embarazo y sexualidad


Penelope Coronado

Desgraciadamente, existen muchas falsas creencias relacionadas con practicar sexo durante el embarazo. Sobre todo, resulta curioso que se hable tanto sobre el futuro niño y tan poco sobre el sexo, cuando es precisamente este el origen de los niños, porque a fin de cuentas, si venimos al mundo es gracias a la sexualidad. Quizá la culpa sea de esa sociedad heredada y pacata que llevamos a cuestas, que históricamente y durante siglos veía la sexualidad como un vicio o una flaqueza, que utilizaba cuentos como que los niños los traía la cigüeña desde París, y que de alguna manera ha querido separar lo inseparable: el embarazo y la sexualidad. Culturalmente y también cotidianamente, incluso hoy en día, nos cuesta concebir el tener vida sexual durante el embarazo. Primero nos olvidamos de que una mujer se queda embarazada como producto de tener relaciones sexuales y, además, consideramos que esa mujer que se ha quedado en estado es una especie de ser asexuado que no debe sentir ninguna clase de excitación ni libido, porque su tarea es dedicarse enteramente a su gestación. Ocurre, sobre todo, que existe una enorme desinformación sobre este tema. Cuando en realidad, y salvo situaciones especiales y excepcionales que nos va a indicar nuestro médico, la vida sexual durante el embarazo no solo no provoca ninguna alteración a la madre ni al niño, ni perjudica la evolución del embarazo, sino que mantener relaciones sexuales durante esas maravillosas 40 semanas repercute positivamente en la salud de la futura madre.

Hormonas, cambios, trimestres
Nos guste o no, nos entiendan los hombres mejor o peor, las mujeres somos un saco de hormonas, sobre todo durante el embarazo. Estrógenos, progesterona, prolactina, y al final oxitocina, serán las hormonas que segreguen nuestras glándulas para que pueda crearse la placenta, producirse la gestación de nuestro bebé, generar las contracciones que nos llevarán al parto y producir finalmente la leche materna con la que alimentaremos a nuestro hijo. Ocurren muchas cosas y muchos cambios, tanto físicos como emocionales y psicológicos, en el cuerpo y en la cabeza de una mujer embarazada. Todas estas alteraciones afectan sin duda a la sexualidad de la mujer, y como ningún embarazo es idéntico, y cada una de nosotras somos también distintas, el deseo sexual va a variar mucho de una mujer a otra, y mientras algunas mujeres aumentan su libido otras sufren el efecto contrario. En cualquier caso, tenemos todo el derecho a decir sí, a decir no, y a decir cómo.

También el deseo sexual variará a lo largo de las 40 semanas de embarazo, ya que cada nuevo trimestre de gestación va a ser diferente del anterior. En los primeros noventa días de embarazo será cuando más notemos que dentro de nuestro cuerpo está pasando algo crucial, y por eso las molestias físicas como vómitos o mareos, náuseas y sensación de asco, el cansancio constante, a veces dolores en el vientre y una gran necesidad de dormir mucho. Es lógico que estas molestias, muchas veces inconcretas pero que nos hacen sentir gran malestar, hagan que disminuya nuestro apetito sexual, y en el primer trimestre de embarazo se reduzca la frecuencia de las relaciones sexuales con nuestra pareja. Eso sí, los miedos que todas sentimos a la pérdida en este periodo, que se manifiesta en pesadillas o en cierta inestabilidad emocional, no deben ser el motivo de reducir nuestra actividad sexual, ya que no debemos sentir temor porque no vamos a dañar al bebé practicando sexo.

Ya en el segundo trimestre nuestro cuerpo y nuestra cabeza se han habituado a llevar dentro un bebé. Sentimos mayor bienestar, ya que molestias físicas han disminuido o desaparecido, y tanto nosotras como nuestra pareja nos hemos adaptado al embarazo, desapareciendo muchos de los temores iniciales. Nuestro abdomen crece, nuestro peso aumenta, pero nos sentimos fuertes, seguras, guapas, y nuestra vida, también la sexual, se vitaliza y se estabiliza. Todo esto se traduce en un aumento de la frecuencia de relaciones sexuales en este periodo. El tercer trimestre es más complicado, sobre todo al final, y se caracteriza por la sobrecarga y por la llegada de nuevos miedos: temor al parto, angustia ante la posibilidad de que a nuestro hijo pueda pasarle algo, e incluso depresión por verse una demasiado abultada y poco atractiva. Además, ya no somos la misma mujer, nuestro abdomen gigante no nos permite movernos o adoptar determinadas posiciones durante el acto sexual, y la presión constante del bebé sobre nuestra vejiga puede resultarnos realmente molesta. Todo esto provoca una disminución considerable del deseo sexual, y aunque podamos disfrutar las relaciones sexuales, muchas veces simplemente no nos va a apetecer.

