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Natalia Berger

Los felinos, con su instinto cazador, y los revoltosos pájaros nunca se han llevado bien, ni siquiera en la ficción. Recordemos todas esas interminables batallas entre Piolín y Silvestre… ¡Me pareció ver un lindo gatito!

Por eso resulta enternecedora la historia de Fum i Gebra, un gato y una lechuza que, a fuerza de pasear juntos por el campo siguiendo a su dueño, empezaron a jugar y se convirtieron en amigos inseparables, compartiendo juegos, bromas y hasta momentos de ternura. Aunque, dicen, la pasión compartida por la caza de ratones también ayudó a crear lazos ;-)

Fum y Gebra son la auténtica prueba de que la amistad está por encima de razas, especies y hasta por encima de las cosas más fuertes, como puede ser el instinto animal. ¡Una ternura verles jugar!

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