ver la tele-


Penelope Coronado

A los niños les gusta ver la tele. Y como padres es natural que nos preocupemos por los efectos que pueda tener en nuestros hijos, en su desarrollo emocional e intelectual. Ocurre además que ya no podemos limitarnos a hablar de los efectos de la televisión, porque también están los ordenadores, los móviles, las tablets, los videojuegos, quizás por eso sea más adecuado hablar de tiempos de pantalla para referirnos a esas horas que los niños pasan delante de la pantalla que sea. Y sí, está más que comprobado que estar delante de una pantalla demasiadas horas tiene un efecto negativo en ellos. La tele no es buena para los niños por muchos motivos. Ni es un buen entretenimiento, ni una buena fuente de información, y tampoco es el mejor medio para que aprendan por mucho que ahora se estilen dibujos supuestamente didácticos y educativos. Pero lo queramos o no lo queramos, la televisión es parte de nuestra cultura. Y no vamos a poder evitar que nuestros hijos la vean. Por eso, en este artículo me gustaría hablar de por qué no debemos dejar que nuestros hijos vean mucha tele, porque será responsabilidad nuestra trabajar en reducir la cantidad de horas que pasen viéndola. Y también me gustaría plantear alternativas y opciones, porque hay muchas maneras de ver la tele.

 

Por qué no es bueno que los niños vean mucha tele

Poner la televisión en casa significa añadir a nuestro entorno tanto sonido o estimulación auditiva como imagen en movimiento o estimulación visual. De momento esto no deja mucho espacio libre a la imaginación. Y es este uno de los principales problemas de ver la tele: que fomenta la pasividad y restringe la imaginación infantil. Muchas horas de tele significan menos oportunidades para que los niños ejerciten su imaginación y creatividad, y también restan tiempo para participar con otras personas, para conversar o para hacer otras actividades. Basta con fijarnos en cómo nuestro hijo, viendo la tele, parece como en un estado de trance, sin atender a ningún otro otro estímulo y muchas veces casi sin escuchar lo que le decimos. Esta pasividad no es nada deseable para los niños, menos aún para los de corta edad. Además, ver mucha tele puede afectarles haciendo que duerman peor, se acuesten más tarde, sean menos colaboradores, aparte de que el sedentarismo que conlleva se asocia directamente a la obesidad infantil o a la diabetes.

No hay que olvidar el lenguaje de la tele. Incluso los programas propiamente infantiles contienen situaciones violentas. Comprobadlo: peleas, explosiones, ritmo trepidante, situaciones de peligro. Sin entrar a juzgar en si los niños se vuelven o no más violentos viéndola, lo que sí hay que tener en cuenta es que crea en ellos una desensibilización hacia la violencia, al haberse acostumbrado a ella. Y no cabe duda que el mundo sería un lugar mejor si los niños reaccionaran con desaprobación al ver actos violentos. Además, la tele puede ser también fuente de miedos, por las situaciones atemorizantes a las que los niños se exponen. Y ocurre una cosa curiosa, y es que podría pensarse que el lenguaje hablado de la tele les ayuda a mejorar su propio lenguaje, y no es así. Los niños que ven más tele son los que normalmente tienen un menor nivel de lenguaje, ya que las habilidades lingüísticas las desarrollan teniendo oportunidades de comunicación activa con otra gente. La tele entorpece la adquisición del lenguaje y empeora los rendimientos escolares.

Tampoco la televisión puede ser un sustituto de las actividades concretas y reales que realizamos en la vida. Durante la infancia es mejor que los niños pasen tiempo haciendo actividades de forma activa. Por ejemplo, los anuncios, que para nosotros resultan una molestia insignificante, para los niños tienen un impacto muy fuerte. Los anuncios son seductores y engañosos, y los niños pequeños no entienden que los anuncios tratan de vendernos un determinado producto, que la gente que sale son actores. Ellos suponen que son realidad, y esto es muy peligroso. Además, hay que tener en cuenta que para los niños de corta edad lo que ven por televisión es totalmente real. La tele no les ayuda a distinguir lo que es realidad y fantasía y les causa más confusión.

