La Estación de Canfranc


Penelope Coronado

Canfranc es una pequeña localidad pirenaica, muy próxima a Francia y al Parque Nacional de los Pirineos, que sorprende a quien la visita por su combinación de montaña, en la que poder practicar deportes de nieve en lugares tan conocidos como Candanchú o Astún, por su gastronomía y patrimonio cultural y por ser el lugar donde se encuentra la bellísima Estación Internacional de Canfranc, catalogada como Bien de Interés Cultural. Un lugar mágico, hoy cerrado al transporte ferroviario, que debido a su espectacularidad sirvió como escenario para filmes de la talla del mítico Doctor Zhivago. Os contamos qué ver y qué hacer en Canfranc, porque se trata sin duda de un destino que merece la pena visitar por las posibilidades que ofrece y por aunar tanto belleza cultural como natural.

La Estación de Canfranc

Cómo llegar
Si queremos llegar en coche a Canfranc, partiendo desde Jaca, deberemos tomar la N-330. Y tras pasar por Castiello de Jaca y Villanúa, llegaremos a Canfranc y una vez allí a Canfranc Estación, dejando la entrada del Túnel de Somport a nuestra izquierda. Además, podemos optar por el tren, utilizando la línea Zaragoza-Canfranc, o por el autobús, tomando las líneas de autobuses que dalen desde Huesca, Jaca y Pamplona.

La Estación de Canfranc
La Estación Internacional de Ferrocarril de Canfranc nace, allá a principios del siglo pasado, con el objetivo de crear un paso fronterizo que comunicase España con Francia a través de los Pirineos. En su construcción se utilizaron diferentes materiales como el cristal, el cemento y el hierro, propios de la arquitectura industrial del momento. Las obras de construcción arrancaron en 1915, tras la Primera Guerra Mundial. Y sería el rey Alfonso XIII quien inaugurara la estación en 1928, año en que entraría en servicio. Su momento de esplendor iban a ser los años treinta, convirtiéndose entonces en el gran escaparate de España ante los visitantes extranjeros. Pero desgraciadamente la estación se cerraría entre 1945 y 1949 por desacuerdos políticos con el gobierno francés.

Lo que más llama la atención de esta estación situada en mitad de los Pirineos es su esplendoroso edificio principal, construido a base de hierro, cristal y cemento, materiales propios de la arquitectura industrial del momento. Con influencias de la arquitectura francesa y del Art Déco, este bello edificio consta de un gran vestíbulo donde se encontraban las taquillas, además de varios muelles para trasbordo de mercancías y un depósito de máquinas. En los laterales, se acomodaban el puesto aduanero, la comisaría de policía, correos y un hotel internacional. En su interior, llaman la atención los grandes ventanales y los suntuosos trabajos en madera de gusto Déco. Y en el exterior, su distintivo es el tejado curvo apizarrado, coronado con cuatro pináculos en los flancos.

Toda esta grandiosidad nos da una idea de cómo debía de ser la vida y el tránsito de pasajeros por esta estación hoy clausurada. Y aunque actualmente no podemos visitar las diversas dependencias interiores de este edificio, igualmente resulta mágico contemplarlo por fuera, y pasear por sus muelles y vías, respirando además el aire puro de la cercana montaña. Una buena noticia es que se están llevando a cabo diferentes propuestas de rehabilitación de este conjunto histórico.

