papa noel y los reyes magos


Penelope Coronado

Especialmente durante la Navidad, realidad y fantasía se mezclan. Es entonces cuando muchos padres nos preguntamos si debemos o no fomentar en nuestros hijos la creencia en esos seres extraordinarios que trae consigo la Navidad como son los Reyes Magos, Papá Noel o el Tió de Nadal. Al margen de la religiosidad o creencias de cada uno, como padres tenemos que valorar que una parte importante de la infancia se basa en los mundos de fantasía y sus seres extraordinarios. Y ante todo, la Navidad significa crear ilusión en los pequeños. Son ellos quienes de verdad disfrutan con estas fiestas, porque para ellos significan vacaciones, regalos, festejos, la ciudad plagada de luces navideñas, encuentros con amigos y familia, y eso es algo a tener en cuenta. Pero el cómo celebrar exactamente la Navidad, si es Papá Noel o son los Reyes Magos quienes traen los regalos… dan para debatir y suelen crearnos muchas dudas y controversia incluso en el seno de nuestra propia familia. Vamos analizarlo un poquito más en detalle, y a ver qué conclusiones sacáis vosotros mismos como padres.

Cada familia, una tradición propia
Nos guste o no nos guste, la Navidad, o mejor dicho, lo realmente bonito de la Navidad es que sea un momento de encuentro y de reunión, más allá de creencias religiosas. Una época de reunirse y festejar en familia, de hacer regalos a la gente que queremos, de decorar la casa ya sea con un belén o con un árbol navideño. Los niños perciben todo esto como algo especial, y enseguida y aunque sean chiquitines, van a reconocer a ese personaje de barba blanca vestido de rojo o a los tres reyes de Oriente. Decidir ya los detalles en torno a esos personajes y sus rituales será cosa nuestra: si dejamos los regalos debajo del árbol de Navidad, si les contamos que Papá Noel trae los regalos bajando por la chimenea cuando ellos duermen o si viene o no volando en trineo, si la carta con deseos se la escribimos a Papá Noel o a los Reyes Magos, o si explicamos o no la historia de esa familia que vivía en Belén y a la que pastores y tres Reyes de Oriente le llevaron regalos.

Sea como sea, entre nuestras tareas como padres estará la de decidir cada año cómo afrontamos la Navidad. Y no es cosa fácil, porque lo que acordemos se convertirá en esa tradición propiamente nuestra, la de nuestra familia. Y digo “acordar”, porque seguramente os pase que de momento el papá y la mamá opináis cosas distintas, aparte de que tíos, primos y abuelos de cada una de vuestras familias tendrán su propia forma de celebrar la Navidad. Para no confundir más a vuestros hijos, porque ya de entrada que haya dos clases de seres fantásticos que traen regalos resulta bastante confuso, mejor llegar a un acuerdo con vuestros familiares cercanos, respetando siempre que se pueda las creencias de cada uno. Los niños entienden las cosas mejor de lo que creemos, y no tiene nada de malo decir “en casa celebramos la llegada de los Reyes Magos, pero a los abuelos les gusta celebrar la Navidad con Papá Noel, y por eso ha dejado un regalo para ti”.

Vivimos en una sociedad que vive la Navidad
No podemos olvidar que nuestros hijos viven en sociedad, y aunque en nuestra familia no compartamos la tradición de convertir a los Reyes Magos y a Papá Noel en esos personajes fantásticos que les traen regalos, en el cole ya sean los profesores o los amigos hablarán de ellos. Y por supuesto los verán en la cabalgata, por la tele, en tiendas… Es normal que nos surja la duda de si hay que explicarle a los niños que los Reyes Magos son los padres o que Papá Noel es sólo el invento amable de una multinacional de refrescos. Y es que la verdad es un asunto importante. Hace poco os hablaba en un artículo de la importancia de no mentir a nuestros hijos. Porque para fomentar la sinceridad en ellos, es importante que nosotros seamos sinceros. Pero en el caso concreto de la Navidad, al tratarse ya de tradiciones que podemos compartir o no, dependerá de nuestras propias convicciones y de si queremos o no transmitírselas a nuestros hijos.

Es puramente una cuestión cultural, de enfoques y tradiciones, y no ya tanto una mentira. De hecho, entra en el ámbito de la fantasía, y en crear esa magia, esa ilusión que durante la infancia se vive de una manera tan especial. Cada familia, independientemente de sus creencias religiosas, debe decidir si transmite la idea de Navidad, Papá Noel, Reyes Magos o el Tió de Nadal, este último muy arraigado en la cultura catalana. En fin, que aunque un día nuestros hijos van a saber que estas historias son pura fantasía, hemos de valorar como padres si merece la pena mantener esa ilusión. Eso sí, no hay que usar estos personajes para inculcarles la idea de “portarse bien”, y convertido en el premio anual a la buena conducta. La Navidad, como el amor hacia nuestros hijos, debería plantearse como algo incondicional, y no como un chantaje del tipo “si no te portas bien, los Reyes te traerán carbón”.

