sus primeros meses de vida, aparecen nuevos habitantes en nuestro hogar, ya sean el moisés, la hamaca, la mantita de actividades, el cojín de lactancia o la trona. Y es a partir de los 8 o 10 meses, momento en que el bebé despierta a la vida y siente la necesidad de tocarlo todo, la época en que ya gatea y se pone de pie ayudándose de los muebles que encuentra a su paso, cuando se hace necesario adaptar nuestra casa. El motivo: su seguridad, y porque sólo teniendo un hogar a prueba de niños conseguiremos facilitar al niño su autonomía.

Si los padres hacemos de nuestra casa un lugar libre de peligros, evitaremos sorpresas, disgustos, rabietas, y además y lo más importante, permitiremos al niño moverse con autonomía y facilitarle el experimentar, cosa esencial durante su primer año de vida.

El bebé explorador: la manera de aprender y descubrir el mundo

Desde que empieza a tomar noción del mundo que le rodea, el bebé, que ya gatea y se desplaza por sí mismo, quiere tocar y descubrir todo, y se sorprende con cada objeto que encuentra a su paso. Las manos son su primer contacto con los objetos, tanto para tocarlos o cogerlos como para llevárselos a la boca, chuparlos, babearlos o morderlos.

Experimentar es su manera de aprender, y explorar con libertad le ayudará en su desarrollo. Al manipular y explorar los objetos, el niño desarrolla su creatividad y construye sus primeras representaciones mentales de formas, color, tamaños, espacio y tiempo. En este artículo os hablábamos de lo importante que es que el bebé experimente.

Investigar y explorar de forma natural es una necesidad del bebé y no debe ser frustrada. No hay que coartar su necesidad de investigar, sólo asegurarnos de quitar todas las cosas peligrosas que pueda encontrar a su paso. Tomando las medidas de seguridad necesarias el niño puede estar a salvo de accidentes sin reprimir su curiosidad.

Ser tolerante con el desorden

Los niños y el desorden van juntos. Es inevitable. Pretender que no toquen nada es, además de una utopía, algo contraproducente. No es cuestión tampoco de que la casa sea un caos, porque esto nos causará a los padres cierta ansiedad. Se trata de ser tolerantes con el desorden. Y la mejor solución será ser muy prácticos. A los bebés, por ejemplo, les entusiasman los cajones, y más que las cosas que contienen, lo que les fascina es el hecho de sacar o meter cosas de ellos. Por eso, dejémosles enredar en los cajones, pero mejor que desordenen algo que sea luego fácil de ordenar.

Un clásico es dejarles vaciar los cajones con cacharros de cocina o tuppers de plástico mientras preparamos la cena. Ellos disfrutarán, dándonos además un ratito de margen para hacer cosas, y luego nos llevará muy poco tiempo volver a ponerlo todo en su sitio. La opción de no dejarles hacer nada para no tener que luego recoger nosotros no es viable con los niños. Serán ganas de buscar un conflicto, porque rondando el año, los niños ya saben perfectamente lo que quieren, y con nuestra negativa sólo conseguiremos un berrinche. Así que, a no ser que se trate de algo que realmente ponga en peligro al niño, la idea es dejarles explorar, porque no hay que coartar su necesidad de investigar.

Qué hay que mantener fuera del alcance y la vista de los niños

Ya sea porque cortan, porque queman o porque envenenan, en casa hay cosas que debemos mantener siempre alejadas de nuestros hijos. Existen topes y trabas que podemos comprar para que los productos de limpieza no lleguen a mano de los niños. Bastará con instalarlos en el mueble de debajo del fregadero o donde pongamos los productos de limpieza, para que su apertura quede bloqueada. En la cocina, también hay que evitar a toda costa que los cajones donde están los cuchillos queden al alcance de los niños. También hay que poner el botiquín con medicinas en un estante al que no lleguen las manos de los pequeños, por algo las medicinas siempre incluyen el texto “mantener fuera del alcance y la vista de los niños”.

