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Vivimos rodeados de objetos y adjudicamos a cada uno, una función. Una mesa por ejemplo, sirve para comer o cocinar. Pero ante los ojos de un niño nacen nuevos significados, “¿Qué es una mesa para un niño de un año, independientemente del empleo que hacen de ella los adultos? Es un techo. Se puede acurrucar bajo la mesa y sentirse dueño de una casa: de una casa a su medida, no tan grande y terrible como la casa de los mayores.” En el libro ‘La Gramática de la Fantasía’, el escritor Gianni Rodari nos anima a redescubrir los objetos cotidianos del hogar y vivir una experiencia única.

Lo primero que conoce un bebé es su casa, poco a poco va descubriendo los colores, texturas, sonidos de muebles y electrodomésticos. Con el gateo, la aventura comienza y lo que para nosotros son objetos invisibles se convierten en fascinantes materiales de exploración. Mientras juega, el niño estudiará los objetos y no dejará de formular hipótesis al respecto, “abriendo el grifo, corre agua y esto no le impide creer que del otro lado, hay un señor pone el agua en el tubo para que pueda salir”.

Gianni Rodari nos anima a imitar el comportamiento de los más pequeños de la casa. Argumenta que si recuperamos la admiración por las cosas cotidianas, los objetos se convertirán en fuente inagotable para contar historias. El escritor italiano nos da algunas claves para desarrollar la imaginación en familia.

¿Qué pasaría si?

Gianni Rodari explica que la técnica de la hipótesis fantástica es muy simple. Hay que escoger al azar un sujeto y un predicado para que empiece el juego, por ejemplo, ¿qué pasaría si pudiésemos volar en casa? En ‘La Gramática de la Fantasía’, el escritor formula algunos ejemplos de lo más sorprendentes, “¿Qué pasaría si un cocodrilo llama a vuestra puerta para pedir un poco de romero?”o “¿Qué pasaría si vuestro ascensor sube hasta la luna?”

Los materiales bajo lupa

Si reflexionamos acerca de los materiales, podremos imaginar que los protagonistas de nuestras historias están hechos de vidrio, hierro, madera o chocolate. “Si aceptamos la propuesta del hombre vidrio este tendrá que actuar, moverse, entablar relaciones, sufrir accidentes, provocar sucesos atendiendo solo a la materia de la que está hecho”. Explica Rodari que como es transparente, “se le podrán leer los pensamientos en la mente”y al ser frágil, “su casa estará tapizada con alfombras y colchones”.

Redescubriendo nuevos usos

Rodari nos anima a deformar las palabras e imaginar nuevos usos, por ejemplo, “un sacapuntas se transforma en un objeto fantástico y hasta divertido si el prefijo ‘saca’ se sustituye por ‘mete’ y la palabra se transforma en un ‘metepuntas’. Un metepuntas no sirve para afilar los lápices, sino para que las puntas crezcan sin consumirse. Con la consiguiente rabia y desesperación de los propietarios de papelerías…”

¿Los tenedores pueden hablar?

Por supuesto que los tenedores pueden hablar. Y además, pueden tener sentimientos. Si pensamos en los tenedores, las cucharas o las lámparas del salón como personajes de nuestras historias, podremos imaginar un montón de aventuras. El escritor nos recomienda empezar con los objetos más cercanos a los niños, por ejemplo, “la historia de una cama que no quería dejar dormir al niño. Se ponía al revés, saltaba hasta el techo, corría por el piso y se caía por la escalera…”

Insiste Gianni Rodari en que todo el mundo puede crear historias, solo hay que acostumbrarse a mirar con otros ojos y sobre todo, seguir el camino que nos trazan los exploradores más expertos. En el arte de inventar historias… ¡Los niños siempre llevarán el mando!

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