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Penelope Coronado

No cabe duda que las empresas desempeñan un papel clave en la sociedad. Pero su cometido no debe estar solamente restringido a la creación de riqueza y empleo. En el mundo globalizado en el que vivimos es necesario que las empresas, especialmente las grandes corporaciones multinacionales, pongan en práctica unas normas de conducta empresarial, para así minimizar los impactos sociales y medioambientales que su actividad económica conlleva a lo largo y ancho del planeta. Es lo que se denomina como Responsabilidad Social Corporativa (RSC), y que se basa en los criterios éticos que una empresa decide tomar en materias tan importantes como sostenibilidad, condiciones laborales de los trabajadores o impacto social y medioambiental. Vamos a conocer un poco mejor en qué consiste esta clase de responsabilidad y cuáles son sus claves y características.

¿Qué es la RSC?

Se trata de una responsabilidad, de carácter ético, que la empresa asume ante la sociedad, bien porque lo exige la ley, porque forman parte de su función, o porque la organización decide asumirlo voluntariamente. Cada vez son más las empresas que desarrollan políticas de responsabilidad social, mediante las cuales se potencian acciones sociales, estatutarias o medioambientales, más allá de lo que pueda suponer su cuenta anual de resultados. Y todo con el objetivo de que las actividades de las empresas y corporaciones tengan repercusiones positivas sobre la sociedad.

La RSC en la práctica

Desde un punto de vista práctico es cada empresa la que decide desarrollar sus respectivos programas de responsabilidad social. Aunque se trata de una clase de normativas no tipificadas por el ordenamiento jurídico, sí existe una fuerza vinculante que procede de la convicción social de que su incumplimiento por parte de las empresas supone la infracción de una norma moral.

Entre las las principales responsabilidades éticas que una empresa puede contraer con sus trabajadores y con la sociedad están las de respetar el medio ambiente evitando en lo posible cualquier tipo de contaminación minimizando la generación de residuos y racionalizando el uso de los recursos naturales y energéticos, procurar la sostenibilidad de las producciones, establecer pautas para la eficiencia energética de la empresa, el correcto uso del agua, supervisión de la adecuación de la cadena de suministro, mejorar las posibilidades y oportunidades de la comunidad donde se establece la empresa y tener en cuenta los efectos sobre las comunidades y los entornos en los que está presente, supervisar las condiciones laborales y de salud de los trabajadores teniendo en cuenta las necesidades y aspiraciones de los empleados, la ética relativa a las relaciones con los proveedores, iniciativas que fomenten la participación de los accionistas y mantener la ética empresarial implicando a los empleados.

Hacia un comportamiento más ético

Desde un punto de vista moral, es evidente que las empresas tienen un importante papel que jugar en la sociedad, y es que su relevancia es capital debido al impacto social y medioambiental que tienen sus actuaciones. No es moral, por ejemplo, malgastar los recursos naturales, deforestar, contaminar y degradar la tierra y el entorno natural con fines puramente lucrativos. De ahí la importancia de que en el panorama internacional se produzcan diferentes iniciativas, códigos o normas con el objetivo de promover un comportamiento de las empresas más ético, sostenible y respetuoso con la sociedad y el medioambiente. La mayoría de estas recomendaciones, de carácter voluntario, pretenden animar al desarrollo de políticas y estrategias empresariales que incorporen estos criterios argumentando su necesidad desde diferentes puntos de vista: morales, económicos y sociales.

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