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Dar el pecho a tu bebé es, además de la experiencia más bella que una mujer puede tener como madre, la mejor forma de alimentar y criar a nuestro hijo. Elegir la lactancia materna para nuestro hijo recién nacido va a ser la forma más natural de alimentarlo, la que sin duda más nutrientes va a garantizarle, y la que más defensas naturales y anticuerpos le proporcionará, haciéndole más saludable y protegiéndole de enfermedades y alergias. Además, no hay que olvidar la importancia del vínculo emocional que establecemos madre e hijo al amamantar de forma natural, una experiencia intensa y de gran satisfacción para ambos. La leche materna tiene además la temperatura y condiciones higiénicas perfectas, y se adapta a las características del niño. Los beneficios de la lactancia materna se extienden también a la madre, porque favorece la involución uterina, haciendo que el útero vuelva a su estado normal, nos permiten perder más rápidamente el peso ganado durante el embarazo, también está comprobado que las mamás que amamantan tienen menos riesgo de sufrir depresiones post-parto o hipertensión, y además se ha comprobado que los cánceres de mama y ovario son menos frecuentes en mujeres que han dado el pecho a sus hijos.

Y a pesar de todas las ventajas que trae consigo la lactancia materna, a pesar de ser la forma biológicamente natural, porque la alimentación que recibe el niño es similar a la que recibía dentro del útero a través de la placenta, sigue habiendo mucha desinformación al respecto, y son muchos los mitos y falsas creencias que circulan sobre el hecho de elegir la lactancia materna, especialmente si ésta se prologa a lo largo de varios años. Para aquellas madres que tengáis dudas y conflictos al respecto, vamos a tratar de arrojar un poco de luz sobre lo que no es verdad acerca de dar el pecho a nuestros hijos.

El niño no recibe suficiente alimento antes de la subida de la leche. Falso. Aunque la subida de la leche se demora entre 48 y 72 horas, no significa que no haya leche. El líquido espeso y amarillento, que se denomina calostro y que sale del pecho después del parto y durante estos primeros días, es una sustancia rica en calorías, proteínas, anticuerpos y beta-carotenos, y es el alimento justo que necesita el bebé durante sus primeros días de vida. No caigas en el error de darle leches artificiales, aunque te digan que el niño necesita más alimento no es cierto. De hecho la succión frecuente del bebé ayuda a que la leche baje, y es la mejor manera de aumentar gradualmente la producción láctea.

Si el niño ha nacido por cesárea no podrás darle el pecho. Falso. El éxito de la lactancia materna no depende de si el parto es natural o por cesárea. El factor más importante es que, nada más nacer, el bebé esté en contacto con el pecho de la madre, esa será la manera de que se familiarice a él, y por instinto poco a poco irá succionando. Por eso es esencial averiguar la política respecto a la atención al parto del hospital en el que vamos a dar a luz, y si se trata o no de un hospital que apoya y potencia la lactancia materna. Además de que, nada más nacer, nos pongan al niño al pecho en la misma sala de partos, será importante saber si ese centro nos deja tener al bebé con nosotros en la habitación día y noche. Porque será precisamente ofreciéndole al bebé nuestro pecho, desde que nace y durante sus primeros días de vida, como irá poco a poco agarrándose y aprendiendo a succionar el alimento, independientemente de si nació por cesárea, parto natural e incluso inducido.

Tengo pechos pequeños, y por eso tengo poca leche. Falso. El tamaño de nuestro pecho no afecta para nada en la cantidad de leche que generamos. Las diferencias en el tamaño del pecho dependen sobre todo de la cantidad de grasa y no tanto de la cantidad de tejido glandular. Por eso tener mucho pecho no es sinónimo de fabricar mucha leche. Es normal que las mujeres tengamos miedos de este tipo, porque tenemos el pecho pequeño, porque creemos que nuestros pezones no son adecuados. La cantidad de leche depende de la eficacia de la succión y de la cantidad de veces que el niño toma el pecho. La naturaleza es sabia y por eso, el niño va a saber adaptarse a la forma y dimensiones de nuestro pecho, y nosotras siempre generaremos la cantidad de leche que él va a precisar en cada momento.

La leche materna es “aguada”. Falso. Muchas madres, al comparar su leche con la de la vaca, creen que su leche es aguada y por tanto alimenta menos. Esto no es así, simplemente, la leche de vaca es la más rica en grasa y proteínas de las leches que se comercializan, pero no significa que la leche materna no alimente. Al revés, hay que saber que la composición de la leche materna va cambiando a lo largo de la succión, y al principio contiene más agua, y más tarde pasa a estar más concentrada y ser su composición más rica en grasa y proteínas, cambiando su aspecto y color en este momento, haciéndose más espesa. Es precisamente esto, el no ver lo que toma el bebé al mamar, a diferencia de un biberón, en que sí se ve el contenido y cantidad a tomar, lo que causa tantos problemas y malentendidos.

