La vitamina C es una de esas vitaminas reinas por antonomasia en invierno. Aunque parece discutible la idea de que la vitamina C prevenga resfriados, sí parece cierto que acelera la recuperación de los mismos. Además hemos de tener en cuenta que la época de las naranjas, icono alimentario de la vitamina C, es el invierno y el comienzo de la primavera. ¿Y si aumentando la ingesta de vitamina C prevenimos de manera inesperada otros problemas y enfermedades?

 

Aunque menos popular por desgracia, tanto o más clara es la relación de la vitamina C con la salud cardiovascular. De hecho, la idea de que la vitamina C es un imprescindible para prevenir problemas cardiovasculares no es precisamente reciente, sino que viene de lejos. Tanto como de los años 80 al menos de la mano de Matías Rath y Linus Pauling, quienes popularizaron en el mundo médico la idea realmente cierta de que los mamíferos que pueden fabricar su propia vitamina C parecen no sólo inmunes al escorbuto –enfermedad por deficiencia de vitamina C- sino también a la enfermedad cardiovascular. Incluso en los años 40 del siglo pasado, el patólogo canadiense Patterson confirmaba la falta de vitamina C en los pacientes con problemas cardíacos. Él aseguraba que la causa última de un ataque al corazón no era la placa coronaria, sino su desestabilización y ruptura. Un año después apuntó a la carencia de vitamina C como causante de tal ruptura de placa.

 

A pesar de que las ideas de Patterson no corrieron gran gloria mediática, sin duda pareció una señal casi caída del cielo que una década después otro patólogo canadiense como él llegara a casi idéntica conclusión: Willis descubrió el anormalmente bajo contenido de vitamina C en las arterias de los fallecidos por enfermedad cardiovascular. Pero no se quedó ahí, puesto que decidió someter a los cerdos de guinea –mamíferos que no producen, como los humanos, vitamina C- a una dieta casi sin tal vitamina. ¿Qué sucedió? Los animales desarrollaban problemas arteriales. Y el hecho de que el añadirla de nuevo a la dieta fuera realmente curativo, le llevó a postular su teoría de la vitamina C.

 

Patterson y Willis hicieron grandes descubrimientos que hoy en día siguen respaldados por la ciencia. Y, ¿por qué la vitamina C parece tan importante para la salud cardiovascular? A decir verdad, la C es una vitamina multibeneficios para la salud cardiovascular. Citemos sólo algunos:

 

–        Retarda el avance de la arterioesclerosis (endurecimiento y estrechamiento de arterias)

–        Mejora e incluso revierte el deterioro de la función de las paredes arteriales

–        Promueve la conversión del exceso de colesterol en ácidos biliares que facilitan la digestión de grasas

–        Ayuda a controlar la presión sanguínea

 

Pongamos por un momento nuestra mente en el mundo cosmético. ¿Para qué nos dice con razón la industria cosmética que debemos emplear vitamina C sobre la piel? En efecto, para favorecer la producción de colágeno. Pero pensemos un poco más, ¿para qué es muy importante también el colágeno? Para las articulaciones, es cierto, pero también para otro cometido: para mantener la elasticidad de las arterias. Por eso la vitamina C favorece la correcta vasodilatación arterial, algo sin duda beneficioso para todas las personas con hipertensión o angina de pecho.

 

Por si esto fuera poco, la vitamina C es un importante antioxidante. Y, para quien aún necesite de motivos para dejar el tabaco, recuerda que fumar destruye la vitamina C de nuestros cuerpos. Quizás ahora entendamos con redoblada razón por qué fumar es tan perjudicial para el corazón.

Así que consumir alimentos ricos en vitamina C es parte del tan necesario seguro contra la mayor epidemia de nuestros días: la cardiovascular. Quizás nunca pensaste que naranjas, mandarinas, fresas, kiwis o papayas podían hacer tanto por ti y tu corazón.