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Por la belleza de sus playas y calas, de aguas limpias y tranquilas, la isla de Menorca es sin duda uno de los destinos turísticos más importantes de nuestro país. Pero esta isla del archipiélago balear es mucho más que esto, y destaca también por su gran atractivo natural. Uno de sus muchos parajes naturales que merece la pena visitar es el Barranc d’Algender, un territorio que prácticamente podemos calificar de virgen, declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 1998. Se trata de un lugar con vistas y paisajes de una gran espectacularidad, que posee un ecosistema de gran valor medioambiental. Por él vamos a poder realizar distintas rutas, tanto a pie como en bicicleta, en las que descubrir bellos parajes, bruscos acantilados, restos de construcciones de otras épocas, terrenos que usan técnicas de cultivo ya centenarias y rincones enigmáticos cargados de leyendas.

Cómo llegar
Una vez en la isla de Menorca, se puede llegar al Barranc d’Algender desde los pueblos de Ciutadella o Ferreries. Desde Ciutadella hay que seguir el Camí Reial, hasta Son Guillem, y desde allí bajar a pie por el antiguo camino que conserva parte de su empedrado. Desde Ferreries hay varias rutas: se puede seguir el Camí Reial en dirección a Ciutadella, o tomar el camino vecinal que permite llegar en coche hasta la misma entrada del barranco.

Un paraje virgen y legendario a descubrir
Situado entre los municipios de Ciutadella y Ferreries, y extendiéndose a lo largo de 7 kilómetros, el Barranc d’Algender constituye uno de los ecosistemas más ricos y variados de la isla. Rodeado de una exuberante vegetación mediterránea y recortados acantilados, con paredes rocosas de más de 80 metros de altura, además de cuevas y fuentes que se abren en sus rincones y que manan todo el año de sus entrañas, este paraje resulta especialmente bello, y un lugar tradicionalmente fértil. El torrente, que nace en el Puig de Santa Magdalena, desemboca en Cala Galdana, una de las más bonitas playas de la isla.

Con agua durante todo el año, la humedad y protección contra el viento que ofrecen las paredes del barranco favorecen una flora silvestre exuberante y huertos de gran fertilidad. Matas, higueras, árboles frutales y acebuches, uno de los arbustos más típicos de Menorca, se encuentran en diversas partes del barranco. También, algún ejemplar de murta, cuya flor se usaba para simbolizar el amor. Detrás de los árboles y arbustos, campos de cultivo donde pastan vacas, ovejas y caballos. La fauna del entorno también es espectacular. Su cielo nos deleita con diversidad de aves. Sus cuevas naturales son un lugar ideal de refugio y reposo de gran cantidad de aves, especies tanto diurnas como nocturnas. Entre ellas, abundan rapaces como el cernícalo común, el aguililla calzada o el halcón peregrino. También es posible escuchar rapaces nocturnas como la lechuza o el autillo. Pero sin duda la rapaz más habitual en la zona es el alimoche, que utiliza las cuevas y acantilados para criar y establecer sus dormideros nocturnos.

Además de su gran belleza natural, el Barranc d’Algender tiene una gran importancia histórica. En él se han encontrado restos humanos que datan del año 2.200 a.C., y que están considerados como los más antiguos de los hallados en la isla. Estos hallazgos arqueológicos corresponden al período pretalayótico, época en la que los habitantes que poblaban estas tierra vivían en cuevas, en el fondo de los barrancos, y se dedicaban a la agricultura y a la ganadería. Considerado como paraje extraño y plagado de leyendas, el Barranc d’Algender guarda en algunos de sus rincones hechos extraordinarios, como la leyenda en torno al secreto rincón de el Pas de´n Revull, un lugar que descubrir a través de las rutas que nos ofrece este barranco.

