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Penelope Coronado

Hace poco escuchaba decir a una mamá, estábamos en una terraza y no pude evitar oírla: “dicen que te cambia la vida al tener hijos, será a mí porque tú, haces lo mismo de antes”. Se lo decía al papá, que se defendía como podía, y ella simplemente argumentaba que él ni si quiera sabía cuáles eran los dibujos animados preferidos de la niña. Es cierto que, en términos de pareja, las madres asumimos un papel, sobre todo al principio, mucho más capital que los papás. Somos nosotras su punto de contacto con el mundo, ya que el bebé, acostumbrado a estar dentro nuestro durante el embarazo, es nuestro abrazo el que reclama, son nuestros latidos a los que está acostumbrado, es nuestra voz la que reconoce, y es nuestro pecho el que le da alimento y consuelo. Pero esto no significa que el papá se desentienda de la crianza de los hijos, porque su papel, también en los primeros meses de vida del bebé, es imprescindible. Al respecto, y para más detalles, podéis leer este artículo que escribí hace unos meses.

Y sí, mamá es sin duda imprescindible, es esa leona que asume de forma casi animal su papel de madre, es la que más se preocupa cada día de que el niño duerma, de que coma, de que se desarrolle intelectual y motrizmente, es la que más renuncia a su propia independencia, la que hace malabarismos para compatibilizar su vida profesional con la personal y familiar, ya que lo queramos o no, después de ser padres, es a nosotras a quienes más nos cuesta conciliar la vida laboral. Solemos ser nosotras las que más nos preocupamos por qué guardería elegir, qué juguetes, libros o dibujos son los más adecuados, cuándo es hora de quitar el chupete al nene, cuándo y cómo empezar a destetarlo, cuándo toca ir quitándole el pañal, a qué colegio llevar al niño, y sin duda somos las que más veces llevamos al nene al parque. Pero no debemos olvidarlo: papá también es imprescindible, y su papel no debe limitarse a pagar simplemente las facturas. Porque criar y educar un hijo es cosa de dos, y a papá no le va a sobrar el tiempo, pero suele ocurrir que es mamá quien hace magia con las horas que tiene un día. Y es que, tal y como está organizada nuestra sociedad, lo más difícil de ser padre o madre es poder pasar tiempo con nuestros hijos y disfrutar de ellos. Porque la principal cosa que necesitan nuestros hijos de nosotros es eso, nuestro tiempo. Y a día de hoy es precisamente lo más complicado de conseguir: que la conciliación de la vida laboral y familiar sea una realidad, y que demos al cuidado de los hijos la importancia que se merece, tanto padres como madres.

 

Papá y mamá son una pareja

Igual que nuestro hijo va a necesitar de nosotros ante todo amor, cariño, tiempo y comprensión, nuestra pareja va a precisar de nosotros exactamente lo mismo. Es esencial que, después de tener un hijo, exista un fuerte vínculo que nos una amorosa y amatoriamente con nuestra pareja. Porque el cambio que experimentamos es radical: dejamos de ser dos, y ahora somos dos adultos que cuidan y crían y educan y se preocupan por un pequeño ser que es nuestra responsabilidad. Ocurre en todas las parejas, y es normal que se discuta más, porque estamos más cansados, porque dormimos menos, porque hay que repartirse las tareas y hay cosas que no se pueden eludir, porque ante cualquier contratiempo nos ponemos más nerviosos, porque la familia nos achucha más y porque al final del día nos damos cuenta que no nos queda tiempo para nosotros.

 

Al convertirnos en madres y padres, a veces, dejamos de cultivar la relación de pareja y nos olvidamos de que una vez fuimos amantes. Pero los hijos no son la excusa para no practicar sexo con nuestra pareja. La intimidad con nuestra pareja ya no podrá ser a deshoras y en cualquier sitio, pero es importante que cultivemos nuestra amatoria, ya que el tener hijos no significa que tenga que desaparecer. Sin duda, las ocasiones se reducen considerablemente, pero siempre vamos a encontrar la oportunidad. Si las relaciones sexuales con nuestra pareja eran buenas antes de tener hijos, seguirán siendo igual de buenas después. Porque mantener una relación amorosa con nuestra pareja, por más complicado que nos resulte, por más cansados que estemos, será vital, para nosotros y también para nuestro hijo, ya que una de las necesidades más importantes que el pequeño va a sentir será que su madre y su padre son felices, se quieren y gozan de la vida.