Dos artefactos de la casa con los que hay que tener una gran precaución son el horno y la plancha. Si vuestro horno está instalado en un lugar alto, no hay problema. Si está colocado en una zona baja, asegura tu horno con un cierre de seguridad para electrodomésticos. Y la zona del horno, siempre mejor que no sea el lugar donde experimente el niño. Con la plancha, muchísimo cuidado, y simplemente no dejar que el bebé trastee mientras estamos planchando la ropa.

Sobre los enchufes, que suele haber una etapa en la que los bebés sienten gran atracción por ellos, pues hay que evitarlos. Existen inhabilitadores extraíbles, también se pueden cubrir, y otra manera de disuadir a los pequeños es taparlos o disimularlos con muebles de pocas dimensiones, una cortina o una silla. Si en nuestra casa hay escaleras será bueno colocar rejas adaptables o mallas protectoras tipo mosquitera. Así nos ahorraremos algún susto.

Ante todo, ser muy prácticos

Cuando nuestro bebé investigue y explore por toda la casa y nos demos cuenta de que sirve de poco hacerle cambiar de opinión, porque lo que él quiere es coger las cosas que ve por las estanterías, lo mejor será ser prácticos. Si su objetivo es abrir un cajón con ropa, con cinturones, con zapatos, con los cepillos del pelo, hay que dejarle trastear, y ser tolerante con el desorden que va a ocasionar.

Tener un bebé no significa necesariamente tener que quitar todo de en medio. Hay bebés que de hecho no se interesan por lo que hay en nuestras estanterías. Pero, por si acaso, esos objetos decorativos que pueden romperse o que para nosotros tienen un gran valor sentimental, como pueden resultar de su gusto y querrán tocarlos, mejor ponerlos en estantes altos fuera de su alcance. Y es que, cuando ya se ponen de pie y se apoyan en mesas y muebles, hay pocas cosas que se les resistan. Así que, podemos dejarles revolver nuestros libros, nuestros discos o películas, pero si hay alguno o algunos por los que sintamos gran afecto, pues mejor que no estén al alcance de sus manitas. Una solución si no queremos que los niños toquen nuestra amada colección es poner estanterías con mamparas de cristal.

Para que el bebé no estropee cosas valiosas o a las que tenemos cariño, antes es bueno asegurarse de quitarlas de esos cajones o estanterías con las que el bebé quiere investigar. Mejor evitar que se tope con nuestras gafas de sol favoritas o con nuestra cámara de fotos, porque las puede romper. El mando de la tele es otro de esos objetos por los que los bebés sienten gran afición. Por eso, como se trata de un objeto que si se rompe nos causa un cierto trastorno, mejor ponerle a mano algún mando a distancia que ya no se use y que si lo chupa o le da golpetazos no significará un problema.

Si por ejemplo estamos haciendo tareas de costura o de bricolaje en la casa, no dudes de que a tu bebé le va a llamar la atención. Nada más atractivo para ellos que los hilos de colores o un destornillador. De nuestra caja de herramientas va a ser difícil dejarle explorar con nada, quizás con la cinta de carrocero o la cinta americana, porque con un martillo o un alicate se va a hacer daño, pero no va a haber problema si curiosea en nuestro costurero y hemos quitado previamente agujas, alfileres y tijeras. Y lo que sí es importante cuando los bebés son pequeños y se llevan todo a la boca es eliminar de su alcance los objetos muy pequeños. El tarro de monedas, el cestito con horquillas y pinzas o gomas pequeñas para el pelo, todo eso mejor en lugares altos.

En cualquier caso, no hay que desesperar, porque esta fase de exploración acaba, y va a haber un momento, cuando el bebé ya se acerque a los dos añitos, en que su forma de experimentar con los objetos de la casa va a ser distinta. De momento, ya no chupará las cosas, cosa que van a agradecer nuestros libros, y si busca aquello que ve en las estanterías, será para jugar, ponerlo en fila, hacer una torre, mirarlo por dentro si es un libro, o un poco más adelante hacer juegos simbólicos o preguntar el por qué tiene ese color o esa forma. Y es que, como en todo lo relacionado con la crianza de los hijos, es cuestión de saber adaptarse a sus necesidades y a los cambios que experimenta, tener mucha paciencia y vivir cada etapa disfrutando y aprovechando cada uno de esos momentos únicos con nuestros hijos.

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