El niño se está quedando con hambre, con el pecho no tiene suficiente, es mejor que le des el biberón. Falso. Volviendo a la idea anterior, ocurre que no es fácil medir cuánta leche recibe el bebé cuando toma el pecho, porque no vemos exactamente la cantidad que está tomando, pero esto no significa que el bebé no esté recibiendo suficiente leche. Como madres, que somos las que estamos ahí, ofreciéndoles nuestro pecho, somos capaces de saber si el pequeño succiona o no, porque lo notamos, y porque además le escuchamos y vemos cómo realmente traga leche mientras está mamando. Desgraciadamente, a muchas mamás se nos mete en la cabeza, o nos meten en la cabeza los “consejos” de los demás, que nuestro hijo se queda con hambre. Y es entonces cuando se decide dar al niño el primer biberón, y es en ese momento cuando fracasa la lactancia materna. Porque el biberón es la tumba del pecho, y cuando el niño mama cada vez menos, porque ahora le inflamos con el biberón, sale cada vez menos leche. Nuestro cuerpo interpreta que el bebé ya no necesita leche, y entonces deja de generarla, y es así como la leche se acaba, porque el bebé dejó de mamar.

No tengo suficiente leche. Esta es una creencia muy extendida, que preocupa mucho a las mamás y que suele ser la causa de que la lactancia no tenga éxito. El pediatra Carlos González lo explica con estas palabras: “El problema es que nuestra sociedad no confía en la lactancia. Hemos llegado a pensar que lo normal es no tener leche, y que si alguna sí que tiene es sólo por la más extraordinaria de las coincidencias. Cuando le preguntas a una embarazada cuánto tiempo piensa dar el pecho, raramente contesta algo concreto, ‘tres meses’ o ‘año y medio’. Más bien suele decir ‘mientras pueda’, ‘mientras tenga leche’…, no cree que dependa de ella, que pueda tomar una decisión y llevarla a la práctica”. Es natural que una mamá, responsable de la alimentación y crianza de su recién nacido, sienta miedo a no tener leche. Y existen mujeres con problemas a las que efectivamente no les funciona bien o sufren alguna enfermedad en las glándulas mamarias. Pero como también dice Carlos González: “Lo que no puede ser es que haya tantas mujeres sin leche como algunos piensan. (..) No es posible que la mitad o las tres cuartas partes de las mujeres no tengan leche, no es posible que sus pechos no funcionen. De ser cierto, estaríamos ante la más terrible epidemia que ha vivido la humanidad”. Ironías aparte, la gran mayoría de las mujeres producen más que leche suficiente para alimentar a sus hijos. La clave es la que hemos ya mencionado unas cuantas veces en este artículo: si el niño mama mucho, saldrá mucha leche, si deja de mamar, dejará de salir leche.

He dejado de dar el pecho a mi hijo, porque se me ha acabado la leche. El creer que una mujer tiene una cantidad de leche fija, disponible por unos meses y punto, es una idea tan extendida como errónea. No tiene sentido que una mujer genere sólo leche para unas semanas o unos meses, la madre naturaleza, que además de madre es sabia, no nos fallaría de esta manera. Por eso, para que las madres amamantemos a nuestros hijos el tiempo que ellos necesiten, nuestro pecho funciona simplemente adaptándose en cada momento a las necesidades del bebé, y si el bebé necesita más leche, fabricaremos más leche, y si necesita menos, fabricaremos menos leche. Asimismo, fabricaremos leche el tiempo necesario, y mientras el bebé siga mamando, seguiremos fabricando leche, ya sea durante sus primeros meses o sus primeros añitos. Porque la cantidad de leche que fabricamos las mujeres no depende del tiempo transcurrido desde el parto, simplemente depende de cuánto mama el bebé. E igualmente, cuando el niño deje de mamar, dejaremos de fabricar leche. Así de sencillo es.

La menstruación interfiere en la lactancia. Y también es incompatible con un segundo embarazo. Falso. Mientras una mujer da el pecho, es habitual que durante unos meses no tenga menstruación. Pero si la lactancia es prolongada y ésta aparece, la mamá puede seguir dando el pecho aunque haya vuelto la menstruación. Por otro lado, aunque una mujer que da el pecho se quede embarazada, si la madre y el niño lo desean, la lactancia puede continuar, incluso después del nacimiento del nuevo bebé. Muchas mujeres deciden dejar de amamantar cuando se quedan embarazadas, porque sus pezones son más sensibles, y es normal que dar el pecho duela, pero no hay necesidad médica para abandonar la lactancia ni es necesario apresurarse.

Otros falsos mitos sobre la lactancia materna
Con la llegada del verano es frecuente que nos digan que el bebé necesita beber agua, además de leche materna. Pero no hay que dejarse llevar por estos “consejos”, ya que debemos estar seguras de que la leche materna contiene todo el agua que el bebé necesita. Otras creencias bastante arraigadas, que no tienen ninguna razón de ser son que la lactancia prolongada deforma los pechos, que no pueden usarse cremas, productos de belleza o tintes para el pelo durante la lactancia, que la falta de leche es un problema familiar que se transmite de madres a hijas, que dar el pecho nos impide quedarnos embarazadas, o que las impresiones fuertes cortan la producción de leche. Hay mitos que incluso llaman la atención por lo ilógicos que resultan, como esa creencia sobre que la leche retenida mucho tiempo en el pecho se estropea o que dar el pecho mientras el bebé está recostado causa infecciones de oído. Como veis, aunque dar el pecho a nuestros hijos sea la cosa más natural del mundo, se trata también de un tema ciertamente controvertido. El mes próximo, para aquellas que os hayáis quedado con algunas dudas, seguiremos ahondando en este tema, tratando de resolver más cuestiones sobre cómo hacer para que la lactancia se afiance con éxito, cuál debe ser la alimentación de la madre que amamanta o con cuánta frecuencia es necesario dar el pecho a nuestro bebé. No os lo perdáis, y no dudéis en compartir vuestras dudas, experiencias e incertidumbres con nosotros.

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