Hoy queremos hablar de un tema de gran relevancia en las dietas (sea cual sea su fin) y del que se habla poco: la organización. Frases como “comí cualquier cosa porque no sabía qué cocinar” o “salí a por algo de comida porque no tenía nada en casa” son sinónimos de “comí mal” y por lo tanto enemigos de la dieta. La organización garantiza constancia y equilibrio, dos aspectos fundamentales para que una dieta sea efectiva.

Planifica tus comidas: Elige un día de la semana para la planificación de tu menú. Elabora una dieta equilibrada que incluya todo aquello que tu cuerpo necesita: carne, pescado, muchos vegetales, legumbres… Comprueba qué alimentos tienes en la nevera y qué alimentos hará falta comprar y realiza una compra inteligente. No sólo ayudará a organizar tu dieta, además tirarás menos comida.

Tentempié: Ya sabrás que la perfecta dieta se compone de 3 comidas principales equilibradas y 2 tentenpiés saludables. Pero ¡qué difícil se hace respetar lo de los tentempiés saludables cuando abrimos el armario y lo que hay es bollería, dulces y patatas fritas. Ármate con barritas de cereales, galletas integrales, yogures, quesos, frutas… Si no quieres renunciar al dulce puedes optar por productos como la miel, el membrillo o lo que tu dieta te permita.

Frutas: Es importante tomar 3 piezas de fruta diarias, cosa que muy poca gente hace. ¿Qué hacer? Nuestro consejo es que compres una frutera, la coloques en el centro de la mesa y la tengas siempre repleta de frutas apetecibles. Cada vez que pases cerca podrás coger una mandarina, un plátano o un par de uvas.

Desayuno: Especial atención merece el desayuno. ¿Por qué? Porque efectivamente es la comida más importante del día y, sin embargo, es muy habitual prestarle poca atención o incluso saltarse esta comida. Este mal hábito es altamente contraproducente en cualquier dieta que sigamos y debemos combatirlo. ¿Cómo? Lo primero que haremos es llenar la despensa de cereales, lácteos, frutas y todo aquello que nos guste desayunar. Después cambiaremos la hora del despertador y lo pondremos 20 minutos antes. Aunque pueda parecer difícil, cuando hayas conocido el placer de disfrutar reposadamente de un desayuno completo y de la diferencia que supone a lo largo del día, te parecerá que son los 20 minutos mejor invertidos.

Ordena tu nevera y armarios: Se trata de un truco muy sencillo pero efectivo. Coloca los “caprichos” en la parte posterior del armario y en la parte baja de la nevera. A la altura de tus ojos coloca todo aquello que debas consumir con más frecuencia. Cuando el hambre te lleve a abrir la nevera, tendrás más posibilidades de terminar comiendo algo sano.

La prisa: Si sabes que al mediodía llegarás con el tiempo justo, deja algo preparado o semi-preparado o compra algo sano que pueda prepararse en unos minutos, como una pechuga de pollo y un poco de ensalada.

Una vida ordenada: Cuando somos desorganizados con las actividades cotidianas, terminamos siendo desorganizados con la alimentación. Respeta los horarios de comida, marca horarios para hacer deporte, para realizar la compra, acuéstate siempre a la misma hora…

Como ves, con un poco de organización eliminarás todo el estrés cotidiano alrededor de la comida y además lograrás que tu dieta sea la correcta.

2 Comentarios
  1. Flora Sana

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    Lo que veo en mi experiencia de coach es la dificultad que tenemos al principio en organizarse sin que sea un peso intelectual. El super-mercado, la comida rápida, los paquetes industriales son los resultados de una política del no-pensar. Comer sano obliga a descubrir de nuevo la capacidad de planificación que tenemos: siempre tener verduras y frutas frescas a disposición, siempre tener legumbre remojando, siempre tener brotes germinando, siempre tener pan casero a bajo IG y cocción suave, no pide tiempo en hacer sino organización y agilidad al momento en que estamos en la cocina. Si al principio pide muchísimo esfuerzo y se logra en realidad poco a poco, una vez emplentado en las costumbres es una ganancia increible de calidad de vida!

    • Natalia Berger

      | Responder

      Así es. Los buenos hábitos no son fáciles de adquirir, pero son la mejor garantía de salud.

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