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Aitor Sanchez

Tanto las alergias como las intolerancias alimentarias son reacciones adversas que nos producen los alimentos, ambas son respuestas anormales que se atribuye a la ingestión de un alimento, pero entre ellas encontramos diferencias que es importante conocer.

Las alergias alimentarias son reacciones adversas frente a sustancias externas al cuerpo que para una persona no alérgica resultan inofensivas, estas reacciones están mediadas por el sistema inmunitario, que ante la presencia de esta sustancia responde de una manera exagerada y anormal. Como comentamos en anteriores entradas, las alergias alimentarias se producen en personas que ya han consumido previamente ese alimento, este concepto se conoce como sensibilización previa, y una vez sensibilizados, hasta pequeñas cantidades nos pueden producir una alergia alimentaria. El proceso consiste en una sucesión de reacciones que el cuerpo desencadena ante la presencia de una proteína exógena actuando como si se encontrase bajo una situación de infección, liberando sustancias mediadoras en el organismo que nos intentan “proteger” frente a la sustancia ingerida.

Cualquier alimento puede causar una reacción alérgica, sin embargo, debido a su naturaleza y al tipo de alérgenos presentes hay alimentos más frecuentemente implicados. En el caso de la etapa infanto-juvenil, los alimentos que están más implicados en las reacciones alérgicas son la leche y los huevos, mientras que la mayor prevalencia en adultos se da para frutas y vegetales, en el caso de los frutos secos tienen la misma distribución en todas las edades. Aún así, el proceso y desarrollo de la alergia es muy variable, pudiendo aparecer en la adultez o incluso desaparecer o remitir a lo largo de los años.

Los síntomas de las alergias alimentarias pueden afectar a diferentes regiones del cuerpo simultáneamente, incluyendo picores, urticaria, inflamación y ronchas rojas en la piel. En su expresión más seria, encontramos la anafilaxis, una reacción alérgica severa, que incluye problemas respiratorios que pueden poner en riesgo la vida de la persona que la sufre.

A pesar de que comparten los alimentos como agente que las causa, las intolerancias no son lo mismo que las alergias alimentarias.

Las intolerancias alimentarias suelen limitarse a síntomas digestivos como diarrea, vómitos, retortijones… Que generalmente están causados por dificultades a la hora de digerir distintas sustancias o nutrientes de alimento. En ningún caso tiene lugar una reacción alérgica mediada por el sistema inmunitario, esto también marca otra gran diferencia: y es que una intolerancia no pone en riesgo la vida de quien la sufre, mientras que una reacción anafiláctica sí podría hacerlo.

Su carácter meramente digestivo, hace que los síntomas de una intolerancia se demoren a unas horas después del consumo del alimento; no ocurriendo así con las alergias, que se desencadenan de una manera mucho más acelerada.

Los motivos que originan los síntomas de una intolerancia son muy diversos y podemos encontrar los siguientes:
-La disminución o ausencia de enzimas, que son las sustancias que usa nuestro organismo para digerir los alimentos, son la causa de numerosas intolerancias, por ejemplo la intolerancia a la lactosa, por falta de lactasa, la enzima que la hidroliza.
-Otros problemas gastrointestinales, como el síndrome de colon irritable, o la enfermedad de Crohn, provocan intolerancias al afectar la capacidad absortiva y digestiva del intestino.
-Toxi-infecciones, algunas toxinas producidas por microorganismos como bacterias y hongos pueden desencadenar intolerancias y los síntomas que hemos descrito.
-Sensibilidad y aversión: Existen casos que por aprendizaje individual o por sensibilidad adquirida, la persona rechaza el alimento, la etiología es muy controvertida, pero parece estar mediada por procesos somáticos de “protección” del cuerpo por episodios y experiencias anteriores negativas, esto hace que el cuerpo rechace el alimento como mecanismo de defensa.

Matizando el caso de la enfermedad celiaca, es una intolerancia que tiene componentes inmunológicos, pero los síntomas son gastrointestinales (salvo cuando se extienden a dermatitis herpetiforme) y al igual que en otras intolerancias no hay riesgo de anafilaxis.

¿Son hereditarias las alergias o las intolerancias?
El componente familiar y ambiental, tiene gran importancia sobre todo en aquellas cuestiones psicológicas o de rutina, como puede ser el caso de las etnias orientales en la intolerancia a la lactosa, con un fuerte componente cultural por la frecuencia de consumo de leche, o de las aversiones comunes entre progenitores e hijos.

En el caso de las alergias, no se heredan en sí mismas, ya que no es heredable como tal la condición de ser alérgico, sí que se transmite a la descendencia la predisposición a desarrollarlas, ya que las características del sistema inmunológico son heredadas del padre y la madre. Sin embargo, ni la descendencia de padres alérgicos conlleva necesariamente una alergia en la descendencia, al igual que en el sentido contrario: padres no alérgicos con hijos que sí lo son, sucede frecuentemente.
Aún así, el componente hereditario se hace patente en las prevalencias, ya que padres alérgicos tienen con más frecuencia hijos alérgicos.

En el caso de intolerancias como la Celiaquía, tiene componentes hereditarios, pero que no están claramente definidos, esto es debido a que en ocasiones, algunas situaciones autoinmunes, como es el caso de la Celiaquía, se relacionan con la presencia de otras enfermedades de etiología autoinmune, el motivo parece ser que los factores genéticos y ambientales son comunes y predisponen para ambas patologías, además las regiones alteradas en el ADN para algunas enfermedades son comunes, volviendo susceptibles a las personas que cumplen los factores de riesgo, de ahí que se pueden compartir patologías como la Diabetes, Celiaquía, Asma o Crohn.

Desde hace tiempo, los estudios descriptivos vienen mostrando que la enfermedad celiaca se da con una prevalencia del 5-10% entre las personas con Diabetes tipo 1, frente a sólo el 1% de prevalencia entre la población general.

Algunos autores lo atribuyen a esta susceptibilidad genética, que puede predisponer a una segunda enfermedad en las que el sistema inmunológico también interviene. Concretamente en este aspecto se puede deber a que una celiaquía todavía no diagnosticada puede inducir la Diabetes por tener la persona los antígenos del glúten circulantes.

Como podéis ver, los síntomas de una alergia o una intolerancia son la punta de un iceberg muy complejo que esconde tras de sí innumerables condicionantes genéticos y ambientales que son los que finalmente determinarán o no, el convivir con ellas.

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