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Existen numerosas dietas, infografías e información de internet que relacionan el color de los alimentos con presuntas propiedades de salud. Esta relación que se nos vende desde estos sitios web, a pesar de las sensaciones que nos pueda dar en un principio es muy poco precisa y documentada.

Mucha de esta desinformación que circula por la red afirma cosas parecidas a:

  • “Los alimentos blancos apoyan el sistema inmune”
  • “Los alimentos verdes detoxifican”
  • “Los alimentos amarillos mejor tu aspecto físico”
  • “Los alimentos naranjas previenen el cáncer”
  • “Los alimentos rojos son saludables para el corazón”
  • “Los alimentos violetas dan longevidad”

Obviamente, podemos relacionar el color rojo de fresas, frambuesas, cerezas, ciruelas… con algunas de sus características. Pero nadie en su sano juicio diría que tienen propiedades parecidas a un filete de ternera por el hecho de ser rojos..

Al igual que es comprensible que poco tienen que ver el blanco de la harina con el de la leche, el amarillo del maíz con el de la piña, o el naranja de un langostino con el de una mandarina…

Para que se entienda mejor, las propiedades de un alimento no dependen de su color. Algunas moléculas con color permiten identificar o relacionar alimentos con propiedades parecidas. Buenos ejemplos son la clorofila (pigmento verde en plantas) o la mioglobina (pigmento rojo en carnes). Podemos estar de acuerdo, y entender fácilmente el hecho de que los diferentes vegetales tienen propiedades parecidas y que las carnes también. Sin embargo, generalizar con propiedades y color de los alimentos es un paso demasiado arriesgado y poco riguroso, tal y como hemos visto en los ejemplos anteriores.

 

El color como variedad.

Aún así, el color se puede usar indirectamente para evaluar la variedad de la dieta.

Obviamente, la variedad en la dieta no es sinónimo de saludable; pero por lo general las dietas monótonas son más susceptibles de ser menos saludables. Esta consecuencia es lógica, ya que si nos alimentamos de 15 alimentos diferentes en lugar de 30, tendremos más posibilidades de tener un déficit de algún nutriente, o de estar excediéndonos con algún alimento.

Aún así, el color por sí solo nunca puede ser indicador fiable como tal, ya que dependerá del alimento que pongamos en el plato:

Un plato con 3 colores diferentes puede ser una ensalada con tomate, maíz y judías blancas; parece ser un plato coherente e interesante. Pero por la regla de los colores podría ser también por patatas fritas, carne, mahonesa. No es necesario remarcar que la primera opción es mucho más saludable que la segunda.

Entendiéndolo de esta manera, también la “forma” o el “origen” podrían ser indicadores de variedad; pero siguiendo la misma argumentación que con el color, nunca garantizarían por sí solos la calidad de una dieta.

Esta falsa idea de color y salud, podría ser usada para desinformar a las personas e intentar prometernos propiedades y resultados insostenibles. Un ejemplo es el que trata esta entrada: “Inventa tu propia estafa alimentaria: Los nutriolos”. En él, explico cómo una empresa podría comercializar un producto con ingredientes de muy diferentes colores, proporcionándonos muy diversas propiedades, y todo ello basado en un argumento falaz, sosteniendo que “es muy complicado hacerlo en el día a día”.

 

Otros aspectos del color y la alimentación.

El color se ha usado también como reclamo en educación alimentaria. Animando a los niños a consumir más diversidad de alimentos con esta técnica.

El color puede ser útil para usarlo en dinámicas de aprendizaje, juegos, recetas… convirtiendo los platos en más atractivos y el proceso de cocinar y preparar en un reto y algo más ameno para los más pequeños.

Tradicionalmente ha habido además mucha controversia con la relación entre hiperactividad y colorantes artificiales. Algunos estudios como este o este, han indicado que los aditivos colorantes podían producir hiperactividad. Sin embargo, recientemente la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria re-evaluó la seguridad de estos colorantes, eso sí, bajando las cantidades diarias admitidas para algunos de ellos.

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