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Natalia Berger

No es la primera vez que hablamos sobre la lactosa en este blog de Naturarla, ya en ocasiones anteriores hemos tocado el tema. Como este artículo en el que advertimos de trampas ocultas más allá del producto lácteo (especialmente relevante en casos delicados, como las alergias), o este en el que recomendamos fuentes de calcio alternativas, esta serie de preguntas frecuentes sobre la lactosa o esta reflexión de Adolfo David Lozano sobre la lactosa y cómo nos enfrentamos a ella hoy en día. Hoy queremos matizar algunos asuntos enterno al tema, ya que hemos observado que hay algunos puntos en los que todavía existe confusión.

Evitar el autodiagnóstico


Los síntomas que producen la intolerancia a la lactosa son muy inespecíficos: hinchazón abdominal, diarrea, gases abdominales, flatulencia o meteorismo, dolor abdominal, retortijones, náuseas o vómitos… lo cierto es que son síntomas fácilmente confundibles con otras enfermedades digestivas. Muchas personas autoestablecen una conexión entre sus trastornos gastrointestinales y la ingesta de productos lácteos o derivados, por lo que dejan de tomarlos. Existen estudios como este o este que han demostrado la tendencia a sobreinterpretar los síntomas.

Para los especialistas, el autodiagnóstico debería evitarse ya que, por un lado, la variedad e inespecificidad de los síntomas puede llevar a confundir la intolerancia a la lactosa con otras patologías que quedarían sin tratar y, por otro, dejar de consumir lácteos podría entrañar riesgo para la salud por déficit de calcio, vitaminas A y D, ácidos grasos y proteínas, que pueden derivar en falta de masa ósea, pérdida de peso y malnutrición.

Los productos “sin lactosa” no son “más beneficiosos”

Es común creer que los láteos sin lactosa son “más digestivos” , “más ligeros” o que suponen un mejor cuidado para el cuerpo. Se trata de afirmaciones que pueden ser más o menos ciertas… pero sólo en el caso de aquellos que no tengan la enzima necesaria para digerir la lactosa: la lactasa. Para el resto de consumidores, que en esta zona del planeta son la mayoría, los productos sin lactosa son exactamente igual de digestivos o ligeros o saludables.

Un poco de lactosa

Volviendo a aquellas personas que sí padecen esa intolerancia, existe un último matiz. Como ya hemos visto no es lo mismo una alergia que una intolerancia y en el caso de las intolerancias (a la lactosa, al gluten o a lo que sea) suele haber un margen, un umbral que varía de un consumidor a otro. Según diversos estudios como este, la gran mayoría de los intolerantes a la lactosa, pueden consumir yogur, queso curado o incluso leche en pequeñas dosis. Según los expertos estas pequeñas dosis de lactosa no sólo son posibles en una dieta “sin lactosa”, sino que pueden ser recomendables, ya que existen estudios que parecen relacionar la lactosa con la absorción del calcio, especialmente entre individuos con intolerancia a la lactosa.

Cuando consumir productos sin lactosa

La intolerancia a la lactosa ha sido siempre una condición molesta. Tanto por la limitación de consumir alimentos tan ricos y habituales como los lácteos, como los riesgos nutricionales que comporta eliminar los lácteos de la dieta. Los productos sin lactosa, como la leche sin lactosa o el queso de untar Lactofree ofrecen una solución para todas esas personas, facilitándoles la vida y mejorando su dieta.

Si crees que puedes padecer intolerancia a la lactosa, lo mejor es acudir al médico para que confirme tus sospechas y descarte otros orígenes de tu malestar. Cuando el médico confirme tu problema, segurmamente tendrás que recurrir a leches sin lactosa, natas sin lactosa y quesos sin lactosa, al menos en el caso de quesos frescos. Para otros productos, como el yogur o los quesos madurados, puedes ir probando dónde está tu umbral de tolerancia.

El porcentaje de intolerantes a la lactosa se encuentra entorno al 30% para adultos en nuestra zona del planeta. Si vas a cocinar para un grupo de gente que no conoces, y especialmente si hay en ese grupo gente de otras zonas del planeta (donde la prevalencia de esta dolencia es mayor que en el continente europeo), es mejor “curarse en salud” y realizar una receta libre de lactosa.

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