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Este fin de semana adoptamos el horario de verano, adelantando nuestros relojes una hora. Así, en la madrugada del sábado al domingo a las 2 serán las 3. Con el horario de verano anochece y amanece más tarde; así, podemos aprovechar el mayor número de horas de luz solar que hay por las tardes.

Este cambio -adelantando el reloj en el caso del horario de verano, retrasándolo en el del horario de invierno- se produce dos veces al año, en primavera y otoño, y tiene como objetivo adaptar nuestra vida a las horas de sol y ahorrar energía.

Toda la Unión Europea realiza estos cambios en la misma fecha: el último domingo de marzo y el último domingo de octubre. Pero si vas a desplazarte fuera de la Unión Europea, consulta los horarios del lugar de destino, porque no todos los países realizan estos cambios y si los realizan no siempre se producen en las mismas fechas.

 

Origen del cambio de hora

A principios del siglo XX el constructor inglés William Willett propuso adelantar una hora durante los meses en que los días eran más largos. Su propuesta no caló en ese momento, pero empezó a emplearse a partir de 1916, durante la Primera Guerra Mundial, para ahorrar carbón. La generalización del cambio de hora se produjo en 1974, como consecuencia de la crisis del petróleo que se produjo durante 1973. España adoptó el horario de verano en 1974.

 

¿Cómo nos afecta?

Cuando llega el momento de cambiar el reloj siempre surgen voces a favor y en contra de la medida. Los que están a favor alegan, sobre todo, los beneficios económicos y de ahorro energético que supone, pero también las ventajas en materia de ocio. Quienes se posicionan en contra hacen referencia a los inconvenientes que produce en el organismo el cambio de hora. ¿Qué hay de cierto en estas dos posiciones?

En cuanto a las ventajas, al haber más luz solar en las horas de más actividad, se necesita hacer un menor uso de la iluminación eléctrica, lo que deriva en un ahorro energético. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDEA), adscrito al Ministerio de Industria, Energía y Turismo, el cambio de hora puede suponer un ahorro de hasta un 5% del consumo eléctrico en iluminación. Además, el horario de verano fomenta el ocio al aire libre; disponemos de más horas de luz natural por la tarde que podemos aprovechar para dar un paseo en bicicleta, ir a correr o jugar con los niños en el parque. Realizar actividades al aire libre nos beneficia emocionalmente, nos ayuda a ponernos en forma y además colaboramos con el ahorro energético y a la sostenibilidad. También el horario de verano tiene beneficios para el comercio y la hostelería, puesto que al hacerse más tarde de noche somos más propensos a salir a la calle, y puede ayudar a reducir el número de accidentes de tráfico, al existir mejor visibilidad.

Respecto a los inconvenientes, los principales son las alteraciones que puede producir en el sistema nervioso central y los desajustes en los horarios de sueño. Suelen acusarlos más las personas mayores y los niños. Entre los adultos “sufren” más por el cambio quienes tienen un biorritmo diurno que quienes lo tienen vespertino, pero en general la adaptación al nuevo horario suele ser rápida. Quienes noten más los efectos de este cambio horario pueden seguir unas sencillas recomendaciones: variar un poco la hora de ir a la cama, evitar las siestas, alimentarse e hidratarse adecuadamente y mantenerse activos. También este cambio puede afectar más a quienes padezcan migrañas y jaquecas.

Recuerda que esta noche debes cambiar el reloj (aunque la mayoría de dispositivos lo hacen de forma automática) y prepárate para disfrutar de las largas tardes que comienzan ahora. En Naturarla te seguiremos ofreciendo planes para que les saques todo el partido, siempre desde una perspectiva saludable y sostenible.

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