Azúcar vs grasas

Es una creencia tremendamente arraigada en nuestra sociedad  que las grasas engordan, esta es una asociación que durante años se nos ha inculcado y que ha calado a fuego en muchas generaciones a nuestro alrededor. Los motivos parecen lógicos en principio: Comemos grasa igual a almacenamos grasa. Pero en nuestro cuerpo humano las explicaciones no son tan sencillas como parecen. Vemos como el azúcar gana la batalla a las grasas.

¿Cómo y por qué sintetizamos grasa?

Nuestro cuerpo almacena energía en forma de grasa cuando tenemos una ingesta excesiva, es una manera de guardar reservas y buscar objetivos de supervivencia a largo plazo. Curiosamente, lo que en otros tiempos era un proceso de “seguridad” que buscaba abastecer nuestra “despensa” corporal, en el siglo XX y XXI se ha convertido en un arma de doble filo, ya que el exceso de almacenamiento de grasa es el que da lugar a numerosas muertes por enfermedades cardiovasculares y cánceres relacionados. Un paso que es imprescindible entender es que nuestro cuerpo no fabrica grasa únicamente a partir de la grasa dietética, también lo puede hacer a través de otros nutrientes energéticos, por lo que si nuestra dieta es excesiva, transformaremos grasa a partir de los hidratos de carbono y de la proteína.

No respondemos igual a todos los nutrientes

Una de las cosas que puso a la grasa en el punto de mira es su gran aporte calórico. Mientras que la proteína y los hidratos de carbono nos proporcionan 4kcal/g, las grasas y aceites son mucho más energéticos, llegando a aportar 9kcal/g. Es por ello, que los enfoques dietéticos antiguos se centraban en reducir las kcalorías para adelgazar, y eso conllevó a criminalizar a la grasa y considerarla un objetivo primordial a la hora de adelgazar. Desgraciadamente, no se tuvieron en cuenta otros aspectos, como puede ser la capacidad saciante de los alimentos, o el placer que nos proporcionan. La gente empezó a seguir dietas bajas en grasa muy difíciles de mantener, porque por un lado eran poco saciantes (llenaban poco y la gente sentía hambre), y por el otro eran dietas sin sabor poco sabrosas y agradecidas, lo que hacía muy difícil seguirlas en el tiempo.

Hoy sabemos que estos dos factores: saciedad y adherencia, son cruciales a la hora de seguir una dieta de adelgazamiento. Hoy por fin hemos podido acumular muchos más datos de los efectos de distintos tipos de dietas, y vemos estudios como este, que muestran que las dietas bajas en grasa son una mala opción para perder peso. Pero ya no solo eso, tampoco son una buena idea para mejorar marcadores cardiovasculares como el colesterol o triglicéridos, ya que este cambio se consigue a base de mejorar la calidad de la grasa que comemos, no reduciéndola.

¿Dónde parece estar entonces el problema?

Todo apunta a aquellos alimentos que no cumplen las características propias de un alimento saludable. Aquellos que se asocian con un sobrepeso más claramente son:

-Alimentos con alta densidad energética (muchas kcalorías por unidad de peso)

-Poco saciantes

-Pocos nutrientes asociados

-Con ausencia de fibra o proteína en su estructura

Por ponerle cara a los culpables, hablamos de los dulces, de la bollería, de los refrescos, del alcohol… Estos son los alimentos que deberíamos evitar en nuestra dieta. No pasa nada si un alimento es rico en grasa pero tiene otras características nutricionales interesantes como el aguacate, el coco, los frutos secos, el huevo, los pescados azules… Son alimentos saludables, ya que aportan una gran cantidad de interés nutricional. Nada que ver las con calorías vacías de los ultraprocesados.

La próxima vez tendremos que tener mucho más cuidado a la hora de culpabilizar a un alimento. A día de hoy podemos decir que las grasas no se merecían el mal trato recibido en los 80 y los 90. Hoy, es el consumo de azúcar la verdadera amenaza para la obesidad, y una prioridad para la salud pública.

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