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En ruta: por el Camí Reial y el Pas de´n Revull
De dificultad media y una distancia total de aproximadamente 10 kilómetros, la ruta por el Barranc d’Algender nos va a hacer gozar de un precioso paseo donde la tranquilidad y la belleza son impresionantes. La ruta comienza a las afueras del pueblo de Ferreries, siguiendo el Camí Reial, una antigua vía que cruzaba Menorca de parte a parte, hoy con un itinerario ligeramente diferente al de la actual carretera general. Existen referencias históricas que fechan la existencia del Camí Reial ya en el siglo XIV, aunque no se descarta que antes pudiera formar parte de una calzada romana. Recientemente, y gracias a los voluntarios y vecinos de Ferreries se ha conseguido mantener el Camí en buenas condiciones. Lo mejor para disfrutar de este camino es hacerlo con calma,  observando la gran diversidad de plantas, flores y pájaros que habitan la zona.

Durante el recorrido pasaremos por Es Caneló, la casa de colonias, en la parte alta del barranco, desde donde descenderemos para pasar por el bucólico y enigmático Pas de´n Revull. Cuenta la leyenda que un moro bandido desembarcó en Cala Galdana, refugiándose en una gruta del Barranc d’Algender. Lo único que se sabía de él es que tenía una gran melena negra y rizada, por lo que se le conocía como “en Revull” (el Rizos). El moro, después de robar frutas y gallinas a los payeses, se internaba por las frondosidades cercanas al pequeño torrente. Y tan perfecto fue su escondite que jamás lograron alcanzarlo. Y es que este paisaje compuesto de paredes altas y rocosas, una espesa vegetación y caminos llenos de recovecos y tramos angostos hacen que se trate de, además de un paraje especialmente bello, del lugar donde nacen multitud de leyendas que hacen referencia a la presencia humana en este barranco. El recorrido acaba por la parte alta del barranco, desde donde descenderemos hasta retomarlo en su parte final para llegar a la desembocadura de su torrente en Cala Galdana.

La gastronomía menorquina
Durante siglos, y debido al hecho de ser una isla con recursos limitados, en Menorca se ha practicado una cocina sencilla y de subsistencia, aprovechando al máximo los alimentos de la tierra y el mar. Podría decirse que la escasez puso a trabajar la imaginación para que salieran platos  excelentes. Un alimento básico, pero muy versátil y aprovechado en la cocina menorquina es, por ejemplo, el pan. Desde muy antiguo ha existido en Menorca un amplio surtido de panes, y así ha llegado a nuestros días. Además de ser alimento principal de desayunos y meriendas, junto con el queso o los embutidos de la isla, el pan acompaña todo tipo de platos y sirve de base para recetas dulces y saladas, como migas ralladas, calderetas o la sopa oliaigua, una sopa muy humilde de origen payés, a base de tomates, cebolla, ajo, pimiento verde, aceite y agua, que dan nombre a esta popular sopa (oli i aigua: oliaigua).

Los quesos con Denominación de Origen Mahón-Menorca y los embutidos elaborados con la carne del cerdo son también parte esencial de la gastronomía menorquina. Los quesos, con un gusto y un aspecto exterior de forma cuadrada muy particulares, tienen tres variedades según el grado de maduración: tierno, con un gusto suave y de color blanco marfil; semicurado, de color anaranjado y más salado; y curado, con un color exterior más tostado y amarillo en el interior, de sabor intenso y un punto picante. Y entre los embutidos obtenidos de la matanza del cerdo, el más característico es la carn i xulla, puesto que sólo se produce en Menorca y se remonta a la charcutería antigua romana. Un embutido crudo curado, hecho con carne magra y tocino. Y por supuesto, la famosa sobrasada, embutido crudo curado especiado con pimentón, que se presenta en sus variantes tierna o curada.

Destacan además productos propios de la tierra como la miel, que goza de fama desde muchos siglos atrás, debido a la gran variedad de flores del campo de Menorca, que le otorgan a la miel un gusto fino y delicioso. Y la mahonesa, el producto de origen menorquín más famoso y consumido del mundo, una salsa ideal para numerosos platos cuya “paternidad” está llena de controversias, aunque la mayoría de estudiosos la atribuyen ciertamente a Menorca. Y en cuanto a recetas menorquinas, los productos del mar han estado siempre muy presentes en su gastronomía, destacando platos como el arroz caldoso o las calderas de pescado, marisco: sin duda el plato más emblemático de la cocina actual es la caldereta hecha con las sabrosas langostas de Menorca.

 

Fotos cedidas por: Fundació Destí Menorca

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