ducha saludable


La ducha es algo que forma parte de nuestra rutina y de nuestras costumbres de higiene. Lo que muchos pasamos por alto es que la ducha puede ser mucho más que eso: una buena ducha puede ser equivalente a una sesión de masaje, a una buena crema de farmacia, a una terapia anti-estrés, a unas pastillas para dormir mejor… Por eso hoy en “Feliz como una perdiz” tratamos este tema ya que es muy fácil para cualquiera aprender a sacar lo mejor de esta parte de nuestra rutina.

La ducha de agua caliente: el agua caliente dilata los vasos sanguíneos y relaja los músculos. Una ducha a buena temperatura alivia los dolores reumáticos, un masaje con fuertes chorros de agua bien caliente sobre las zonas doloridas servirá para relajar las tensiones e incluso para ayudarnos en ejercicios como estiramientos u otros ejercicios de recuperación en lesiones. Por otro lado, el agua caliente actúa como sedante para nuestro organismo: después de un duro día de trabajo, nada como una ducha de agua caliente para liberar la tensión acumulada y facilitar el sueño.

La ducha de agua fría: A menudo se dice que es mejor ducharse con agua fría. El agua fría contrae los vasos sanguíneos y estimula la circulación, por lo que es muy eficaz para eliminar el cansancio físico y psíquico. Es muy utilizada en tratamientos de belleza ya que tiene efectos muy positivos sobre la piel y sobre el cuero cabelludo y ayuda a luchar contra la retención de líquidos y sus antiestéticos efectos. El agua fría estimula también la producción de glóbulos blancos, reforzando el sistema inmunitario. Las duchas de agua fría se emplean también para rebajar la temperatura corporal en verano o después de una sesión intensiva de deporte, aunque en estos casos es importante empezar con agua tibia, para ir disminuyendo la temperatura progresivamente y evitar un cambio de temperatura demasiado brusco.

La ducha escocesa: La ducha escocesa alterna el agua fría y la caliente y tiene efectos muy positivos en cuerpo y mente. La combinación de temperaturas mejora el riego sanguíneo y estimula el sistema nervioso. Tonifica la piel, reforzando la capa superior y favoreciendo la desaparición de células muertas, elimina la pesadez y el cansancio y mejora el estado de ánimo, disminuye el estrés, elimina el dolor de cabeza, fortalece los huesos, ayuda a luchar contra la grasa acumulada, las varices y el resto de problemas derivados de la retención de líquidos y nos hace más resistentes frente a los cambios de temperatura. ¡Casi nada!. La ducha escocesa debe durar unos 5 minutos, aplicando el agua fría desde los pies y de forma ascendente, en movimientos circulares.

Los estiramientos en la ducha: Este truco, muy socorrido entre los deportistas, puede servir para curar lesiones o para prevenirlas pero también sirve para recargar nuestro cuerpo de energía. Mediante los estiramientos eliminamos las tensiones de los músculos, reactivamos la circulación y mejoramos el estado de las articulaciones. Realizar tus ejercicios de estiramiento bajo el agua, combinado con agua caliente para relajar los músculos, y terminar con un buen chorro de agua fría, puede ser una estupenda forma de cargar las pilas y empezar el día con buen humor.

Otros estímulos: En el mercado existen todo tipo de productos para mejorar la experiencia de la ducha: luces blancas o de colores para combinar el efecto del agua con cromoterapia y otras terapias de luz, cabezales que regulan la presión, filtros de carbón activo para eliminar las impurezas del agua, imanes para tratamientos de agua magnetizada, cabezales con música… Y algo que nos gusta mucho: presurizadores que funcionan con aire, para aumentar la presión sin aumentar el consumo de agua. También en el sector de la cosmética se ha trabajado mucho en mejorar la experiencia bajo el agua: aromaterapia, aceites esenciales, jabones de todo tipo… Pero si hay algo que no debe faltar en una ducha es un guante de crin: exfolia la piel y la masajea, produciendo un efecto exfoliante, drenante y reafirmante.

El tiempo en la ducha: Grandes ideas revolucionarias y legendarios discursos han nacido bajo los chorros de agua de la ducha. Otros sacan, en contacto con el líquido elemento, su faceta más musical y otros se limitan a soñar despiertos mientras observan los chorros caer por la mampara y disfrutan de la agradable sensación del agua en la piel. Parte del efecto terapéutico de la ducha es la evasión que suponen esos minutos y saber disfrutar de ellos es importante. Eso sí, que eso no suponga excederse en el tiempo de ducha: 5-10 minutos son más que suficientes para sentirnos renovados. El gasto en agua y en energía (cuando la ducha es de agua caliente) durante la ducha es mucho más elevado de lo que creemos.

Como veis, la ducha, además de limpiarnos puede ser un medio sencillo y económico de cuidarnos, controlar algunos padecimientos leves y apostar por el bienestar general. Una vez más se demuestra que en los pequeños gestos, como cuidar la forma en la que nos duchamos, reside el secreto de una vida saludable.

 

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