La Estación de Canfranc

Rutas alrededor de Canfranc
Para descubrir más sobre la historia y belleza natural de este importante enclave pirenaico, tenemos a nuestro alcance innumerables tipos de rutas, desde las más cortas y sencillas, aptas para toda clase de viajero, incluidos niños, hasta las más largas y de mayor dificultad, por tratarse de rutas de alta montaña. Si optamos por las rutas de dificultad baja, de corto recorrido, podremos realizar pequeños paseos alrededor de Canfranc Estación, pasando tanto por la zona urbana como por los bosques de ambas vertientes del valle. Son rutas interesantes el Paseo de los Melancólicos o el Paseo de los Ayerbe, que nos adentran en un denso bosque de coníferas como pinos y abetos, y también nos permiten disfrutar de la presencia de otros árboles como hayas, avellanos o fresnos.Podemos también optar por los paseos hasta las Fuentes de la Herradura y del Burro, o hasta los barrancos de Epifanio, Samán o Cargates, en la ladera este de Canfranc Estación, o los de Secrás y Estiviellas, en la ladera oeste. Otra ruta sorprendente es la que nos acerca hasta los antiguos búnkeres. Un conjunto defensivo, tipo “búnker”, construido a lo largo de la vertiente pirenaica española entre los años 1944 y 1959. Se trata cientos de posiciones de hormigón armado, levantados en las cabeceras de los valles fronterizos, por el temor a una posible invasión militar desde el sur de Francia que nunca se produjo.

Y si lo que nos gustan son las rutas de largo recorrido por alta montaña, también existen muchas opciones. Como subir hasta los dos picos de la Pala de Ip o el pico de la Moleta, donde descubriremos un denso pinar de pino silvestre donde aparecen sueltas o en pequeños rodales otras especies como avellanos, fresnos, hayas, abetos o abedules. O también ascender al pico de Larraca y una vez allí acceder sucesivamente a las cumbres de Mala Cara, Canal Roya, Peña Blanca, Pico de Aneu y Cuyaralet. Para esta clase de rutas, más exigentes técnicamente y en cuanto a resistencia física, aunque no presentan gran complicación, es importante tener en cuenta que se desaconseja su recorrido a personas con vértigo y poco acostumbradas a la alta montaña.

La Estación de Canfranc

La gastronomía aragonesa
Y como siempre, si hay otro factor determinante que nos anime e invite a visitar estas rutas que os proponemos por nuestro país: ese es sin duda la gastronomía. Y en este caso, el recetario típico de Aragón no va a dejarnos indiferentes. Destacan entre sus platos el bacalao al ajoarriero, que consiste en bacalao desmigado, frito con ajos y mezclado con patatas, cebollas y huevos batidos. Los boliches de Embún, variedad de judía blanca de esta población de Huesca, que se come cocida a fuego lento con cebolla, zanahoria, puerro, laurel, ajo, morro de cerdo, chorizo, aceite de oliva, agua y sal. La borraja, sin duda la verdura más singular y apreciada de Aragón, que se cocina de muchas formas, sobre todo, con patata y rehogada con aceite de oliva.

También son típicos los caracoles, las migas con jamón y uva, las truchas a la molinera, que van fritas en sartén con aceite o manteca de vaca y jugo de limón, el pollo al chilindrón, salsa a base de tomate, cebolla, ajo, pimiento rojo y jamón rehogados en aceite de oliva, o las magras con tomate, exquisito plato tradicional aragonés que se prepara con carne y salsa de tomate. Y ya con nombres más pintorescos, destacan platos como el Recao de Binéfar, plato aragonés que se compone de judías blancas, patatas y arroz o las Sopas canas, un preparado tradicional parecido a las gachas, asociado a personas de origen humilde como pastores, que lleva fundamentalmente pan y leche.

En cuanto a los postres y dulces, los hay deliciosos y muy elaborados, como las frutas de Aragón, que son frutas confitadas cubiertas de chocolate negro, las castañas de Huesca a base de mazapán cubierto de chocolate negro, la trenza de Almudévar, los lazos de Jaca, el guirlache o turrón típico de Zaragoza a base de almendras y azúcar, los adoquines del Pilar, las tortas de alma, las cocas o el melocotón con vino. Y en cuanto a sus vinos, Aragón posee diversas Denominaciones de Origen de gran calidad como Somontano, Cariñena, Campo de Borja o Calatayud. Sin olvidarnos de los vinos que se elaboran con la denominación Vinos de la Tierra, como el Vino de la Tierra de Bajo Aragón, el de Valle del Cinca, el de Valdejalón, el de Ribera del Gállego-Cinco Villas, Ribera del Jiloca o del Queiles.

Fotos realizadas por David Ibañez, y cedidas por el Ayuntamiento de Canfranc

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