 

Maneras y maneras de ver la tele

¿Y cómo hacemos que nuestros hijos vean menos la tele? Para algunas familias la solución a este problema es no tener televisión en casa, es la manera más eficaz de que nuestros hijos no la vean. Pero eliminar la tele, aunque sea por una temporada larga, puede resultar demasiado drástico para muchas familias. Aunque decidamos que sí haya tele en casa, nuestro cometido va a ser reducir al máximo las horas delante de una pantalla. Antes de nada será bueno meditar sobre dónde estará esa tele, cuántas más habrá o cuántas pantallas en total, si el niño tendrá una en su habitación, claro que igual esta no es muy buena idea si queremos reducir los tiempos de visionado, menos aún si queremos controlar contenidos. Y es que, controlar los contenidos que ven nuestros hijos ya es más complicado, sobre todo si la tele esta encendida sin más, a la suerte del canal elegido, sus programas, sus anuncios.

Controlar el contenido es difícil, pero si somos padres preocupados se puede hacer algo al respecto. Los canales y las instituciones encargadas de regulaciones y códigos éticos sobre protección de la infancia no van a pensar en nuestros hijos, pero nosotros sí podemos hacerlo. Y hoy en día tenemos cada vez más herramientas y opciones. Existen por ejemplo canales infantiles especializados, algunos de ellos sin anuncios, que de alguna manera filtran sus contenidos para que su programación se adecue a pequeños, menos pequeños y jóvenes. La Smart TV es una buena opción para encontrar y elegir contenidos muy concretos pensados para los niños, igual que en internet o en una tablet se pueden encontrar contenidos y apps de calidad para niños. No todo es basura en lo audiovisual. Hay gente preocupada por ofrecer contenidos a los más pequeños en proyectos de web series, en apps para tablets o móvil. Claro que como padres, hay que currárselo, no vale con encender el botón de la tele, poner el primer dvd que encontremos, enchufarles la primera app que abramos en el móvil o abandonarles sin más a esa pantalla que también les colocamos cuando van en el coche. La pregunta que hacerles será más bien “¿qué programa quieres ver?”, y no “¿quieres ver la tele?”.

Lo que hay que procurar siempre es no dejarles solos frente al televisor, y sobre todo evitar tenerlo encendido cuando no hay nadie viendo un programa determinado. Si tus hijos tienen predilección por un programa o una película, una buena idea es verlo juntos. Ver la tele en compañía puede resultar beneficioso porque, primero, vemos qué es exactamente lo que ellos ven y así podremos valorarlo y ver de paso sus reacciones, y además romperemos ese aislamiento que crea la tele al estar juntos y poder hacer comentarios sobre lo que se ve. Así será un visionado menos pasivo, un rato de estar juntos, de conversar sobre temas que le interesen a tu hijo, de aprender juntos, de incluso estar a su lado cuando el niño sienta miedo ante una situación atemorizante.

También ocurre que a nosotros mismos nos gusta ver la tele, disfrutar de una serie, ver un informativo o una película. Y será entonces cuando tocará negociar y llegar a acuerdos con los hijos, implicarse y buscar soluciones para todos. Una alternativa si a todos nos gusta ver películas es ir al cine, una actividad que resulta bonita de hacer en familia, que ya no es estar delante de la caja tonta, y que a los niños les encanta.

