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A través del dibujo los niños dicen muchas cosas de sí mismos. El papel garabateado va a ser su primera gran obra, un nuevo medio de comunicación y de expresión, y sobre todo un nuevo lenguaje. Además, el dibujo será la manera de conocer el estado de ánimo de nuestros hijos, ya que en él veremos lo que el niño siente, piensa, desea, lo que le inquieta, lo que le hace sentirse triste o alegre. Por eso los papás nos interesamos, o nos debemos interesar, por los dibujos que hacen nuestros hijos. Porque hemos de tener en cuenta que el dibujo infantil favorece la creatividad, ayuda al niño a tener más confianza en sí mismo, a expresar sus sentimientos, a madurar psicológicamente y permite además desarrollar la motricidad fina, es decir, aquella que se relaciona con el movimiento de los dedos, lo cual facilita los procesos posteriores de la escritura.

El primer registro gráfico de los niños es el garabato y tiene lugar alrededor de los 18 meses de edad. Se trata de un paso muy importante en su desarrollo, ya que este primer trazo, que al principio será involuntario y simplemente el resultado de ofrecerles un papel y unos lapiceros, marcará el comienzo de la expresión, que progresivamente y al cabo de unos años lo llevarán al dibujo y a la palabra escrita. Los papás no tenemos que tratar de encontrar en estos primeros garabatos algo reconocible, y tampoco hemos de decirles qué dibujar o qué copiar. Lo importante será invitarles a descubrir la magia que se esconde detrás de unas pinturas de colores y de un cuaderno en blanco, y ya serán ellos quienes por sí solos manipulen estos elementos creando sus primeros garabatos. También será importante que los papás nos interesemos por esos garabatos que dibuja nuestro hijo, preguntarles qué es lo que hacen o pintan. Ellos deben sentir que es un camino correcto de comunicación y de expresión. Porque para ellos es importante este nuevo lenguaje, por eso, después de hacer un dibujo garabateado, los niños tienen la percepción de que han hecho algo importante, y por eso nos obsequian con orgullo con esos primeros trazos que han dibujado.

Las fases del dibujo en los niños

Aunque cada niño tiene sus propios tiempos, ocurre que más tarde o más temprano los padres descubrimos en ellos que van pasando por diversas fases de conocimiento y desarrollo. En el caso concreto del dibujo, esas fases suelen dividirse en la etapa del garabato incontrolado, la del garabato controlado y la del garabato con nombre, que van hasta los 3 o 4 años de edad. Luego vendrán los dibujos pre-esquemáticos, hasta los 6 años de edad, y posteriormente, de los 6 a los 9, descubriremos la etapa del esquema, y más adelante, vendrán la etapa de la reproducción fiel y de la representación espacial.

Garabatos incontrolados

Al principio, cuando el niño empieza a experimentar con el dibujo, sus garabatos serán descontrolados o desordenados. Trazos sin ningún orden ni sentido, saliéndose del papel, donde no hay una coordinación cerebro-ojo-mano. Simplemente el niño sujetará el lápiz como mejor considere, sin control visual sobre su mano, haciendo mucha presión, realizando los trazos moviendo el brazo desde el hombro, y a veces moviendo todo su cuerpo. Será poco a poco como aprenderá a hacer el movimiento desde el codo y luego desde la muñeca y los dedos. En esta etapa, el niño no tiene intención de representar nada que haya visto. Hace trazos incontrolados simplemente porque le produce placer, y disfruta de las sensaciones táctiles y del movimiento que supone rayar un papel con un lapicero. También le gustará experimentar con los materiales que le demos, por eso será importante proporcionarle herramientas adecuadas como ceras, folios o cuadernos, rotuladores o lápices de colores aptos para niños.

Garabatos controlados

A medida que el niño va realizando trazos, el dibujo se va perfeccionando. Y llega un momento en que descubre que hay cierta relación entre los movimientos que realiza y los trazos que quedan plasmados en el papel. Lo que antes eran rayas desordenadas hechas sin ningún control, empiezan a tomar forma. Esto suele ocurrir unos seis meses después de haber comenzado a garabatear, y abarca aproximadamente hasta los tres años de edad. Se trata de un paso muy importante y una experiencia vital para él, porque descubre que tiene un control visual sobre los trazos que realiza. Por eso, ahora el dibujo es para ellos una actividad muy estimulante, que realizan con gran entusiasmo y esmero, porque son conscientes de poder dirigir su mano al lugar deseado. Además de una coordinación visual y motora, ahora sí va a haber una intención representativa. Aunque los papás no podamos reconocer lo que ha querido representar nuestro hijo, al garabatear, él va a intentar reproducir un pensamiento o algo que ha visto.

El dibujo con formas reconocibles

Alrededor de los tres años es cuando el niño comienza a dar nombre a sus garabatos, es la fase de los Garabatos con nombre. Será entonces cuando, aunque nosotros no podamos reconocer a nadie, nos dirán: “Este soy yo en el coche del abuelo” o “Estos son papá y mamá conmigo en el parque”. Se inicia entonces una nueva etapa de mucha importancia en el desarrollo de nuestros hijos. Porque, a la intención representativa, se suma el conectar los garabatos dibujados con el mundo que rodea al niño. Al dibujar, los pequeños asocian sus trazos con objetos de la realidad a los que dan nombre, las formas que dibujan ya son cerradas y circulares, más reconocibles, usando el color con un criterio expresivo, anunciando a veces qué es lo van a dibujar antes de comenzar, y concentrándose y dedicándole tiempo al dibujo.

En torno ya a los cuatro años, comienza la etapa del dibujo preesquemático. Es ahora cuando descubriremos representaciones comprensibles. Los movimientos circulares y longitudinales evolucionan dando lugar a un conjunto definido de líneas que ya representan algo definido. Las formas son reconocibles, y generalmente lo primero que los niños logran dibujar es una figura humana, formada por un círculo para la cabeza y dos líneas verticales para las piernas. En cualquiera de estas etapas de aprendizaje, desde el garabateo incontrolado hasta la representación de formas reconocibles, nuestra tarea será siempre animar a nuestros hijos, sin cuestionar o intentar corregir su dibujo. Lo importante será estimularles, animarles y facilitarles que se expresen a sus anchas.

¿Por qué es importante que los niños dibujen?

Al igual que sucede con el juego, dibujando y garabateando, el niño siente el placer del movimiento. El dibujo es una actividad motora espontánea que contribuye a la formación de la personalidad. Cuando un niño domina el movimiento y controla el trazado gráfico madura psicológica, motor, intelectual y afectivamente. El arte, la creatividad y la imaginación desempeñan un papel vital en la educación de los niños. Y el dibujo constituye un proceso complejo, a través del cual el niño reúne diversos elementos de su experiencia para formar un conjunto con un nuevo significado. En este proceso de seleccionar, interpretar y reformar estos elementos, el niño hace más que un dibujo, nos transmite una parte de si mismo: cómo piensa, cómo siente y cómo se ve. Por eso hay que dar al niño la oportunidad de crear constantemente, por medio de su imaginación y a través del dibujo. Porque cuanto mayores sean las oportunidades para desarrollar la sensibilidad y agudizar todos los sentidos, mayor será la oportunidad de aprender y mejor la preparación para su futura capacidad creadora. Porque no olvidemos que el desarrollo de la sensibilidad a través de la expresión que ofrece el dibujar es una de las partes más importantes del proceso educativo.

 

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