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Penelope Coronado

Suele ocurrir que los niños no piensan con claridad cuando delante suyo hay golosinas. Para los padres no es en absoluto una tarea fácil alejar a nuestros hijos del consumo de dulces y caramelos. Y es que las golosinas están demasiado a menudo a la vista y al alcance de los niños. Son una tentación constante para ellos y para los papás una difícil batalla. Porque no cabe duda que esta clase de alimentos no les convienen, por su bajo valor nutritivo y su alto contenido en azúcares, además de por las muchas consecuencias desfavorables que acarrea su abuso, como la aparición de caries, un mayor riesgo de carencia de vitaminas, problemas de sobrepeso o un descontrol de los niveles de glucosa en sangre. Pero cuando a un niño se le pone delante una golosina, la cosa se complica y es difícil resolver la situación. ¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Cómo evitar que nuestros hijos consuman golosinas? Vamos a plantear algunas ideas, los errores más comunes y cómo trabajar en enseñarles a disfrutar de una alimentación más saludable.

¿Por qué los niños se aferran a las golosinas?

Es habitual dar a los niños caramelos en momentos de estrés, como antes de ir al médico, en casos de aburrimiento o espera, o cuando el niño se encuentra triste o cansado. Pero de esta manera, lo que estamos motivando es que se acostumbre a tomar algo dulce cada vez que se sienta mal, y esto reforzará su tendencia a desear caramelos la próxima vez que no esté bien. Es algo que incluso nos ocurre a los adultos, que si nos sentimos deprimidos recurrimos en secreto al chocolate o a un dulce.

Además, vivimos en una sociedad donde los dulces y caramelos, siempre con envoltorios muy coloreados y atractivos, muchas veces incluso capitaneados por los personajes favoritos de los niños, se presentan como el regalo deseado, una recompensa o una sorpresa muy especial. Es difícil evitar que un niño acceda a los caramelos, y es que están por todas partes, ya sea en los anuncios de televisión, en los estantes más visibles del supermercado, en fiestas de cumpleaños, incluso es muy habitual, y seguro que como papás os ha pasado a menudo, que un adulto ya sea en un restaurante o en cualquier tienda ofrece una piruleta a vuestro hijo como si de alguna manera las golosinas estuvieran asociadas a la infancia. Con este grado de estímulo y condicionamiento cultural, sería muy sorprendente que los niños no se sintieran atraídos por los dulces y caramelos.

El mal hábito de premiar a los niños con caramelos

Los dulces suelen ser uno de los primeros recursos cuando se quiere premiar a un niño. Premiar con dulces determinados comportamientos genera malos hábitos en los niños. Si todas las recompensas consisten en comer dulces, el niño los valora al final como algo muy positivo. Ante frases como “si te comes toda la verdura te daré una golosina”, el niño pensará que la verdura tiene que ser muy mala porque a cambio le dan una “chuche”. De esta forma, se desvirtúa el concepto de alimentación saludable y se están catalogando unos alimentos como obligatorios y nada atractivos frente a otros muy deseables y atractivos. Y es que no debemos cometer el error de premiar, mucho menos con chucherías. Los alimentos no deben convertirse en una “moneda de cambio” porque no es esa realmente su función. Cuando usamos, por ejemplo, las golosinas como un premio o su privación como una forma de castigar, estamos creando asociaciones poco saludables en torno a la comida. Y es que todos los alimentos son para nutrirnos y para disfrutar, y no debemos considerar unos mejores que otros.

¿Sirve de algo prohibir comer caramelos a tus hijos?

Los caramelos se convierten en algo muy deseado en el momento en el que se usan como premio o se reservan para ocasiones especiales. Tampoco sirve de nada limitarlos o prohibirlos. Prohibir o restringir el consumo de determinados alimentos a los niños aumenta la apetencia hacia esos alimentos. En el caso de los dulces, los niños regulan por sí solos su consumo, pero esto ocurre cuando se eliminan todas las limitaciones y cuando son tratados todos ellos por igual. Cuando los niños saben que pueden comerlos cuando quieran, cuando no se reservan para ocasiones especiales y se les trata como alimentos de primera clase, disminuye su ansia frenética por las golosinas y pueden seguir una dieta equilibrada ellos mismos. Cuando se aplica una restricción demasiado fuerte hacia las golosinas, es fácil que luego se vuelva contra nosotros, y que el niño acabe comiendo estos productos a escondidas o en lugares y momentos en que sus padres no los vean.

La solución más eficaz: evitar las golosinas

Como ocurre en muchos aspectos relacionados con la crianza de los hijos, no existen soluciones mágicas. Siempre va a ser cuestión de esforzarnos en la difícil tarea de ser padres. En el caso concreto de las golosinas, además de no prohibir ni premiar a nuestros hijos con ellas, la mejor solución va a ser siempre evitarlas, y que no estén en su ángulo de visión. Hay que evitar esos momentos en que podemos toparnos con ellas: escogiendo un camino en el que evitemos pasar por delante de una tienda en la que venden chuches, pidiendo a los vecinos, a los amigos y sobre todo a los abuelos que no le regalen de manera continuada caramelos, incluso rogando a los papás que organizan fiestas de cumpleaños que no les ofrezcan tantas golosinas.

En el caso concreto del supermercado, sin duda un lugar lleno de tentaciones dulces, una buena idea puede ser que antes de ir tu hijo haya comido algo. Llevar agua que ofrecerles puede, en ocasiones, frenar sus impulsos de comer golosinas. También es buena idea proponerles otras alternativas más saludables que se pueden encontrar en el supermercado, como frutos secos, un yogurt, un trozo de queso. Se trata de no ofrecer golosinas. Porque no debemos ser nosotros quienes les invitemos a comerlas, siempre mejor tener a mano y en la despensa de casa una amplia gama de alimentos saludables entre los que puedan elegir.

Cuando no se puede evitar que coman golosinas

Una vez ha caído en las manos de nuestro hijo una golosina, lo más sensato es permitirle que se la coma. Y es que hay ocasiones en que no podemos evitar que nuestros hijos consuman este tipo de productos, como en fiestas de cumpleaños y otros eventos. No pasa nada malo si de vez en cuando toman golosinas, lo importante es hacer lo posible para que esto no suceda de forma habitual y sin que el niño sea consciente de ello porque se daría cuenta de que le estamos restringiendo su consumo, y los niños se dan cuenta de todo.

Compartir una alimentación saludable

Ante todo se trata de enseñar a nuestros hijos y tener la confianza de explicarles de manera clara, utilizando un lenguaje adecuado para su edad, el por qué no nos gusta que consuman dulces y por qué son alimentos que no conviene que tomen cada día. No es cuestión de infundirles miedo u odio hacia estos productos, basta con explicarles con sinceridad por qué preferimos que no los tomen, haciendo que ellos formen parte de la decisión que hemos tomado y mostrándoles respeto. Además, es imprescindible que como padres les sirvamos de ejemplo, y ser nosotros los primeros que comamos de forma saludable, ya que los niños siempre nos van a tomar a sus padres como modelo.

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