El sexo es cosa de dos
Muchas veces son los hombres quienes más reparos sienten a tener relaciones sexuales durante el embarazo de su pareja. También ellos experimentan un distanciamiento sexual, esta vez por otros motivos, por miedo dañar al bebé durante el coito o porque se sienten incómodos por los movimientos fetales cuando el bebé ya se mueve dentro de nuestra barriga. No hay duda que durante el transcurso de un embarazo, la vida en pareja pasa por múltiples y profundos cambios que afectan a la convivencia y por supuesto también a la vida sexual. Lo que deberemos pensar es que, si nuestro embarazo no tiene complicaciones y el médico no nos dice lo contrario, mantener relaciones sexuales va a ser muy positivo para nuestra relación de pareja. Lo más importante será que haya una comunicación fluida en la que hablemos y expresemos nuestros deseos, nuestros miedos, nuestras preferencias. Porque la sexualidad no es sólo genitalidad. En la relación sexual interviene todo el cuerpo y se trata sobre todo de compartir intimidad, amor y placer sensual de la manera que más nos satisfaga a ambos.

Por otro lado, ocurre que muchas veces el hombre no termina de entender todos los cambios y altibajos que la mujer va experimentando a lo largo del embarazo. Por eso es imprescindible hablar con nuestra pareja, para que nos comprenda y no interprete nuestras posibles negativas sexuales como simples caprichos. Tampoco nosotras debemos interpretar las negativas de nuestra pareja como un rechazo a nuestro atractivo físico. Es evidente que nuestro cuerpo cambia a lo largo de las 40 semanas de gestación, aumenta nuestro peso, crece nuestro abdomen, y en ocasiones podemos sentir inseguridad al creer que nuestra pareja ya no nos ve atractiva. Aunque no nos engañemos, durante el embarazo nuestro aspecto físico es distinto, cambia, pero no significa que sea a peor, todo lo contrario, embarazadas estamos más guapas, tenemos el pelo más bonito, nos sentimos más seguras, más fuertes. Y en este sentido, mantener una relación sexual sana, además de incrementar y mejorar el vínculo con nuestra pareja, nos hará sentir más atractiva, valorada, querida y próxima a la otra persona, y nos va a permitir además estar más relajada.

El sexo es también salud
A pesar de ser un tema tabú, no debemos olvidar que la sexualidad es una fuente de salud, de placer, de afecto, sensualidad, intimidad, y creatividad, que está presente a lo largo de toda nuestra vida, aunque la vivamos de forma diferente en cada ciclo vital por el que pasamos. Concretamente durante el embarazo, las relaciones sexuales conllevan grandes beneficios para la mayoría de las parejas. De entrada, son más seguras y no se va a necesitar ningún método anticonceptivo porque evidentemente no va a haber riesgo de embarazo. De hecho, para las parejas que han tenido problemas de fertilidad supone un momento en el que poder disfrutar espontáneamente de su sexualidad, sin pensar en calendarios o días fértiles del ciclo para poder tener relaciones. Significa también una manera de disminuir tensiones y conseguir mayor relajación, la forma de hacernos sentir sexualmente atractivas. Porque para la mujer embarazada es importante conservar su capacidad erótica para mejorar así su autoestima y la armonía conyugal. Y por supuesto mantener la elasticidad y la flexibilidad de los músculos pélvicos nos va a ser de gran ayuda para el parto. Además, las relaciones sexuales durante el embarazo son más románticas, porque se trata de unos meses mágicos para la pareja que cada día viven una nueva experiencia compartida, estrechando así su vínculo afectivo, su complicidad y la participación activa de la futura mamá y el futuro papá en el proceso del embarazo.

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