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En este segundo artículo sobre la lactancia materna vamos a tratar todos aquellos temas que preocupan a las mamás que quieren dar el pecho a su hijo o que tienen dudas al respecto. Y empezamos por el consejo más importante: si la madre está disfrutando con la lactancia y el niño también, si el momento de dar el pecho es un momento de calma y reposo, entonces es que la lactancia va bien. Y ahora, vamos al grano.

La posición es la clave del éxito
No hay que dudar de la capacidad innata del recién nacido para acercarse a nuestro pecho y succionarlo. Aún así, no está de más saber cuál es la posición correcta para dar el pecho, para ayudar a nuestro hijo a mamar correctamente. Lo primero: asegúrate que el bebé está contra a ti, pecho con pecho, al nivel de los senos, estando la boca de él y nuestro pecho alineados en el mismo eje. Con su boquita bien abierta y la lengua debajo, conviene acercar al niño al pecho, con su nariz a la altura del pezón, para que así este quede en la parte superior de la boca. Aunque no es necesario sujetar el pecho una vez el niño está mamando, le ofreceremos nuestro pecho, sosteniéndolo con la mano, y acercando la boquita del bebé hacia pezón y areola. Y es que, para succionar bien, el bebé debe abarcar tanto areola como pezón, y así exprimir ambos con la lengua.

La posición del resto del cuerpo es importante, pero secundaria. Lo esencial es que la boca esté en su sitio, y que el cuerpo del bebé esté pegado al cuerpo de la madre, de modo que el niño no tenga que girar la cabeza. Al cabo de unos meses, cuando la lactancia ya esté afianzada, y nosotras mucho más relajadas, notaremos que el bebé va a tener la habilidad de mamar en casi cualquier posición. Otro detalle importante: que la mamá esté cómoda. Si estamos cómodas, y tranquilas, dar el pecho será una experiencia grata. Podemos ayudarnos de un cojín específico de lactancia que nos permita estar cómodas y el bebé bien apoyado. Y un buen consejo: en vez de mover el pecho para llevarlo a donde está el niño, es mejor mover al niño y llevarlo donde está el pecho.

Una buena recomendación: vaciar el pecho en las tomas
La cantidad de grasa en la leche aumenta a la largo de la toma. La primera leche que sale del pecho es más líquida, y la que hay hacia la mitad y el final es más espesa y tiene un mayor contenido en grasa. Por eso resulta importante, sobre todo en sus primeras semanas de vida, vaciar el pecho, y una vez lo notemos vacío ofrecer el otro pecho, por si el bebé quiere seguir mamando. Como en muchos aspectos de la lactancia, una vez pasen los meses y ésta se asiente, dejaremos de preocuparnos por estas pequeñeces, porque estaremos más que seguras de que nuestro hijo se alimenta correctamente.

Sobre la “crisis” de los 3 meses
Hacia los 2 o 4 meses, los pechos, que antes se hinchaban y deshinchaban visiblemente antes y después de cada toma, ahora parece que no varían y están siempre igual. Además, ahora ya casi no gotea leche del pecho contrario al que amamanta, y el bebé está menos rato en el pecho. Al sentir los pechos blandos muchas mamás piensan que es señal de baja producción. Pero no es así. Porque algo que no todas las mamás saben es que estos son cambios normales. Lo que ocurre es que la lactancia se ha asentado, el pecho funciona a pleno rendimiento, y el bebé ya sabe mamar perfectamente y por eso lo hace cada vez más rápido. Así que no hay que asustarse ni pensar que la lactancia está fallado, sino todo lo contrario.

Dar el pecho no duele
Sin duda, la zona del pezón es muy sensible, y es normal que en los primeros días de dar el pecho sintamos cierta molestia. Pero esta situación debe ser temporal y nunca ha de suponer un dolor tan intenso que haga que la madre tema la lactancia. Si al dar el pecho sentimos mucho dolor significará que el bebé no está mamando bien. Cualquier dolor en los pezones que dure más de cinco o seis días no debe pasarse por alto. Las grietas son la consecuencia directa de una mala succión y agarre por parte del bebé, y se deben normalmente a que éste sólo coge el pezón al mamar, cuando debería mamar teniendo pezón y areola dentro de su boquita. ¿Qué hacer entonces? Por un lado, el mejor remedio para las grietas es limpiar la zona con un paño seco y suave, y después aplicar nuestra propia leche, que dejaremos secar al aire, ya que la leche contiene componentes antiinfecciosos y antiinflamatorios. Y por otro, lo esencial será corregir la postura del bebé, para ayudarle a que se agarre bien y succione correctamente. Porque si el bebé mama bien, no debe dolernos. Dejar de darle el pecho debe ser un último recurso.

¿Cómo saber que el bebé no mama bien?
Las grietas son, como decíamos, un síntoma de que algo no marcha bien. Además, otras consecuencias de que el bebé no esté mamando correctamente, son fáciles de percibir: que notemos sus mejillas hundidas porque al no succionar bien hace el vacío, que el bebé esté intranquilo, molesto e insatisfecho, porque se ha quedado con hambre, y que las tomas sean muy largas y excesivamente seguidas unas de otras. Y es que, cuando el bebé mama bien suelta el pecho espontáneamente al acabar, ya sea a los dos minutos o a los veinte, según su edad. Pero si el nene no mama bien no se soltará porque sigue teniendo hambre.

