naturalezasientabien

Todos hemos tenido esa sensación de que estar en un entorno natural, además de ser agradable, nos carga las pilas y nos hace sentir bien. El olor a tierra mojada, el horizonte en un desierto, las olas del mar, pisar hojas secas, la brisa húmeda, una playa desierta, las imponentes montañas, un planta que brota, un riachuelo… Todas esas cosas nos hacen sentir bien simplemente con pensar en ellas ¿Por qué nos pasa?

Desde que en 2005 el doctor Richard Louv acuñó el término “desorden por déficit de naturaleza”, que recogía una serie de síntomas negativos observados en los niños y directamente relacionados con la disminución del contacto con la naturaleza, diversas universidades han puesto en marcha pruebas y estudios para reconocer en qué medida la naturaleza puede incidir realmente en nuestro estado de ánimo y nuestra salud. Los resultados de estos estudios son demoledores y tan simples como esto: el hombre necesita la naturaleza.

Uno de los estudios mostraba como los pacientes de un mismo hospital con ventanas a una zona verde se recuperaban antes de las operaciones, necesitaban menor dosis de calmantes y establecían mejores relaciones con los enfermeros. También se han realizado estudios de rendimiento, pidiendo a los participantes la resolución de un problema matemático complejo: unos tras una caminata urbana y otros tras una caminata en un parque urbano. La balanza volvió a dar la victoria al verde.

La finlandesa Eeva Karjalainen es una de las científicas que más han estudiado el tema. Según sus hallazgos, el contacto con la naturaleza reduce la ansiedad, la agresividad y la depresión, aumenta la sensación de bienestar, ayuda a pensar y, por si fuera poco, ayuda a recuperarnos rápidamente de situaciones estresantes. En la universidad de Stanford han llegado a conclusiones parecidas: “Es muy posible que los médicos terminen por recetar una caminata por el bosque en vez de la toma de medicamentos para tratar algunos males”, leemos en la página web de la Stanford School of Medicine. Repasando los distintos estudios, la avalancha de beneficios es escandalosa: mejoras en los huesos, en la visión y en el sistema inmunológico, mayor capacidad de atención y creatividad, mejores aptitudes sociales, menor incidencia de innumerables enfermedades…

Al efecto “curador” que tienen los espacios naturales sobre nosotros, debemos sumar otro aspecto: el placer que nos genera el contacto con la naturaleza nos saca de casa y nos mantiene en movimiento. Un estudio holandés publicado en 2003 por la revista Journal of Environmental Psychology evidencia que a más verde sea el entorno, más actividad física se practica. Para confirmar el efecto de ello, un grupo de científicos de la Universidad de East Anglia relacionó los índices de sobrepeso con el acceso a áreas verdes. Los resultados: las personas que viven alejadas de plazas o parques tienen un 27% más de incidencia de sobrepeso.

Pero volviendo a la pregunta inicial ¿por qué? ¿por qué tiene tanto poder sobre nosotros la naturaleza? La respuesta está en muchos siglos de adaptación y evolución y seguiremos hablando sobre ello en próximos post de “La naturaleza es sabia”. Hasta entonces… ¡llenad las ventanas de plantas, salid a dar paseos por el bosque y tratad de estar tan cerca de la naturaleza como sea posible!

Deja tu comentario

Para comentar tienes que estar registrado en Naturarla.