 

Ponerles la tele nos resulta cómodo, idear actividades supone esforzarnos

No cabe duda que a los padres nos resulta cómodo que nuestros hijos vean la tele. Es una forma de olvidarnos de ellos por un rato, y aprovechar para hacer todas esas cosas que siempre tenemos pendientes y que con ellos nos resulta tan difícil. Pero lo que no podemos es usar la televisión como si se tratara de una niñera. Esto no ayuda. También hay que evitar a toda costa que el ver o no ver televisión se convierta para los niños en un premio o castigo. Y tampoco los planteamientos autoritarios no serán de ayuda. Apagar la tele sin explicación, o por el simple “porque yo lo digo” no nos servirá de nada. Hay que tener en cuenta los sentimientos de los niños, hablar con ellos al respecto, y sobre todo ofrecerles alternativas sugerentes. De entrada, no van a querer cambiar sus dibujos favoritos por leer un libro. Prepárate a oír quejas, rabietas, un no rotundo. Como ocurre en todo con los niños, hay que tener paciencia y mucha perseverancia. Nadie mejor que vosotros conoce a vuestro hijo. Y si por ejemplo es fan de Bob Esponja, no va a querer dejar de ver los dibus por hacer otra cosa, pero cuando acabe el episodio, podemos aprovechar para proponerle alguna actividad que sepáis que le gusta o que tiene que ver con lo que acaba de ver: preparar juntos una hamburguesa casera para la cena puede ser perfecto. Y aquí hay que decir una cosa en favor de las mamás: nosotras nos lo curramos muchísimo mas que los papás. Generalmente somos nosotras quienes más procuramos evitar la tele y preparar actividades alternativas, y no es extraño que cuando el papá se encarga del niño, acabe encendiendo la tele, porque es lo más cómodo.

 

Alternativas a la tele, echar mano de la imaginación

De entrada, la mejor manera de evitar la tele es no estando en casa. Las horas de cole, las de parque, el pasear o hacer actividades en familia fuera de casa son horas sin tele. Analízalo, en verano, seguro que tus hijos ven menos la tele. Están más tiempo fuera, en la piscina, en la playa, en el pueblo. El invierno es más difícil, porque los ratos de estar en casa se multiplican. Por eso, no dejes de hacer planes: bibliotecas, museos, centros culturales, excursiones y mucho aire libre. Porque la cultura de la imagen que tanto les atrae, de llegar a los niños por medios que no sean exclusivamente la televisión, y hay muchas cosas que ver y que hacer, tanto en espacios cerrados como en el medio natural, que es el que más conviene a los pequeños.

Ante todo, echa mano de la imaginación. Que nuestros hijos vean menos tele implica trabajar ese aspecto como padres. Invéntate cosas que hacer, planes, o pregunta a tu hijo qué le gusta, qué le interesa, qué le divierte. No podemos pretender cambiar la tele por un libro que lean ellos solos o un juego al que ellos jueguen solos. Hay que poner de nuestra parte. Porque ideas hay muchas, incluso para hacer dentro de casa cuando fuera hace frío o llueve. Y si no se te ocurre nada, aquí van algunas buenas ideas: calcar dibujos o mapas, enseñarle a hacer una cometa, hacer construcciones, manualidades con plastilina, con témperas o acuarelas que les encantan por tener que hacer uso del pincel, con la sugerente y sencilla técnica de collage, hacer pulseras o collares con botones o macarrones, jugar a algún juego de mesa, proponerles hacer una colección de cromos, sellos, monedas, jugar a las canicas, a las chapas que ellos mismos pueden decorar, enseñarles a hacer edificios con cartas, hacer carreteras, jugar a juegos de ingenio como el veo-veo, las adivinanzas, las palabras encadenadas, elegir un cuento y hacer una sesión casera de cuentacuentos o títeres, si tiene un órgano, un xilófono o un tambor componer juntos una canción, disfrazarse con ropa nuestra del armario, hacer trucos de magia, enseñarle a hacer un teléfono con algunos yogures y una cuerda, o si falta poco para su fiesta de cumpleaños hacer juntos las guirnaldas, las tarjetas de invitación… Aunque es difícil de competir con la tele, con un poco de imaginación, y sobre todo echándole ganas y tiempo, comprobaréis que vuestros hijos estarán encantados de estar con vosotros con la tele apagada.

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