 

El ocio ahora es en familia

No es tan complicado y no es necesario llevar con nosotros trescientos bártulos por el hecho de tener un bebé o un niño. Que es más fácil y más placentero ir, por ejemplo, a la playa sólo con la toalla, la crema protectora y un libro, y poder leerlo, sin duda. Pero no tiene precio ver a tu nene disfrutar del mar y de la arena. Que llegan las vacaciones y te encantaría hacer un viajecito romántico y de degustación gastronómica, pues ya habrá tiempo de hacerlo cuando tus hijos sean un poco más mayores y puedan quedarse sin problema con los abuelos. Además, viajar con niños no es ningún impedimento, y es cuestión de buscar alternativas de ocio para que los nenes y los papás disfruten por igual. Se trata de informarnos y elegir opciones de ocio en la ciudad, en el campo, mejor con amigos que también tengan hijos, porque así se hace más llevadero, los nenes se entretienen juntos, los papás y mamás os ayudáis y podéis seguir compartiendo ratos en buena compañía. Y claro, lo difícil cuando se tienen hijos es querer seguir haciendo esas cosas que antes solíamos hacer, como salir de marcha un fin de semana, levantarnos un sábado a las dos de la tarde, comer a horas intempestivas. Pero hemos de pensar que no se trata tanto de renunciar a cosas, como de evolucionar y entender el ocio y el tiempo libre de otra manera. Ahora, vamos a encontrar placer simplemente en los momentos de silencio, en el rato que conseguimos sacar al final del día para ver una película en casa con nuestra pareja, para leer en la cama algunos capítulos de un libro, para disfrutar de un café o simplemente chatear con amigos o meternos en internet o en nuestras redes sociales y así conectarnos con el resto del mundo, y será ahora cuando disfrutaremos a fondo y realmente de cada uno de esos instantes de paz.

 

Pequeñeces y cosas de andar por casa

Conseguir que una casa en la que hay niños esté completamente limpia y en perfecto orden significa, además de una utopía, una labor titánica. Que todos los juguetes estén recogidos, que no haya platos sucios y ni una mancha en el suelo o en el sofá, resulta complicadísimo cuando hay un pequeño trasteando por los confines de nuestro piso, y no es cosa de estar siempre prohibiéndoles trastear. Hay que hacerse a la idea, en una casa con hijos va a reinar el desorden, y aceptarlo es clave para nuestra felicidad y paz interior. Hay que tratar de mantener unos mínimos, esto está claro, pero lo mejor va a ser disfrutar y acostumbrarnos a ese caos mientras dure, porque habrá un día en el que al nene ya no le interese abrir y vaciar los cajones o sacar nuestros discos de música de su sitio. Y es que, la primera cosa que aprendemos al hacernos padres es que nuestros hijos pasan por fases más o menos fáciles o difíciles, pero son simplemente eso, fases.

 

Luego está la capacidad de adaptación que experimentamos como padres y madres. Concretamente nosotras, aunque siempre hay excepciones, y quizá es una de esas cosas que personalmente más me sorprende, cómo hace una madre para lucir taconazos y pestañas con rímel, tenemos que simplificar muchísimo todo lo relativo a arreglarnos. No se trata de ir echas unos adefesios, que va, las madres podemos y debemos lucir guapas y sexys. La cuestión es que no nos sobra mucho tiempo, una ducha rápida, en cuanto a cremas y cosméticos lo básico y punto, vestirse con lo primero que encuentras en el armario, que además conviene que sea cómodo porque hay que ir a trabajar, pasar por el súper, llevar al enano al parque… Y sí, somos súpermamás y al final nos da tiempo a hacer todo, y además ir monas, depiladas y conjuntadas, pero a costa de ir a contrarreloj y a veces volvernos un poco locas. Eso sí, al final, lo bonito es descubrir que ser madre y ser padre no significa proteger eternamente a nuestro hijo de los peligros, problemas y conflictos de la vida, sino darle las herramientas necesarias para que él mismo vaya aprendiendo poco a poco a valerse por sí mismo.

 

Ver: Lo que cambia nuestra vida cuando somos padres (Parte 1)

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