Compra de Navidad

Seguro que cada año leéis (y leeréis) todo tipo de consejos sobre cómo ahorrar en Navidad, como organizar las comidas festivas, mil ideas de menús, etc. Es difícil no repetirse con un tema recurrente año tras año. En las dos semanas que duran en España las fiestas navideñas, de Nochebuena a Reyes, se juntan varias comidas especiales: la propia Nochebuena, la comida de Navidad, Nochevieja, comida de Año Nuevo y comida de Reyes. Sin contar los típicas como cenas de empresa, comidas de amigos, etc.

Los comercios dedicados a la venta de comida aprovechan esta aglomeración de días señalados para subir los precios, especialmente en pescado y marisco fresco, que alcanza en diciembre los precios más altos del año, y en las carnes de más calidad así como en el embutido de alta gama. Con lo que la improvisación puede salirnos muy cara. Te contamos cómo planificar tu compra para evitar sustos.

 

Planifica tu menú de Navidad

 

Lo primero y primordial es planificar el menú, que al mismo tiempo nos llevará a hacer la lista de la compra, teniendo en cuenta las cantidades necesarias según el número de comensales. Esto no lo dejéis para más allá de finales de noviembre.

Aunque se trate de días festivos, el sentido común debe seguir guiando nuestra planificación:

  • Las verduras deben estar muy presentes, ser la parte principal de los menús, aunque en estas fechas vayamos a realizar preparaciones más elaboradas. Sí, se puede hacer un buen menú festivo y saludable.
  • Mucho mejor carnes frescas que embutidos o fiambres, por muy gourmet que sean, así como los quesos sin procesar. Los amantes del foie, recapacitad si de verdad queréis sostener esto.
  • Es un buen momento para consumir marisco y moluscos. Son productos con connotaciones de “día especial”, ligeros y muy nutritivos.
  •  No es necesario que haya carne y pescado en el menú, como platos principales. Es suficiente con una sola opción. Hay varias comidas y cenas especiales muy seguidas para alternar y así no repetirse.

Evita las aglomeraciones y precios altos

 

Si sabemos con antelación en cuales de los días clave nos va a tocar ejercer de anfitriones, podremos planear el tipo de menú que queremos ofrecer y ser previsores: mariscos, moluscos y pescados pueden comprarse con antelación, cuando los precios aún son razonables, y congelarse hasta la fecha clave. Con este sencillísimo gesto es probable que podamos ahorrar bastante, o, con el mismo presupuesto acceder a  productos más especiales o de mejor calidad. La misma fórmula podemos aplicarla a las carnes frescas, quesos y el embutido. Este último suele ser un producto de larga duración, que si además está envasado al vacío puede aguantar varias semanas sin problema, si es que insistimos en servirlo a nuestra mesa.

De esta manera, durante las semanas navideñas solo tendremos que comprar la fruta y verdura fresca, que salvo excepciones (como las uvas antes de Nochevieja), no suele aumentar el precio de forma reseñable, ya que es “la olvidada”.

 

Dulces de Navidad

 

¿Nos olvidamos de los dulces?. No es así, sería muy iluso y poco realista pretender que se tomara fruta de postre en esas fechas aunque sea lo ideal nutricionalmente hablando. Una sugerencia, pero antes hablemos de moderación: la “moderación” de la que tanto hablamos incluye tomar algún dulce típico en ocasiones que solo se repiten una vez al año, como es la cena de Nochebuena o la comida de Navidad. Eso es muy diferente de la “moderación” de tomar un polvorón al día desde el 5 de diciembre al 15 de enero, junto a algún trocito de turrón todas las tardes. Lo ocasional no puede convertirse en rutina.

En lugar de comprar todo tipo de turrones, mantecados, polvorones, bombones y nevaditos, hagamos algo mejor: Busquemos en nuestra ciudad una pastelería o pequeño obrador que elabore dulces navideños de manera artesana y compremos sólo dos o tres de los preferidos en casa. Además de reducir nuestra inversión en productos superfluos, estaremos consumiendo en pequeño comercio en lugar de hacerlo a grandes corporaciones, y es mucho más probable que aunque sean productos con similares cantidades de azúcar, lleven mucho mayor porcentaje de frutos secos e ingredientes de mayor calidad. Los dulces industriales suelen tener peores aceites y harinas. Otra opción para los más valientes, es hacerlos en casa.

Es una buena idea presentar los dulces en pequeñas porciones, acompañados de fruta fresca pelada y troceada, frutos secos y fruta desecada. Y solo en los momentos especiales.

¿A que no era tan difícil hacer una Navidad más económica y saludable?

 

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