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Penelope Coronado

Estas fechas navideñas son muy especiales para quienes tenemos hijos, y es que es a ellos a quienes más ilusión hacen estas fiestas, porque vienen los Reyes Magos con sus regalos, y porque, no lo olvidemos, es cuando a nosotros nos resulta más fácil, o menos complicado, cogernos algunos días de vacaciones para pasarlos con nuestros pequeños. Porque no cabe duda que a los niños lo que les gusta es jugar, y hacerlo en nuestra compañía.

Por desgracia, los mayores siempre vamos corriendo, del trabajo a casa y de casa al trabajo. Y entre medias de todas las obligaciones, está el pasar tiempo con nuestros hijos. Un tiempo muy importante, que no siempre tenemos, y que a veces suplimos con regalos. Pero no hay que confundir el hecho de regalar, con considerar que con eso ya está hecho todo. Porque los juguetes no pueden darles el cariño y la compañía que ellos necesitan, ya que eso es algo que debemos darles nosotros, los padres. Así que, nada mejor que hacernos esta pequeña reflexión durante estas fechas tan señaladas: regalar más tiempo a nuestros hijos, para jugar y estar con ellos, y menos juguetes.

El síndrome del niño hiperregalado
Así es como los expertos en psicología infantil han denominado esa tendencia que consiste en suplir el tiempo que no pasamos con nuestros hijos, con regalos que a priori reemplazan a mamá y a papá. La consecuencia: un niño que, al recibir tantos regalos, acaba por no valorar lo que tiene. Porque, siempre que hay una acumulación de juguetes, los niños pierden la ilusión, se vuelven caprichosos, egoístas y consumistas. Pedagógicamente, no tiene sentido regalar tantos juguetes a un niño, porque acaba dándole demasiada importancia a lo material, cuando lo que realmente necesita es atención por nuestra parte, y compartir tiempo y juegos con nosotros, sus padres.

En estos tiempos de crisis es indudable que la mayoría de familias nos hemos visto obligadas a ahorrar, ya que no podemos permitirnos grandes gastos en juguetes durante estas fechas navideñas, por más ilusión que les hagan a nuestros hijos. Pero también ocurre que vivimos en una sociedad donde a los niños se les invita, desde los propios canales infantiles de televisión, a hacerse con los juguetes de moda, y nosotros mismos les hemos enseñado a suplir con juguetes nuestra presencia. Como padres, debemos tener en cuenta el peligro de esta tendencia. Y es que, sin duda, los niños piden juguetes, igual que nosotros los pedíamos, pero una cosa bien distinta es motivarles para que sean niños consumistas, poco interesados en utilizar la imaginación en sus juegos y que cataloguen a las personas por el precio del regalo que les hacen pero no por su valor emocional y afectivo.

Elegir los juguetes que realmente necesitan
Cuando regalamos juguetes a nuestros hijos debemos elegir siempre aquellos que estén adaptados a su edad, juguetes que les ayuden en su crecimiento y desarrollo, pensados para evolucionar como personas, y mejor todavía: juguetes que les inviten a usar la imaginación y a colaborar. Un buen ejemplo son los juegos de mesa, que enseñan al niño a compartir, a interactuar con otras personas, a respetar unas normas y unos turnos, a tolerar la frustración y a saber ganar o perder.

Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de elegir juguetes para nuestros hijos: el mejor juguete no es necesariamente el más caro. Y aunque sí sea importante que el niño desee un juguete, porque conseguirlo le hará sentir una gran ilusión y felicidad, conviene no comprar juguetes para simplemente satisfacer un capricho momentáneo del pequeño. Ni tampoco adelantarnos siempre a sus deseos, porque el exceso de juguetes mata la fantasía y produce aburrimiento. Y un pequeño detalle: tendremos que instruir a los familiares, especialmente a los abuelos, para que no regalen juguetes de forma indiscriminada.

Para jugar no siempre son necesarios los juguetes
Los niños necesitan jugar. Esto es innegable. Pero, como padres hemos de pensar: ¿qué es lo que los niños reclaman más allá de los juguetes? ¿Qué es lo que están reemplazando con objetos? Es más, como padres, seguro que nos hemos dado cuenta que, además del tiempo que pasan nuestros hijos jugando con juguetes, está ese interés que sienten por otras cosas, más creativas, que no precisan de hacer grandes gastos sino que simplemente requieren usar la imaginación. Seguramente este sea un buen camino en el que trabajar. Porque a nuestros hijos, si tenemos el tesón y el interés necesarios para descubrirlo, les van a estimular otras cosas que no son solo los juguetes, y según la edad que tengan, veremos que les satisface mucho dibujar, construir con sus propias manos cosas que les motivan, ya sea un circuito de coches, una casa con sus distintas habitaciones, ropa para su muñeca, o confeccionar con cartón y objetos reciclados una nave espacial o unos disfraces.

Se trata de cambiar el consumismo por el tiempo compartido en familia, de eligir menos regalos, menos juguetes, y que los niños aprendan a valorarlos, de darles cosas más gratificantes, como por ejemplo un paseo, una excursión o un juego de mesa compartido en familia. Se trata de seguir regalando a los niños, pero regalarles tiempo, algo que no cuesta nada, pero que sin duda supone más esfuerzo. Porque, aunque es posible malacostumbrar a los hijos regalándoles demasiadas cosas, no es posible echarlos a perder con demasiado amor, cariño y tiempo compartido. Hazles saber que te sientes feliz con ellos y que te importan, préstales tanta atención como puedas, y que ese sea tu regalo para ellos, el más valioso de todos.

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