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La dietética ha avanzado mucho en los últimos años, y cuestiones dogmáticas y dadas por hecho como “es obligatorio comer 5 veces al día” parece que ya no son mandamientos necesarios. Este cuestionamiento, ha llegado incluso a salpicar al desayuno, pilar que parecía inamovible en nuestro mundo. ¿A qué se debe? Muy sencillo, responde al planteamiento de que muchas veces elegimos alimentos poco saludables para el desayuno. Y es que hay muchas combinaciones posibles en el clásico triángulo del desayuno o la merienda, Cereal + Fruta + Lácteos. Nada tiene que ver una tostada integral con mantequilla acompañada de un melocotón, natillas, galletas o zumo de naranja concentrado. Es por eso por lo que tenemos que apurar y profundizar más en las opciones saludables.

Con la merienda pasa una situación muy parecida. Es muy común que los chavales tomen bollería, galletas, o incluso refrescos o bebidas azucaradas como norma general. Muchas veces, este proceso se debe a que las madres y los padres no están ese momento en casa, y lo más cómodo es tener “algo” en el armario a lo que los chavales puedan recurrir.

¿Entonces, unas galletas no son una buena merienda?

No, sentimos mucho decirlo, pero las galletas no son una buena merienda. La bollería y las galletas tienen un perfil que las hace (desafortunadamente) convenientes en el frenético ritmo de vida de las familias. Son duraderas en casa (no se ponen “malas”) y además gustan mucho a los pequeños. El problema es que suponen cantidades ingentes e innecesarias de azúcar, harina y aceites de una calidad muy deficiente.

Una propuesta progresiva para alcanzar meriendas saludables

Para intentar mejorar este panorama os propongo un camino progresivo de diferentes fases para que os acerquéis poco a poco a una merienda más saludable.

Fase 0: Es la fase “cómoda”, casas y familias en las que se toman galletas, bollería y otros dulces como merienda. Os aconsejo salir de aquí cuanto antes y avanzar al siguiente paso.

Fase 1: A la que podemos llamar merienda “tradicional”. No tiene tanta bollería pero sí predominio de otros carbohidratos refinados. Son casos en los que se toman tostadas con azúcar o incluso zumos creyendo que son saludables. Pasar de bollería a otros azúcares es un paso todavía insuficiente.

Fase 2: Merendamos “comida”. Típicas meriendas con bocadillos, vasos de leche e incluso alguna fruta esporádica. Tienen la ventaja de que son un salto cualitativo, el niño al menos come alimentos no tan ultraprocesados. Es un avance importante, pero en el que hay que valorar si el pan desplaza a otros alimentos interesantes.

Fase 3: Merienda saludable. Empezamos a jugar con la variedad y con las alternativas. La fruta está presente y es aceptada como algo rutinario. Los lácteos son fermentados, pudiendo tomar algún yogur, y los frutos secos constituyen un aporte de grasa cardiosaludable. ¿Qué tal un bol con yogur, nueces, plátano y arándanos/pasas?

En general, os aconsejo avanzar en estas fases con vuestra familia, es cierto que no existe una merienda ideal, y que su elección depende de la actividad de vuestros hijos, pero ni siquiera las actividades extraescolares, o el hecho de que estén solos en casa debe impedir inculcar buenos hábitos poco a poco.

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