Guadalajara


Natalia Berger

Guadalajara es una provincia llena de rincones con encanto, poblaciones históricas, bellos entornos naturales y donde el buen comer y la hospitalidad son otros de sus atractivos. Concretamente la Alcarria es una zona de la provincia de Guadalajara plagada de paisajes naturales grandiosos en los que se enmarcan conjuntos urbanos con un rico patrimonio histórico, como iglesias, palacios y arquitectura civil de diferentes estilos.

A orillas del río Tajuña, y a tan solo treinta kilómetros de Guadalajara capital, se encuentra Brihuega, una villa monumental, declarada Conjunto Histórico Artístico, que merece la pena visitar. El Premio Nobel Camilo José Cela ya señalaba su interés para viajeros y turistas en su obra Viaje a la Alcarria. Con su especial sentido del humor, Cela describe esta tierra como “un hermoso país al que la gente no le da la gana ir”. A tan solo tres kilómetros de Brihuega, se encuentra Cívica, una aldea muy especial que nos sorprenderá por estar excavada en la ladera de una loma rocosa. Lo más increíble de Cívica es que, a día de hoy, no aparece prácticamente en ninguna guía y gran parte de los viajeros desconocen su existencia.

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Cómo llegar
Situada a tan sólo 90 Km de Madrid, llegar a Brihuega en autobús o en coche es muy fácil, y no tardaremos más de una hora. Existen líneas regulares de autobuses que conectan Brihuega con Guadalajara y la Estación de Méndez Álvaro de Madrid. En coche, iremos por la A-2, dirección N-II Barcelona, y tomaremos la salida 73 hacia Torija, Brihuega o Torre del Burgo.

BrihuegaBrihuega: un entorno natural plagado de historia
La Alcarria es un raro ejemplo de zona no montañosa que nos ofrece un fuerte contraste con relieves tan distintos como páramos, extensas campiñas con vegas fértiles, valles, cerros y fuertes pendientes. Al entono natural se suma una asombrosa arquitectura popular y el atractivo de ciudades monumentales cargadas de historia. Es el caso de Brihuega, situada en el mismo corazón de la Alcarria, enclavada en un entorno paisajístico excepcional como es el valle del Tajuña, y una de las villas más famosas, pintorescas y con más historia de Guadalajara.

Jardines_Real_Fabrica_de_Panos_BrihuegaBrihuega es encantadora por su situación, por sus alrededores, por estar plagada de joyas artísticas y por la simpatía de sus habitantes. Su centro histórico cuenta con una fantástica Plaza Mayor, dos iglesias románicas de gran belleza y un edificio muy particular: la Real Fábrica de Paños, cuyos jardines se han llegado a comparar con los del mismísimo Palacio de Versalles. También posee murallas de origen árabe, reconstruidas en el siglo XII, que conservan dos de sus puertas: la de la Cadena y la del Cozagón. Para contemplar su grandiosidad, es muy recomendable atravesar el arco y alejarse un poco por el antiguo camino, para disfrutar de una bonita panorámica de los paños de muralla conservados, además de la vega del río Tajuña. En nuestro recorrido no puede faltar la visita al al Convento de San José y al Castillo, también de origen árabe, que conserva su recinto amurallado y en cuyo interior podemos ver la Capilla de la Vera Cruz.

Iglesia de San Felipe . Brihuega

Cívica: una aldea excavada en la roca
Entre las localidades de Masegoso de Tajuña y Brihuega, la aldea abandonada de Cívica parece un lugar sacado de una película fantástica o de un libro de Tolkien. Se trata de un lugar con un aire misterioso, curioso y pintoresco. Un pequeño conjunto urbano, emplazado en un paraje de gran belleza, visible a pie de carretera, cubierto de frondosa vegetación con arroyos y cascadas surgiendo por todas partes, con grutas, manantiales, cavidades, corredores y pasajes obra de la naturaleza. A ellos se mezclan elementos arquitectónicos como escaleras, terrazas, arcos, paseos, rellanos, puertas y balaustradas de piedra, que evidentemente son obra del hombre. Un curioso conjunto cuya mayor peculiaridad es estar excavado en la ladera de una loma rocosa.

Poblado_de_Civica

La pregunta que nos hacemos entonces es: ¿cómo surgió este pueblo? Pues se trata de una construcción reciente, aunque dé la sensación de tratarse de una aldea muy antigua. Y su responsable fue Don Aurelio, un sacerdote enamorado de la belleza del entorno, que heredó los terrenos donde se encuentra este laberinto rocoso. Durante años, se dedicó a construir este lugar tan especial, invirtió en el acondicionamiento de los túneles, grutas y pasadizos que se habían formado por los efectos erosivos del agua sobre la pared, y levantó arcos ojivales, barandillas y escaleras para comunicar las cavidades entre sí. Un proyecto cuyas obras eran realizas por cuadrillas de albañiles, y que se prolongaron hasta los años 60 del siglo XX. El resultado: un pueblo hoy abandonado que merece la pena descubrir por su originalidad y por ser una combinación perfecta entre la obra del hombre y de la naturaleza.

Disfrutar la gastronomía de Guadalajara
La gastronomía de Guadalajara, fiel a sus tradiciones, ofrece productos tradicionales elaborados según las costumbres más ancestrales. Destacan los sabrosos asados de cordero y cabrito, aromatizados con las variadas hierbas que abundan en los campos de la zona. Entre ellos, gozan de gran reconocimiento el cabrito jadraqueño o el Cordero de La Alcarria.

Otros platos del recetario guadalajareño son la sopa de ajo, las migas, las gachas, las judías al arrope. Además, están los exquisitos platos procedentes de la caza menor, como son la perdiz, codorniz, conejo, jabalí o venado. Y de sus numerosos ríos y arroyos, destacan las finas truchas y los suculentos cangrejos. Mención especial merecen los sabrosos productos de la matanza del cerdo, como morcillas, chorizos, jamones, lomos en adobo, tocinos o somarros. Sin olvidarnos de su numerosa y exquisita diversidad de hongos, entre los que destacan el níscalo, el boletus, las setas de cardo, además de la codiciada trufa autóctona, encargada de aromatizar muchos de los platos típicos de la cocina de esta provincia. En cuanto a los postres, el producto estrella son los bizcochos borrachos, además de las Yemas del Doncel de Sigüenza, las “Patas de Vaca” de Molina de Aragón, junto a los populares sequillos, roscas y alajús.

Una buena muestra de la riqueza gastronómica de Guadalajara son sus tres Denominaciones de Origen. Por un lado, la Miel de La Alcarria, una variedad que se obtiene de flores silvestres, ya que en toda la comarca son abundantes los matorrales y las plantas aromáticas. También, el Aceite de la Alcarria, un aceite joven que se obtiene de la aceituna verdeja, caracterizado por su sabor frutado, por ser un aceite aromático, equilibrado y untuoso. Y por último, la Denominación de Origen Vino de Mondéjar, con variedades de uva rosada, blanca y tinta, en sus vertientes tempranillo, cencibel y cabernet-sauvignon.

 

Fotos cedidas por: Servicio de Turismo de la Diputación de Guadalajara

 

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