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Aitor Sanchez

La alimentación es objeto de constantes “ataques” de grupos, empresas o personas que buscan aprovecharse de un principio humano: “todas las personas comemos”, y lo que es una clave imprescindible para nuestra salud, puede ser entendido como un negocio, y desgraciadamente los intereses no siempre se comparten.

Es muy común encontrar a nuestro alrededor gran cantidad de “dietas milagro” y de métodos de alimentación que se saltan las recomendaciones de salud pública, ofreciendo algo distinto, algo llamativo, normalmente basado en resultados extraordinarios que son los que consiguen atrapar a muchas personas.

Con este artículo, pretendo acercaros y compartir cuáles son las principales características comunes que poseen las “dietas milagro”, para que de esta manera las podáis identificar y evitar en la medida de lo posible, acudiendo a un Dietista-Nutricionista, que es el único profesional sanitario que tiene asignada esta competencia específica.

Tendréis que prestar especial atención a las siguientes cuestiones:

¿Implica el uso de complementos/suplementos/sustitutivos?
Una dieta de adelgazamiento equilibrada debe ser llevada mediante el uso de alimentos, ya que son los que nos tienen que acompañar el resto de nuestra vida; recurrir a otros productos no es ni necesario, ni recomendable, ya que implican que mediante la dieta no se pueden conseguir los objetivos y eso es drásticamente falso, además de un gasto adicional para nuestro bolsillo.

¿Te adaptas tú a la dieta, o la dieta a ti?
Cualquier plan de alimentación que no tenga en cuenta tus gustos, tus preferencias, tu estilo de vida, tus horarios, tus capacidades culinarias… es decir, tu realidad, tiene muchas papeletas de fracasar, ya que no podrá ser mantenida durante mucho tiempo y no la disfrutarás como merece. Comer es un placer, y adelgazar no implica ni pasar hambre ni sufrir.

¿Se atribuye propiedades curativas, adelgazantes, o preventivos?
Una dieta en sí no determina esos resultados, prevenir una enfermedad, adelgazar o el tratamiento de una enfermedad son procesos que dependen de muchos factores, atribuir el resultado final a sólo uno de ellos es inadecuado.

¿Incluye testimonios individuales?
Basar los resultados de cualquier tratamiento, no sólo dietético, en el testimonio de un profesional, (sobre todo se suele recurrir a personas famosas), o recurrir a la experiencia personal es una falacia y no es generalizable ni aplicable para todas las personas. Este tipo de reclamos suelen pretender convencerte, una dieta que esté adaptada para ti no tiene que convencerte, tienes que participar en su elaboración.

¿Promete resultados drásticos, rápidos o espectaculares?
Esa llamada de atención, es normalmente incompatible con nuestra salud, ya que no podemos corregir de manera instantánea defectos de nuestra alimentación que se han mantenido durante el tiempo. Al igual que el peso se ha ganado poco a poco, habrá que perderlo de la misma manera. Planificación y objetivos a medio-largo plazo son esenciales.

¿Implica un seguimiento, hay modificación de la pauta?
Aquellos planes rígidos y estrictos, que no se corrigen mediante una recogida de datos constante (antropometría, análisis bioquímicos…) no tienen la capacidad de modificar los sobresaltos y acontecimientos que así lo requieran, recuerda que adaptar a tu realidad multiplica las posibilidades de éxito.

¿Usa demasiada palabrería pseudocientífica?
Como recientemente he explicado en una colaboración sobre estafas alimentarias, estos métodos suelen abusar de muchos términos vacíos que no significan nada, si un método recurre a ello es porque no tiene mejores argumentos que ofrecerte.

7 preguntas que debes hacerte mentalmente antes de empezar una dieta, podrían ser muchas más cuestiones a observar, como la prohibición de alimentos, el abuso de alguno de ellos… en definitiva, cualquier pauta que haga pensar que una dieta por sí sola no puede cumplir tus objetivos (salvo en el caso de patologías concretas).

Mucho cuidado y atención con estos métodos, como normalmente digo, las dietas milagro se llaman así precisamente, porque para que funcionen, tiene que ocurrir precisamente eso: un milagro.

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