vitaminas


Aitor Sanchez

Cuando hablamos de que una Dieta es Equilibrada, no nos referimos únicamente a que nos debe aportar una cantidad concreta de energía, también tiene que poseer todos los nutrientes que nos permitan estar sanos y prevenir enfermedades.

Dentro de todos los nutrientes que podemos encontrar en nuestra Dieta, podemos clasificarlos en dos grupos:

-Nutrientes esenciales (Son aquellos que nuestro cuerpo no puede sintetizar, y que por tanto tendremos que incorporar a través de nuestra dieta. Corresponden a la gran mayoría)

-Nutrientes no esenciales. (Aquellos que nuestro cuerpo puede sintetizar a partir de otros. Es el caso por ejemplo de la Vitamina D, que podemos sintetizar mediante la exposición de nuestra piel al sol).

Por este motivo, si no incorporamos con nuestra alimentación todos nuestros nutrientes esenciales, corremos el riesgo de sufrir enfermedades carenciales. Este tipo de enfermedades se refieren casi siempre al déficit de Vitaminas o Minerales, que son nutrientes que hay que ingerir en poca cantidad (solamente miligramos o microgramos) pero que cumplen funciones esenciales.

Es a mitad del siglo XX cuando se empiezan a observar estas funciones esenciales, viendo claramente cómo algunas enfermedades carenciales se deben a estas vitaminas presentes en alimentos y se las bautiza con ese término “Vita-amina” que quiere decir “Amina vital”.

 

¿Más es mejor?

Como ya vimos en la entrada de ¿Cómo influye la nutrición en la salud capilar? Es posible que tengamos problemas de salud o enfermedades carenciales si tenemos un déficit de algún nutriente, pero eso no implica que si tomamos más de ese nutriente, estando ya sanos, va a mejorar nuestro aspecto o salud.

Un ejemplo es el de los piratas y el escorbuto: si no se toma Vitamina C se sufre un estado de desnutrición que afecta a las encías. Pero eso no quiere decir que consumir más fruta de la cuenta va a fortalecer nuestro dientes.

De hecho hay algunas vitaminas que tienen función antioxidante (nos defienden de los radicales libres de nuestro cuerpo) que si son tomadas en exceso, dejan de protegernos y llegan a ejercer una función pro-oxidante.

Si queréis ampliar la información sobre por qué no más vitaminas es siempre mejor, os recomendamos que volváis a leer nuestro post “Vitaminas sí, en su justa medida”.

 

Algunas enfermedades carenciales por vitaminas y sus síntomas

Es importante señalar que esta sintomatología no se desarrolla igual en todas las personas, por lo que es solamente informativa. No debemos nunca auto-diagnosticarnos una deficiencia ya que no es fácil identificarlas y muchos de los signos o síntomas pueden aparecer por muy diversos motivos.

Escorbuto: (Déficit de Vitamina C). Las personas que la sufren suelen tener cansancio, debilidad, encías inflamadas que sangran, hemorragias, sangrados, malas cicatrizaciones, aumento de las infecciones.

Beri-Beri: (Déficit de Vitamina B1). Cansancio, anorexia, debilidad, daño neurológico. Son grupos de riesgo las personas con alcoholemias, anorexia o poblaciones que consumen solamente cereales refinados.

Déficit de B2: Dolor y quemazón en labios, boca y lengua. Lengua púrpura. A veces con alteraciones oculares. Dermatitis en los pliegues de los labios.

Pelagra: (Déficit de B3). Demencia (delirios, alucinaciones), dermatitis en las zonas expuestas a la luz, diarrea y vómitos.

Déficit Ácido Fólico (B9): Anemia megaloblástica en adultos. Su déficit provoca defectos en el tubo neural de futuros niños, como Anencefalia y Espina Bífida.

Déficit Vitamina B12: Anemia macrocítica. Neuropatía. Aterosclerosis. Es población de riesgo los vegetarianos estrictos (veganos).

Déficit Vitamina A: Ceguera nocturna. Alteraciones del desarrollo embrionario, reproductivo. Alteraciones óseas (huesos cortos). Queratización de membranas y mucosas.

Déficit Vitamina D: Raquitismo en niños y osteomalacia en adultos (reblandecimiento huesos).

Déficit de Vitamina E: Anemia y muerte súbita en niños prematuros. Neuropatías, alteraciones en los glóbulos rojos, fallos en funciones reproductivas.

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