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Penelope Coronado

En nuestra vida diaria necesitamos desplazarnos, y desplazarse en una ciudad significa hacer frente al tráfico. El tráfico nos resulta algo cotidiano si vivimos en una ciudad y está presente en todo momento tanto si somos peatones, conductores o usuarios de cualquier tipo de transporte público. Aunque como adultos a veces no reparamos en ello, también los niños son personitas que circulan por nuestras calles. Ellos son peatones y son viajeros. Y debido a que aún no tienen bien desarrolladas capacidades como la percepción sensitiva, la psicomotricidad o el tomar decisiones frente a los problemas que les presenta el tráfico, siempre van a ir acompañados de un adulto. De forma más o menos trasversal, la educación vial se da a conocer a los niños en el ámbito escolar, sin embargo, es en el seno familiar donde empieza realmente la educación vial, y esta educación que llega de los padres será además la más importante, por dos razones bien sencillas: porque será la primera toma de contacto de los niños con su entorno y sus características, ya que se hace precisa antes de la escolarización, y porque serán justamente los padres los modelos a seguir por los hijos en cuanto a comportamiento vial se refiere. Como padres, tenemos entonces la responsabilidad de guiar a nuestros hijos con seguridad por la vía pública, dándoles pautas y conocimientos básicos sobre el funcionamiento del tráfico, desde el cariño, la comunicación y el diálogo, y, por supuesto, ser su ejemplo a seguir.

 

Comportamiento de los adultos en la vía, un modelo a seguir

Desgraciadamente los niños, tanto dentro como fuera del vehículo, son seres muy frágiles. Por eso, de alguna manera, la educación vial en su conjunto es una tarea de todos. Y es que, en general los adultos deberíamos pensar un poco más en respetar los semáforos y las señales de tráfico, porque puede ocurrir que la persona que está a nuestro lado, esperando para poder cruzar la calle con un pequeño de la mano, está educándolo. Los padres, y en general los adultos, somos los referentes principales de los niños, ellos nos imitan, somos sus primeros modelos. Por eso, para una educación vial natural y efectiva, es imprescindible ser conscientes de que nuestras conductas, actitudes e incluso comentarios en una situación de tráfico pueden formar o deformar la conducta de los más pequeños, que están a nuestro lado, observándonos. Como ejemplos prácticos, el papá que afirma ponerse el cinturón de seguridad sólo para evitar una multa, en lugar de comentar que lo hace para no sufrir daños en caso de un accidente. O el que se molesta en explicar a su hijo que sólo se cruza cuando el semáforo está en verde, y éste descubre que ninguno del resto de peatones lo respeta salvo ellos. En este sentido, en nuestro país aún tenemos mucho que aprender, ya que en en lugares como Alemania cualquier peatón te increpa si cruzas en rojo y hay un niño cerca.

 

Con el tráfico, los niños están en desventaja

Parece una obviedad, pero la pequeña estatura de un niño limita su campo visual y aumenta el número de obstáculos visuales. Y esta no es la única desventaja de un niño frente a la avalancha que supone el tráfico rodado. Además, su ángulo de visión a los 6 años es de 110º, frente a los 180º de los adultos. Tampoco controlan la atención hasta los 5 años, y es a partir de los 6 ó 7 años cuando pueden localizar elementos significativos de la vía como un bordillo, un semáforo o un paso de cebra. Conceptos como velocidad, espacio y tiempo tardan en desarrollarse, y no es hasta aproximadamente los 13 años cuando su estimación de distancias es fiable. También la toma de decisiones es distinta en los niños, ellos necesitan más tiempo que los adultos para procesar la información del tráfico, y es ya a los 12 ó 13 años cuando adquieren al completo hábitos basados en la prudencia, anticipación y precaución. Y es que estamos hablando de niños. Para ellos, el hecho de cruzar la calle no es algo tan sencillo como lo es para nosotros los adultos.

 

Cruzar la calle, caminar por la calle

Explicar a un niño en qué consiste cruzar la calle tiene su complicación. No basta con decir: “mira, se cruza por estas líneas blancas cuando el semáforo está verde, y si está rojo tienes que esperar”.
La realidad no es tan sencilla porque entran en juego múltiples variables como cruces sin semáforo o conductas incorrectas, ya que como decía los malos ejemplos de otros adultos juegan en contra de nuestros consejos. Aprovechar los paseos a pie con nuestros hijos es una buena oportunidad para enseñarles todo lo que debemos observar mientras hacemos uso de la acera. Para empezar, deben entender muy bien la diferencia entre la acera y la calzada, y que por la acera van caminando las personas, y por la calzada circulan los coches, motos y autobuses. También explicarles que la calle no es como el parque, porque en la acera hay otras personas que caminan, y no se puede caminar por la calzada porque es el lugar para los coches y no para los peatones. Son otros buenos consejos, cuando caminamos con nuestros hijos, ir siempre por el lado de la acera más alejado de la calzada, mirar bien a izquierda y derecha antes de cruzar y llevarles cogidos de la mano, porque el niño estará más seguro y porque así le involucramos en nuestra manera de observar lo que sucede a nuestro alrededor, con un suave gesto con la mano.

 

¿En qué aspectos educar y hacer hincapié?

Enseñar al niño a cruzar los semáforos cuando están en verde, cruzar siempre por los pasos de peatones, con tranquilidad, mirando a un lado y otro, enseñar al niño a caminar siempre por la acera, prestando atención a las entradas y salidas de coches de los garajes, distinguir los sitios cerrados sin tráfico y seguros para jugar, las calles peatonales de las nos peatonales… Serán las principales enseñanzas que demos a nuestros hijos sobre educación vial. También será nuestro cometido enseñarles cómo es el entorno en que vivimos, nuestro barrio, nuestra localidad, cómo son sus calles, su tráfico, o cómo serán nuestros desplazamientos más habituales por la ciudad. Los objetivos serán saber caminar por la acera, cruzar de forma segura, saber diferenciar cuáles son los comportamientos seguros y cuáles los imprudentes, y más adelante conocer y manejar con seguridad elementos mecánicos como la bicicleta, el triciclo y los patines.

 

Y sobre todo, educar en familia

Ante todo, lo importante para explicar cómo comportarse ante el tráfico será educar en familia, fomentando valores y normas, la comunicación y el diálogo, transmitiendo seguridad y cariño, haciendo que ellos participen, en un clima de apertura pero con límites claros. Porque los niños tienen gran capacidad de aprendizaje, un gran deseo de saber, conocer y aprender.
Con estos ingredientes la educación vial no es compleja. Además, con el tiempo se irán independizando, y aunque cuando son pequeños necesitarán todavía de nuestra ayuda y contar con nuestros reflejos para controlar sus movimientos, más adelante, cogerán confianza y llevarán a la práctica todo lo que han ido captando de nuestras explicaciones. De ahí, la importancia de saber transmitirle buenos consejos y ser para ellos un ejemplo a seguir.

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