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Como cada lunes venimos con una propuesta nueva, esta vez de reflexión, pero que esperamos que tenga un efecto en la práctica, porque lo que venimos a contarte hoy es que las palabras que usas para expresarte cuentan, y mucho.

Para introducir el tema queremos hablar de unos estudios que realizó el psicólogo John Bargh en 1996. Estaba estudiando las influencias de todo aquello que vemos y oímos en el comportamiento y para uno de los experimentos pidió a un grupo de estudiantes de la universidad que realizaran unos ejercicios con unas palabras, los estudiantes creían que tomaban parte en un estudio de lingüistica. Cuando acudían a entregar los ejercicios, se encontraban con que el profesor estaba atendiendo a otro estudiante (en este caso un actor) que tenía problemas con el ejercicio. El estudiante se veía obligados a esperar 10 minutos y, aunque no lo sabía, esa era la verdadera prueba.

Los ejercicios que habían realizado los distintos estudiantes eran ligeramente distintos: Un grupo había trabajado con palabras asociadas a la agresividad o el conflicto, como “desfachatez” o “disturbio”, un segundo grupo había tenido que trabajar con palabras amables y optimistas, como “cortesía” o “educado”. Un tercer grupo de control trabajaba con palabras neutras, como “preparar” o “ejercitante”.

El grupo de las palabras de cortesía y amabilidad, esperó de media 9.3 minutos y más del 80% esperaron los 10 minutos sin interrumpir la conversación, mientras que el grupo de las palabras agresivas esperó de media 5.4 minutos, y sólo un 35% esperaron los 10 minutos hasta el final. Los estudiantes del grupo de control esperaron 8.7 minutos de media.

Cuando se les pregunto por qué habían elegido esperar o interrumpir, ninguno de los estudiantes sospechó ni por un momento que su capacidad de ser amables o impacientes había sido manipulada, pero el experimento prueba que todos estamos sujetos a la influencia de las palabras que nos rodean: las que escuchamos y las que pronunciamos, las que leemos y las que escribimos.

Una vez contada esta historia, queremos volver a la propuesta de la semana: usa bien tus palabras, elígelas con mimo y recuerda que con ellas estás modificando mucho más de lo que crees.

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