alergias alimentarias


Una vez inmersos en la primavera, nos encontramos ante un problema que condiciona la vida de muchas personas: la alergia. Aunque en la alimentación no se tenga en cuenta concretamente el factor estacional, no dejamos de estar expuestos al problema de las alergias alimentarias.

En ocasiones, estas reacciones alérgicas no son excesivamente problemáticas, con una sintomatología leve, pero en otras, nos podemos enfrentar a cuadros muy graves que pueden provocar situaciones críticas.

Es importante diferenciar las diferentes reacciones adversas que nos producen los alimentos, pues no es lo mismo una intolerancia, una alergia o una intoxicación. Una reacción adversa es “una respuesta anormal que se atribuye a la ingestión de un alimento”.

Principalmente hay que distinguir dos grandes grupos: aquellas reacciones que son tóxicas, y aquellas que no lo son. Concretamente, de las que hablamos hoy en la entrada, las alergias, son de origen inmunológico (interviene nuestro sistema inmune) y son respuestas exageradas de nuestro organismo como consecuencia al consumo de un alimento. Las alergias alimentarias se producen en personas que ya han consumido previamente ese alimento, este concepto se conoce como sensibilización previa. Una vez sensibilizados, hasta pequeñas cantidades nos pueden producir una alergia alimentaria.

Mientras que las intoxicaciones pueden afectar a cualquier persona, las alergias sólo a aquellas que están predispuestas a estos mecanismos.

Casi cualquier alimento es susceptible de desencadenar una reacción alérgica, pero encontramos un grupo de los principales que están implicados. Los más comunes son:

  • Huevo
  • Pescado y marisco
  • Leche
  • Frutos secos

El motivo de que sean estos, es porque son ampliamente consumidos y tienen antígenos que provocan una sensibilización en nuestro cuerpo. En el entorno pediátrico el huevo es el alérgeno más frecuente, mientras que la leche de vaca es el primer candidato, al ser el alimento que se suele recibir en primera instancia tras la leche materna.

SINTOMATOLOGÍA

Aunque hay variabilidad dependiendo de cada persona y el alimento, los síntomas más comunes responden a urticaria, edemas, dermatitis, nauseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea… Normalmente acompañados de picor en la boca si se ha ingerido el alimento. Normalmente los solemos encontrar de forma simultánea y no necesariamente son específicos de un alimento en concreto.

¿CÓMO SE TRATA?

Mediante la eliminación del alimento en la dieta. Es el método más eficaz y es el primer paso a instaurar en las personas alérgicas. Siempre tras un adecuado diagnóstico médico y no sólo por la experiencia personal, ya que de esta manera podemos encontrar otras alergias asociadas y asegurarnos de cuál es nuestro problema de salud.

El tratamiento farmacológico debe ser únicamente para atajar los síntomas que puedan aparecer tras la ingestión accidental, nunca la norma a seguir. Es común, que las personas que tengan un historial de reacciones anafilácticas graves porten una dosis de adrenalina autoinyectable para paliar la gravedad de esta reacción.

RECOMENDACIONES

Es importante conocer y leer bien el contenido de las etiquetas, sobre todo de los alimentos procesados, y familiarizarse con los nombres técnicos o científicos de los ingredientes. Muchos alérgenos, o alimentos como leche o huevo, pueden no aparecer como ingrediente en una etiqueta, pero en ella puede indicar la presencia de caseína, caseinato de sodio o sólidos de leche (empleados como aditivos en ciertos alimentos como embutidos industriales).

Conocer los ingredientes de cualquier producto alimentario manufacturado o comercializado para eliminar la posibilidad de estar en contacto con un alérgeno oculto en las comidas. El control del etiquetado debe ser permanente, incluso para alimentos consumidos habitualmente, ya que los ingredientes de muchos productos pueden cambiar a lo largo del tiempo. No nos debemos confiar y por tanto hay que revisar de manera regular también las marcas que no nos suelen dar problemas.

PRECAUCIONES ESPECIALES EN NIÑOS:

Para el colegio:

Es imprescindible que en el centro escolar tengan conocimiento de la alergia del alumno, esto se debe hacer con naturalidad, y no por ello los niños deben sentirse excluidos de las actividades escolares en base a sus alergias. Para ello no se puede improvisar, y es necesario que se sigan las recomendaciones del pediatra, y que tanto el profesorado como los monitores del comedor sepan de antemano las actividades y la condición de los chavales para garantizar la seguridad.

Se debe hablar y formar a las personas que vayan a estar con el niño, para que sepan actuar en caso de emergencia y proporcionar los primeros cuidados. También es importante hablarlo con el resto de compañeros para que no se intercambien alimentos, haya menos contaminaciones en su comida y se pueda realizar alguna sesión de educación alimentaria con la gente de su alrededor.

Hacia el niño:

Debe ser consciente de que no puede intercambiar comida ni tomar nada de otras bandejas, que no debe consumir alimentos que no hayan sido proporcionados por ciertas personas (que deben ser aquellas que hayamos informado previamente sobre la alergia). Ayuda mucho practicar en casa ejercicios de identificación de alimentos a eliminar y cuáles a consumir, e ir familiarizándose poco a poco con el listado de ingrediente que no son aptos para su dieta.

Por supuesto, si así lo requiere, debería llevar un brazalete que lo identifique y adrenalina autoinyectable en caso de ser necesaria.

La condición de sufrir una alergia no es incompatible para nada con una rutina corriente, pero llevar a cabo estas medidas de precaución son preferibles para evitar problemas mayores.

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