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Natalia Berger

El queso nos encanta y sabemos que a vosotros os pasa igual. Es increíble su variedad y su tradición. Nos gusta conocer distintos tipos de queso, degustarlos y saber más de ellos. Hoy os traemos un poco de historia, para los que sois curiosos y os preguntáis cómo llegó a convertirse en algo tan omnipresente en nuestra cultura gastronómica. 

El queso se considera uno de los alimentos más antiguos que hay. Las ovejas fueron domesticadas hace 12.000 años y algunas fuentes sostienen que en el actual Irak ya se producía queso en el año 9000 a.c., aunque las pruebas arqueológicas más antiguas se han encontrado en los murales egipcios, hacia el año 2300 a.c.

Lo cierto es que no se sabe dónde ni cómo comenzó la elaboración del primer queso. Según la mitología griega, fueron los Dioses del Olimpo los que enseñaron a los humanos a elaborar este alimento delicioso y nutritivo. Existe otra leyenda árabe que cuenta que un pastor nómada transportaba la leche de las ovejas dentro de una bolsa hecha con la tripa de uno de sus corderos y que, después de caminar a pleno sol durante horas, al abrir la bolsa la leche se había tornado sólida. Leyendas aparte, probablemente la elaboración del queso fuera descubierta por varias comunidades al mismo tiempo, quizá como forma de conservar la leche. Se calcula que aquellos primeros quesos eran de gusto intenso y salado.

El queso viajó desde Oriente Medio a Grecia y Roma, donde gozó de mucha popularidad, y de ahí a toda Europa. En el clima Europeo, más frío, los sistemas de elaboración se modificaron. Pastores, granjeros y monjes, a lo largo de la historia, han ido variando el origen de la leche (vaca, oveja, cabra, búfala, yak…) y el tipo de leche según el clima y el pasto, así como la coagulación, la maduración y la fermentación. La herencia que tenemos de todo ese trabajo de siglos es una enorme variedad de quesos y toda una cultura que los envuelve.

Filósofos, escritores, poetas y reyes han dejado constancia de su consumo y deleite. Pero también el pueblo llano o las órdenes religiosas tomaron el queso como fuente de proteínas ante las prohibiciones de comer carne o durante su escasez. Solamente durante el siglo XVIII y en España, parece que el queso dejó de consumirse en las mesas más refinadas, por considerarse un alimento vulgar. Ya en el siglo XIX, los franceses volvieron a colocar el queso en la posición de honor que ocupa desde entonces.

En el siglo XX el sector quesero experimentó una notable modernización gracias a los diversos descubrimientos en campos como la bacteriología, la química y la técnica, pero hay que destacar que el toque artesanal no se ha perdido, el queso que se elabora hoy en día es el resultado de miles de años de tradición.

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