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Adolfo David Lozano

El verano es, sin duda, una época para disfrutar. Por supuesto también para disfrutar de la comida y, además, de cuidarse. Todos los veranos nos acordamos del bañador, la toalla de playa y el protector solar entre otros básicos. Pero nuestra alimentación y por ende nuestra salud tienen también sus propios básicos en verano. Si aquel bañador que tanto te gusta no puede faltar en tu fondo de armario veraniego, tampoco deberían faltar en esta época dos imprescindibles en el fondo de tu despensa: el pepino y el tomate.

Pepino

¿Verdad que todos asociamos el pepino, sobre todo en ensaladas, a la época estival? Y lo cierto es que tiene todo el sentido y motivo del mundo. Y es que se sabe que el pepino contribuye a reducir la temperatura de la sangre. Por eso en verano apetece tanto. Pero hay aún más en este fascinante vegetal. El pepino, al ser un 90% agua, contribuye a mantener nuestros niveles de hidratación, y aplicado sobre la piel tiene efectos calmantes –pensemos en agresiones solares- comparables incluso al aloe vera.

Al ser su mayor parte agua, suele referirse el pepino como un vegetal destacado para eliminar toxinas del cuerpo y hay quien sugiere que podría favorecer la prevención de piedras de los riñones. El pepino es rico en magnesio (el mineral relajante) y el silicio (un oligoelemento que favorece a la piel y tejidos), por eso es tan popular en los tratamientos de los spas. ¡Cuán popular se ha convertido, y con fundamento, la imagen de rodajas de pepinos sobre los ojos para descansarlos!

Si el verano, además, es casi por excelencia la época en la que la preocupación por nuestro peso es mayor, aquí también el pepino es un aliado. Aporta agua y nutrientes con una baja densidad calórica rica a su vez en fibra que nos sacia. Su combinación de esteroles y magnesio contribuye a reducir la presión arterial. Si el verano es relajación, has de reducir la elevada presión arterial. Y si tenemos también en cuenta que en verano no faltan las abundantes comidas, has de saber que el pepino ayuda a la producción de insulina para lidiar con el exceso calórico. Ahora sabrás, más que nunca, por qué el pepino es un vegetal por antonomasia del verano. Y por qué un verano sin éste es un verano incompleto.

Tomate

El tomate combina con casi todo en la cocina. Con carnes, pescados, con ensaladas, con un vino, solo, en sándwiches y sin duda es parte imprescindible del veraniego gazpacho… Uno de sus principales nutrientes, y además un poderoso antioxidante, es el licopeno. El licopeno pertenece a la familia de los carotenoides y es uno de los principales responsables del color rojizo de los tomates. Parece que la exposición al Sol de los tomates aumenta la concentración de este nutriente en tanto los tomates madurados al Sol contienen más del mismo que los tomates aún verdes. El licopeno es uno de los nutrientes mejor conocidos para promover una piel luminosa desde dentro.

En la medida en que el licopeno es parcialmente responsable del pigmento en frutas y vegetales que lo contienen, su consumo diario puede favorecer una complexión cutánea más luminosa. Un interesante estudio mostró que el licopeno que contienen los tomates aumenta de modo natural la protección de la piel a la radiación ultravioleta. Los sujetos del estudio que consumieron pasta de tomate de modo diario mostraron mayor tolerancia y resistencia a la radiación ultravioleta.

Esto supone que el licopeno es una sabia adición en un programa antienvejecimiento, especialmente en verano cuando estamos más sometidos al poder envejecimiento que inflige el Sol y sus radiaciones y puede producir manchas, descoloraciones y arrugas. También se sabe que el licopeno protege contra la degeneración macular. Por cierto, las sandías, una fruta muy veraniega también, son igualmente muy ricas en licopeno. La naturaleza es sabia. No lo seas tú menos y asegúrate que el fondo de tu despensa tiene tomates y pepinos al menos en verano.

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