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El estado de salud es uno de los condicionantes más importantes a la hora de poder tener hijos, ya no únicamente por el hecho de estar “sanos”, entendido como ausencia de enfermedad, sino de tener un estado de salud mejorado u óptimo para garantizar un mejor desarrollo del embarazo y de la salud final del bebé.

Aunque los seres humanos somos capaces de reproducirnos en muchas circunstancias, si nuestra salud está mermada, nuestro cuerpo prima la propia supervivencia a sabiendas de que una futura descendencia no sería viable. Este entre otros, es el motivo por el que cuando no estamos en un estado de salud adecuado, las personas ven comprometida su capacidad reproductiva. Claro ejemplo de los mismos son los episodios de amenorrea (pausa en la menstruación) que muchas mujeres tienen si están sometidas a estrés o desnutrición.

Es difícil en el contexto en el que estamos, con tanta oferta de alimentos encontrar a mujeres desnutridas en cuanto a energía se refiere, pero sí que es normal encontrarnos casos de malnutrición. Palabras muchas veces confundidas entre sí. No obstante, podemos estar en un peso normal, o incluso en sobrepeso, pero con un estado nutricional insuficiente, debido a que os falten ciertos nutrientes. Este es un caso común que puede desencadenar problemas de fertilidad: personas que se perciben a sí mismas “sanas” o bien nutridas, y en realidad tienen una dieta con déficit que entre otras cuestiones, influye en el embarazo.

¿Qué factores dietéticos influyen en el embarazo?

Estado nutricional – Aporte energético

Tal y como explicábamos en la introducción, un cuerpo abastecido con insuficientes recursos no estará preparado para afrontar un embarazo. Las personas muy delgadas pueden tener estos problemas, muchas chicas con baja cantidad de grasa corporal (como el caso de muchas gimnastas profesionales) sufren estos trastornos debido a la exigencia de su desempeño.

El otro extremo: el sobrepeso y la obesidad, tampoco contribuyen. Ya que el exceso de grasa dificulta la concepción, en especial la calidad seminal de los hombres, además de repercutir con trastornos hormonales y reducir la calidad de la vida sexual.

Por ello, la dieta debe ir orientada a mejorar nuestro estado nutricional, ganar o subir peso dependiendo de nuestra situación para así mejorar nuestras posibilidades. Por supuesto, la energía no es todo, hay que atender especialmente a la calidad de la dieta y sus nutrientes.

Micronutrientes

Existe una colección de micronutrientes que cumplen funciones esenciales en el desarrollo y la diferenciación de las células en el cuerpo. Estas funciones son más importantes si cabe cuando una nueva vida se esté desarrollando en nuestro interior.

Vitaminas como el ácido fólico o la B12 son fundamentales en este proceso, al igual que las que desempeñan acciones antioxidantes, el zinc o el hierro.

Esto no quiere decir que tomar más de estas vitaminas hará que mejores estas capacidades. Sino que evitará que su déficit conduzca a problemas en el desarrollo. Tal y como explicamos en el post “Vitaminas, sí, en su justa medida”. Se trata de buscar el aporte óptimo, no caer en déficit, ni caer en el abuso.

¿Cómo llevo estas recomendaciones a mi dieta?

Los aspectos  que debería seguir una pareja que está buscando mejorar sus posibilidades en la concepción podrían resumirse en las siguientes pautas:

  • Vigilar los aportes de los minerales, es especial los que tienen acción antioxidantes e intervienen en el desarrollo sexual, como el hierro o zinc. No es necesario recurrir a suplementos, solo incorporarlos a través de la dieta a través de alimentos como carne, pescado, marisco, frutos secos…
  • Mantener en nuestra dieta un nivel de antioxidantes adecuado (sin recurrir a suplementos. Con una abundante ingesta de frutas y verduras es suficiente).
  • Mantenerse en un estado de normopeso, sin alcanzar un cúmulo de grasa que repercuta para mal, ni malnutriciones que comprometan nuestras capacidades reproductivas.

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