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Ésta es una escena que la mayoría visualizará rápidamente: se trata de una persona con sobrepeso que, tenaz e incansable, se enfrenta de manera constante en el gimnasio a la cinta de correr o cualquier otro ejercicio cardiovascular. Y, lo aparentemente curioso, es que esa persona no parece perder su sobrepeso a pesar de someterse a intensivas sesiones de sudor.

Alimentación y nutrición aparte, puede que una filosofía de fitness bastante en alza y con un respaldo en aumento pueda explicar este hecho. Esa persona, resumiendo la cuestión, está siendo altamente ineficiente en sus sesiones de ejercicio. Esto es, puede seguir prolongando sus carreras en la cinta, que los resultados seguirán más ausentes que presentes.

La filosofía a la que me refería y que en gran parte puede explicar este tipo de fracasos del ejercicio extenuante y prolongado es lo que se denomina el “ejercicio a intervalos de alta intensidad”. Se trata, condensando el asunto, de ejercicio de duración muy corta pero con una intensidad altísima, lo cual contrasta con la larguísima duración a intensidad intermedia de una maratón. Así pues, estamos en la filosofía opuesta al ejercicio maratoniano.

Su creciente popularidad es tal que el propio New York Times le dedicó este año una columna íntegra al ejercicio a intervalos de alta duración bajo el título de “Cómo estar en forma con unos minutos a la semana”.  Aparte de lo seductor que pueda parecer, la pregunta real es: ¿funciona? Para ello habrá que acudir a los estudios publicados, que los hay.

Lo más fascinante, entre otras cosas, es que el ejercicio a intervalos de larga intensidad puede modificar favorablemente algunos marcadores de salud de manera bastante superior al ejercicio de larga duración. Un estudio aparecido este mismo año estableció que este ejercicio puede ofrecer mejoras cardíacas superiores al ejercicio de larga duración así como que resulta más oxigenante para el organismo. Lo cual significa un golpe de rejuvenecimiento a nuestros pulmones. Otros estudios bastante recientes hablan también de resultados superiores en cuanto a reducción de hipertensión y de exceso de azúcar en sangre.

Siguiendo con las razones que apoyan este tipo de ejercicio, el estudio Harvard Health Professional siguió los ejercicios de nada menos que 7.000 personas para concluir que no es la duración ni la resistencia sino la intensidad la clave para un ejercicio eficaz. Y, como podrá entenderse, la intensidad y la duración son variables inversas: quien corre los 100 metros lisos emplea una intensidad extrema, pero quien corre una maratón no puede hacer eso porque desfallecería a los pocos minutos. La lección es clara: por sudar más no lo vas a estar haciendo mejor.

Sus ventajas son múltiples: te quita menos tiempo, favorece que el cuerpo siga quemando grasa después del ejercicio, mantienes la muscultura al contrario del ejercicio maratoniano en la que tiendes a desgastarla, no necesitas inversiones especiales en equipamientos (la idea es dar el máximo en un ejercicio que dure muy poco, como sprints) y estimula tu concentración máxima. Y esto último es fácil de comprender: un sprint por ejemplo no puedes hacerlo mientras te distraes leyendo una revista o viendo la televisión.

En resumen, tienes que darlo todo física y mentalmente en muy escasos minutos al día. Por ejemplo, el gurú Dr Al Sears habla de 12 minutos diarios de ejercicio a intervalos de alta intensidad, no más. 12 minutos en total, sumando los intervalos de pocos segundos.

Y, en el fondo, este ejercicio entronca con nuestra más ancestral tradición como humanos. El ser humano paleolítico durante largos milenios moldeó su cuerpo no a base de largas carreras inacabables sino de esfuerzos elevados en tiempos muy cortos (mover cosas muy pesadas en sesiones muy breves o marcarse un sprint fugaz para cazar un animal).

Saltos, comba, sprints, abdominales, levantamiento de peso importante…las opciones son múltiples, casi tanto como tu imaginación, y cada vez son más las publicaciones de entrenadores a este respecto.

Y al final, una moraleja parece clara: no se trata de estar constantemente preocupados por nuestra salud y nuestro cuerpo. Se trata de establecer lo que debemos hacer y una vez lo hagamos, hacerlo bien. Es lo mismo que cuando un monitor nos dice que prefiere que hagamos una sola repetición bien que no quince mal.

Y no lo olvides: no siempre más es mejor.

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