Guía para comer bien en el colegio

En una dieta equilibrada es fundamental el papel del comedor escolar, siendo un vector de transmisión de hábitos alimentarios muy importante (o al menos, debería serlo). Uno de los iconos que más ha trabajado en este área ha sido el cocinero inglés Jaime Oliver, encabezando una revolución para cambiar muchos factores que afectan a niños y adolescentes y creando diversos materiales además de pautas para ayudar a una alimentación más saludable. Desde Naturarla recuperamos algunos consejos para que se puedan aplicar desde todos los comedores escolares. Tanto los padres como los profesores tendrían que reclamar algunos de los aspectos que consideren más importantes para la educación de los niños.

Un comedor no es un abrevadero:

Desgraciadamente no todos los comedores cuentan con un clima agradable en la alimentación de los pequeños. Demasiado ruido, presión para comer, prisas por distintos turnos de comensales… Un buen comedor debería convertir esta hora en un momento agradable. Por supuesto, todo tipo de conflictos, gritos o estrategias para obligar a comer deben ser descartados por parte de los monitores. Estas acciones no son para nada pedagógicas, y no constituyen el ambiente idóneo para inculcar unos buenos hábitos alimentarios.

Intentemos que se parezca a la realidad

Niños sentados con una bandeja metálica que separa la comida en compartimentos: Primer plato, segundo, guarnición, postre y agua, todo ello servido a la vez. No es precisamente la simulación más real de lo que es el proceso de alimentarnos. Un buen comedor debería involucrar a los chavales en distintas fases de la alimentación, no simplemente como el final de un restaurante o un supermercado. Hay opciones geniales para hacerlos partícipes, desde la adquisición del producto (que los niños participen en la compra), o incluso desde su cultivo con distintos huertos en centros educativos. Poner la mesa, recoger e incluso fregar los platos son fantásticas maneras de concienciar sobre lo que es un comedor, valorando así el esfuerzo que conlleva y siendo consciente de los residuos que se generan.  Al fin y al cabo, sigue siendo una actividad educativa.

Un menú saludable y coherente

No tiene sentido exponer en clase temas y sesiones sobre los derechos humanos, sostenibilidad, salud… y luego no aplicarse el cuento. El menú debe cumplir estas premisas para que esté alineado con los valores educativos que queramos inculcar a nuestras futuras generaciones. Muchos menús a día de hoy no cumplen los estándares saludables que deberíamos perseguir. Se prima lo “fácil y barato”: aquellos platos que no suelen ser problemáticos para los chavales y que desgraciadamente no son muy nutritivos. Cada vez más, los comedores escolares se han convertido en un simple eslabón de la cadena, siendo en algunos casos las simples mesas que sirven comida preparada de un catering.

Cada vez son más los comedores que cumplen estas premisas y crean una experiencia agradable y educativa alrededor de la comida. Desde aquí, un reconocimiento a todos esos centros que contemplan la alimentación como un todo, y no como una simple pausa para nutrir. ¡Gracias por seguir educando durante el comedor escolar!