Cuando oímos hablar de hormonas solemos pensar en sexualidad, y no andamos del todo equivocados. La palabra hormona proviene del griego “excitar, poner en movimiento”. No obstante, y en honor a la verdad, las hormonas van mucho más allá de eso; por ejemplo, la hormona insulina es clave para el metabolismo. Y del mismo modo que conforme envejecemos nuestro metabolismo se hace más ineficiente y de ahí la mayor tendencia a engordar, cuanto mayores somos vamos perdiendo nuestras capacidades sexuales. Un adecuado programa antienvejecimiento no es que se focalice en mejorar nuestra función sexual, sino que como consecuencia de los ajustes hormonales que genera, dicha mejora simplemente se producirá.

Cuando Hernest Starling creó el nombre de “hormona” probablemente no estaba pensando en sexo, pues “poner en movimiento” es lo que hacen las hormonas: son las maestras de nuestro sistema de comunicación interno. Si éstas son nuestros semáforos, los neurotransmisores –que operan a nivel neuronal- son semáforos especializados. Pensemos que las hormonas regulan el tráfico masivo (el de coches), mientras los neurotransmisores, centrados en el cerebro, regulan un tráfico de alta precisión como el aéreo. Dejemos por un momento el relativamente conocido tráfico masivo en relación con el sexo (la progesterona, testosterona o estrógeno) y centrémonos en el mucho más desconocido tráfico especializado. Qué colores nos gustan, qué carácter tenemos o cuál es nuestra comida favorita son preguntas cuyas respuestas están en nuestro cerebro. Pero no sólo eso, pues la ciencia ahora cree que cuánto comemos o en qué medida engordamos es algo regido también por nuestra llamada masa gris. Como no podía ser menos, el sexo no escapa al insospechado como increíble poder del cerebro. Al fin y al cabo, todos acertadamente intuimos que nuestros gustos, intereses e inclinaciones sexuales dependen de decisiones de nuestro cerebro antes que de cualquier otro órgano.
La cuestión por tanto es que si queremos mejorar nuestra sexualidad tendremos que mejorar nuestra función neuronal. ¿Podemos? Creo firmemente que sí.

Mejora tu deseo con dopamina
La dopamina es un neurotransmisor comúnmente asociado con la atención o la motivación, pero también con el deseo. Una droga suele ser adictiva porque activa la dopamina para estimular centros neuronales de placer. Juega a las videoconsolas, desespérate por fumar, sal a comprar para calmar tu ansia consumista o busca el placer sexual que culminará en el orgasmo. Todas ellas son situaciones puramente ‘dopamínicas’. Por ello no es extraño que todos los fármacos que repercuten negativamente en los niveles de dopamina reducen nuestro deseo sexual. Como en tantas otras cuestiones, la virtud está en el equilibrio. Igual que una falta de dopamina nos hace sexualmente apáticos, aquéllos obsesionados con el sexo (como en cualquier adicción) tienen un claro exceso de la misma. Si tu caso es el primero, debes saber que para mejorar tu dopamina no necesitas ir a ningún médico especializado, neurólogo o aun sexólogo. Hay métodos sencillos. Elimina aquéllos alimentos que agotan tus niveles de dopamina como azúcar y en general todos los carbohidratos refinados. Consume adecuada proteína para obtener el aminoácido tirosina, esencial precursor de la dopamina. Y para una ayuda especializada, considera además usar como suplementos la planta rhodiola.

Mejora tu excitación con acetilcolina
La acetilcolina es el neurotransmisor asociado típicamente a la memoria y la rapidez mental. Aunque su influencia en el sexo no es tan potente como la dopamina, la acetilcolina también juega un papel favorable en la excitación. Las personas deficientes en acetilcolina no sólo pierden la memoria o suelen convertirse en menos sociales, sino que ven comprometida su función sexual. Quienes sufren de esta deficiencia suelen presentar deshidratación y piel seca, lo cual tiene una clara relación con el sexo: baja lubricación vaginal y reducido nivel de semen. Uno de los alimentos estrella para mejorar la acetilcolina es la lecitina de soja

Mejora tu orgasmo con GABA
A diferencia de la dopamina o la acetilcolina que son de algún modo estimulantes, el neurotransmisor GABA es más bien inhibitorio o, dicho de otro modo más preciso, relajante. Puede decirse que nuestro lado zen está determinado por el GABA, y su carencia es causa de ansiedad, estrés y  sobreexcitación. Y aunque a primera vista podría parecer un neurotransmisor anulador sexualmente hablando, lo cierto es que una falta de relajación nos impide alcanzar el orgasmo.  Como tampoco deseamos un exceso de GABA (aunque sería interesante sondear prácticas sexuales orientales como “GABA-dominantes”), recomendaré un recuperador suave para dicho neurotransmisor: consume té, que por su contenido en teanina activa las ondas alfa del cerebro y además el GABA.

Así que una correcta función sexual es importante en un proceso saludable de envejecimiento en gran parte porque es síntoma de un adecuado equilibrio hormonal y de neurotransmisores que, por igual, se traducirá en un mejor metabolismo, menor riesgo cardiovascular… En relación con el increíble poder del cerebro, no sólo somos lo que comemos, sino que parece que en no poca medida pensamos lo que comemos –en tanto nuestra alimentación puede favorecer el equilibro o desatar el desequilibrio neuronalmente hablando-.

Dicen que todo está en nuestro cerebro. En relación al sexo parece, de nuevo, cierto.

2 Comentarios
  1. Carmen

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    David, crees que los antidepresivos alteran nuestro equilibrio hormonal? Si los neurotransmisores condicionan el equilibrio de nuestras hormonas, entonces los antidepresivos que actúan sobre los neurotransmisores, lo hacen también sobre las hormonas. No se sí me he explicado bien. Me interesa mucho este tema. Saludos

    • Adolfo David Lozano

      | Responder

      Hola Carmen, creo que ya te respondí a esa pregunta en mi blog. Los antidepresivos inhiben la libido, pero tampoco tengo un conocimiento exhaustivo sobre sus efectos sobre las distintas hormonas, para empezar porque cada antidepresivo no es exactamente igual, hay diversos tipos.

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