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El aroma y la belleza de un naranjo en flor nos cautivan, igual que han cautivado a cientos de poetas a lo largo de los siglos. El aroma dulce y delicado del azahar, esos frutos como soles y las flores estrelladas, otorgan a los paisajes y a las ciudades un carácter muy particular. A pesar de no ser una especie autóctona, hoy el azahar es un símbolo del mediterráneo.

La flor de azahar no sólo es la flor del naranjo, sino la de todos los cítricos en general. Su nombre proviene de la lengua árabe, en cuya variante clásica az-zahr significaba flor. Para los árabes esta flor representa la pureza, la inocencia, la castidad y por eso es costumbre que las novias la lleven en su ramo al contraer matrimonio. Un hábito heredado en occidente al importarlo los Cruzados como bagaje cultural tras su estancia en países del Medio Oriente durante la Guerra Santa.

Desde un punto de vista histórico también cabe destacar la ciudad de Medina Azahara o Medinat al-Zahra, una ciudad palatina que mandó edificar Abderramán III  a unos 8 km de Córdoba. El nombre, según la leyenda, hace honor a una mujer (al-Zahra) aunque su nombre también puede traducirse como “Ciudad de las flores” o “Ciudad resplandeciente”. Esta ciudad llamada “la Versalles de la Edad Media” fue extremadamente hermosa y monumental pero tuvo una existencia corta, ya que el Califato de Córdoba cayó unos años más tarde y la ciudad quedó a merced de los saqueadores. Los restos arqueológicos de Medina Azahara son considerados Bien de Interés Cultural.

Volviendo a la flor de azahar, sus aguas florales, ricas en beneficios, se han considerado un compañero valioso para todas las familias: acoge a los huéspedes con su perfume luminoso, suaviza la piel y promete noches de sueño tranquilo. En la medicina popular se ha usado para  aliviar dolores menstruales, cólicos, dolores de cabeza, desmayos, ansiedad e insomnio.  Hoy sabemos que esta flor es rica en hesperidina, un flavonoide que le confiere propiedades calmantes.

También se puede consumir extrayendo sus aceites esenciales. Conocido entonces como aceite de Nerolí, se utiliza en cosmética como tónico facial, desmaquillante y perfume. El origen de este nombre lo encontramos en la princesa de Nerola, una mujer adelantada a su tiempo que amaba todas las cosas bellas y que era famosa por su fragante aura de flor de azahar.

El agua de azahar también ha echado raíces en nuestra gastronomía, especialmente en repostería. Este aromatizante natural es imprescindible en recetas clásicas como el roscón de reyes, entre otras.

Por último, esta mágica flor ha protagonizado cientos de poemas, canciones y leyendas. A menudo la encontramos como indicador de pureza, candor o virginidad, aunque es también habitual encontrar esta flor unida a sentimientos como el patriotismo o la nostalgia en el exilio.

Por todos esos motivos, en este mes de los cítricos, hemos querido rendir nuestro pequeño homenaje a esta flor tan especial, cuyo olor nos transporta a una dulce primavera.

 

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