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Natalia Berger

Observemos un bosque. Un bosque no requiere abonos ni pesticidas, y sin embargo crece con salud. En un bosque no hay “desechos”, todo lo que el bosque produce es reabsorbido por él mismo. El equilibrio que se produce en un bosque es el paradigma de sostenibilidad: podrían pasar milenios sin que ese sistema se colapsara. Ocurre lo mismo con las selvas, los arrecifes y todos los ecosistemas terrestres y marinos, en cualquiera de los climas de este planeta. Hace tres décadas, Bill Mollison observaba el milagro de los ecosistemas y decidió empezar a trabajar en un diseño integrado, sostenible y autosuficiente, que tomara por modelo la naturaleza. Así nació la permacultura, de las palabras “(agri)cultura” y “permanente”.

Fluir con la naturaleza

Cualquier cosa puede ser un desecho o un recurso. Los excrementos de los animales, por ejemplo. Pueden suponer un problema si tratamos de deshacernos de ellos. Sin embargo, si los empleamos para hacer abono o fertilizante orgánico, eliminamos la necesidad de producir fertilizantes químicos. Los fertilizantes químicos provienen del petróleo, un recurso no renovable.

La permacultura se basa en la observación de la naturaleza para imitar patrones como ese.

Aprovechamiento de espacios y funciones

¿Alguien puede imaginar que la naturaleza cree de forma natural un campo de tomates dónde sólo haya tomates? Ese tipo de cultivo no es natural y nos hace dependientes de pesticidas y fertilizantes externos, ya que de otro modo la tierra agota sus nutrientes y es incapaz de seguir generando vida. La permacultura propone un sistema cooperativo, de este modo pueden beneficiarse los unos de los otros. Un ejemplo de ello es la práctica indígena de cultivar calabaza, frijol y maíz juntos: el maíz requiere un suelo muy fértil y agota los recursos de la tierra donde se cultiva. Ahí entra el frijol, que aporta nitrógeno y nutrientes al suelo. Gracias al maíz, el frijol puede crecer hacia arriba sin exceso de trabajo por nuestra parte. Tanto el maíz como el frijol deben agradecer a la calabaza que cubra el suelo, evitando malezas y conservando la humedad. Inteligente ¿verdad?

La permacultura en nuestras realidades urbanas

Hoy en día la permacultura cubre la producción de alimentos, la construcción natural, la tecnología apropiada, el desarrollo comunitario y los sistemas legales y financieros para alcanzar el objetivo de una cultura para la permanencia: sistemas integrados, funcionales y perdurables. Los conocimientos que ha desarrollado la permacultura son, a fin de cuentas, una valiosa información en un momento en que la sostenibilidad se impone como única respuesta activa frente a la crisis ambiental que vivimos. Aunque pueda parecer que estos diseños se pueden aplicar sólo a la agricultura, la permacultura ha avanzado mucho en el desarrollo de sistemas regenerativos en general y esos conocimientos ya se están aplicando al mundo urbano.

Actualmente ya existen ciudades que en su desarrollo tienen en cuenta los elementos urbanos y tratan de aprovecharlos en su favor. Un diseño urbano inteligente nos permite, por ejemplo, aprovechar los distintos microclimas que provocan las paredes y edificios altos, con sus distintas orientaciones. En cuestión de reciclado de agua, algunos ayuntamientos han creado cañaverales, para facilitar el asentamiento de las aves y así ayudar a mejorar el ecosistema acuático, tan deteriorado en las ciudades. En algunos casos se ha ido más allá, creando barrios sostenibles en los que, por ejemplo, todos los servicios básicos se encuentran a una distancia máxima de 500 metros de cualquier vivienda y ninguno de sus habitantes necesita transporte motorizado. O qué os parece este proyecto en fase de propuesta para Tokio: crear urinarios públicos que aprovechen la orina para fertilizar los parques urbanos. ¡Cuántos parques se podrán fertilizar en una ciudad como esa!

 

La producción de alimento y energía renovable, el diseño del paisaje y la organización de estructuras sociales… Los ciclos, los conjuntos, la simbiosis… Los climas, los ecosistemas, las especies… La ciencia de la permacultura ha estudiado todos esos aspectos para permitir diseños eficientes y sostenibles que se puedan autoregular a largo plazo. Si existe un modelo de futuro viable, muy probablemente esté en esa linea y nos alegramos de ver que lentamente deja de ser una subcultura agrícola para integrarse lentamente en nuestra realidad.

2 Comentarios
  1. petra

    a mi la idea de fertilizar los parques con el orín, por muy ventajosa que sea, no deja de darme cierto repelús… pero muy interesante el artículo, francamente.

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