¿Mentiras o fantasías?
He aquí el gran debate en torno a la Navidad. ¿Mentimos cuando hablamos a nuestros hijos de Papá Noel o de los Reyes Magos? Hay opiniones para todos los gustos. Y bueno, lo que sí existe es una gran diferencia entre decir que son de verdad o que son personajes fantásticos, ficticios. Porque una posibilidad para plantear el tema a nuestros hijos es explicarles y tratarlo como tratamos cualquier otra ficción, como algo que no es real pero que forma parte de nuestra cultura y tradición. Y los ejemplos serían cualquiera de los personajes de los cuentos clásicos, que ya forman parte de nuestro imaginario colectivo. Y entonces, ¿hablar de fantasía es mentir? De nuevo, habrá opiniones de todos los colores. Pero deberemos de pensar que la fantasía, la creatividad, la magia e incluso el arte van de la mano. Que los niños inventen, fantaseen y usen la imaginación es fundamental, porque es bueno para su desarrollo intelectual y emocional, porque nuestro cerebro es fundamentalmente emocional, y porque además es cuando más disfrutan, se divierten y emocionan, cuando viven esa ilusión. Una de las tareas más importantes que los padres tienen en la educación es jugar, fantasear, promover la magia entre sus hijos. Así que la pregunta a hacerse debería ser: ¿no deberíamos dejar que los niños sean niños, permitiéndoles creer en todo aquello que deseen ya sean hadas, duendes, Spiderman, Papá Noel o los Reyes Magos?

Compartir la magia con nuestros hijos
Durante la primera infancia, los niños dedican mucho tiempo a encontrar un sentido a la realidad y también tienen una imaginación muy viva. Una de sus tareas, no precisamente fácil, es distinguir entre realidad y fantasía. Los juegos de fantasía, con personajes imaginarios salidos de los cuentos o de las películas, son habituales y necesarios para los niños. Porque exploran las capacidades sobrenaturales de estos personajes. Y es que cuando aprenden nuevas habilidades, ellos son muy conscientes de su poco poder, de sus propias imperfecciones y errores, y de la mayor fuerza y conocimiento de los adultos. Será en cada etapa de la infancia cuando los niños adquieran un mayor grado de comprensión de la realidad. Hasta los 4 años, todavía no están preparados para comprender los conceptos abstractos, y por eso van a percibir como igual de reales los camellos o los Reyes Magos. De los 4 a 6 años, cuando la diferencia entre realidad y ficción va desentrañándose, los niños pueden comenzar a preguntarse si los Reyes Magos son reales. Es a partir de los 7 y hasta los 14 años cuando la capacidad para pensar de forma abstracta se desarrolla. Y será entre los 6 y los 8 años cuando estén preparados para comprender que los Reyes Magos no son reales, o al menos no en sentido estricto.

¿Papá Noel o Reyes Magos? Lo que no: consumir por consumir
Cada familia, por unas razones u otras, prefiere a uno o a los otros. Son mayoría las familias que prefieren la tradición de los Reyes Magos por ser algo muy nuestro, otras se decantan por Papá Noel porque llega antes y así los niños disfrutan durante todas las vacaciones de sus regalos. Sea como sea, lo importante es evitar que nuestros hijos se conviertan en pequeños consumistas y pidan y pidan juguetes con la excusa de que llegan las Navidades. Aunque en estas fechas es bonito regalar, sobre todo a los niños, no lo convirtamos en la obligación de comprar por comprar. No sirve de nada que tu hijo amontone juguetes en cantidad, porque no les prestará atención. Regala juguetes a tu hijo, por supuesto, pero no le enseñes que el consumo trae la felicidad ni que los juguetes se consiguen sin esfuerzo. Al revés, enséñale valores como la generosidad, el hecho de dar y no solo recibir. Si lo que pretendes es conseguir que tu hijo disfrute de los regalos, que no sean todos en Navidad, distribúyelos a lo largo del año, regálale cosas que le sorprendan, que siempre haya algún libro que tenga algo para captar su atención, e incluso regalos únicos que hayáis hecho a mano. Y por supuesto, pensad que el mejor regalo de todos los que podéis hacerle a vuestro hijo es vuestro tiempo, el que dedicáis a estar con él en el día a día, sea o no sea Navidad.

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