El mejor control de los resultados de la lactancia es observar al niño. Si está tranquilo, duerme bien, su estado nutritivo es bueno, si orina regularmente, y va ganando peso, entonces es que está alimentado correctamente y no pasa hambre. Y no debemos obsesionarnos con el peso: porque la ganancia de peso de un bebé no es regular, y por eso no es conveniente pesarle con mucha frecuencia, porque sólo servirá para volvernos locas, y llegar a conclusiones poco fiables.

Lactancia a demanda: lo más recomendable
Lo esencial de dar el pecho es olvidarse del reloj y dar el pecho en la posición adecuada. Los principales organismos en materia de alimentación infantil, tanto a escala nacional como internacional -como ejemplos, baste decir la OMS, UNICEF y la AEP o Asociación Española de Pediatría- recomiendan que la alimentación en los lactantes sea a demanda, es decir, tan frecuente como ellos pidan. No hay nada peor para un lactante que pautar las horas de sus comidas, ya que lo que este necesita es comer frecuentemente para crecer y evitar hipoglucemias.

Por eso, conviene no utilizar pautas estrictas ni horarios. Por supuesto que es importante saber cuándo hemos dado el pecho, porque no hay que dejar pasar demasiadas horas, pero eso no significa estar pendiente en ningún caso del reloj. Lo mejor será la lactancia a demanda: dar el pecho cuando el bebé lo pide, y no ser nosotros quienes establezcamos horarios estrictos. ¿Por qué? Porque las pautas rígidas interfieren en la relación natural que debe establecerse entre madre e hijo, porque interfieren en los ciclos naturales del hambre, porque nos producen ansiedad a las madres, siempre excesivamente preocupadas por cuánto come el bebé o si engorda o no, y porque cuanta mayor sea la frecuencia de las tomas, cuanto más succione el bebé, mayor será la producción de leche. Sobre esta ansiedad típica de las mamás, presionadas por los familiares y por la báscula, repetimos el principal consejo que ya os dimos: si de verdad queremos que la lactancia natural tenga éxito, hemos de evitar a toda costa los biberones. Porque los biberones son siempre los que provocan un abandono precoz de la la lactancia.

Sobre la alimentación de la madre
Por supuesto, la leche tiene que salir de algún sitio. Y lo que la madre come se trasforma en leche. Nos ocurre a las mamás que damos el pecho que sentimos unas ganas terribles de comer, y curiosamente muchas veces tenemos necesidad de dulce, y esto les pasa a mujeres que no son especialmente golosas. Es natural que nuestro cuerpo, cuando está desarrollando esta clase de trabajo, al igual que ocurría en el embarazo, exprese su necesidad de alimento con la sensación de hambre. Evidentemente, una mujer que da el pecho ha de comer, y va a tener ganas y necesidad de hacerlo. Pero, es más importante tomar una dieta sana y equilibrada a comer en exceso. Una dieta saludable que contenga verduras, frutas, cereales, legumbres y proteínas es todo lo que una madre necesita para nutrirse y producir leche. Y no será necesario tomar leche para fabricar más leche, simplemente se tratará de tener aportes de calcio, procedentes bien sea de lácteos, y no sólo la leche, también los quesos, yogures o mantequilla, o del calcio procedente de verduras, frutos secos, semillas o pescados. Y por supuesto, también necesitaremos ingerir mucho líquido. Pero no hay que obsesionarse, no se necesita seguir una dieta, ni contar calorías ni nada raro. Simplemente tendremos que comer cuando tengamos hambre, sin ideas preconcebidas.

Sobre los medicamentos
Existe un gran miedo a que los medicamentos que toma la madre causen problemas durante la lactancia. Y hay casos en que se nos recomienda destetar al niño si tenemos que realizar algún tratamiento. Son temores infundados. Y lo mejor va a ser informarnos correctamente. La Asociación Española de Pediatría, por ejemplo, publica en internet una lista de medicamentos y si son o no compatibles con la lactancia. Como ideas generales: si un medicamento se le puede dar al niño sin temor, también se le puede dar a la madre. Si se puede tomar sin peligro durante el embarazo, ese medicamento puede tomarse durante la lactancia. Si los efectos secundarios son leves, no va a suponer riesgos. Si no se absorbe por vía oral, no puede dañar al bebé, por ejemplo, los medicamentos de efecto tópico pueden usarse durante la lactancia. Y por último: cuando el bebé crece, los riesgos disminuyen. Y es que si la mamá está enferma, es una irresponsabilidad dejarla sin tratamiento sólo porque esté dando el pecho. Tanto la mamá como el bebé van a estar peor si la mamá no se cura.

Si tienes más dudas, problemas con la posición para amamantar, si te preocupan las grietas que te han salido o si crees que tu bebé no se ha agarrado correctamente al pecho, pregunta y pide consejo primero, antes de abandonar la lactancia. Puedes encontrar ayuda en tu centro de la salud, consulta a tu matrona, al pediatra, llama a grupos de apoyo a la lactancia, como la Liga de la leche, en ellos encontrarás información y apoyo. Y no podemos dejar de recomendarte un libro esencial que explica todo lo que hay que saber sobre la lactancia, es del pediatra Carlos González, y se llama Un regalo para toda la vida. Porque la lactancia es, además de la mejor forma de alimentar a tu hijo, un vínculo muy especial y único que viviremos con nuestro bebé. Y lo principal que hemos de saber es que la lactancia va bien cuando, además de engordar, el niño está feliz y su madre también.

Si te ha interesado este artículo, consulta el primero artículo sobre lactancia materna, en el que desmontábamos algunos mitos.

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