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Adolfo David Lozano

Aquí y allá, de manera constante, leemos sobre la importancia de la alimentación para la salud. Y son incontables los estudios que corroboran esto. No obstante, a veces no somos del todo conscientes –o no lo suficiente- de los estudios en que se convierten nuestras vidas, nuestras experiencias y nuestra historia misma. A este respecto me resulta siempre fascinante considerar las dietas que han seguido durante largas generaciones determinadas poblaciones que han producido personas con una salud superior. Sin saberlo, esas mismas personas y poblaciones han estado generando algunos de los más preciados estudios diseñados por la naturaleza misma. Y, sin duda, estas poblaciones son la confirmación prácticamente definitiva de que la dieta tiene influencia, y una influencia muy poderosa, para determinar nuestro estado de salud.

Centrémonos en tres casos que nos demuestran cómo una dieta tradicional puede ser clave para una salud superior, tanto más cuanto que dichas regiones han dado un peligroso salto al vacío en términos de salud en el momento que fueron apartándose de sus dietas tradicionales para ir adoptando una dieta moderna-industrial.

–          Dieta de Okinawa

Okinawa no es un lugar cualquiera, pues es un pequeño archipiélago japonés al sur de la isla central que ostenta el récord mundial de centenarios por nivel de habitantes.

Esta población emplea un término, Ishoku-dogen, que significa algo como “el alimento y la medicina provienen de la misma fuente”. Su alimentación se basa en vegetales de hoja verde, mucho pescado, y almidones sin gluten como boniatos y arroz. Los alimentos de esta región son los únicos de Japón que tienen una clara influencia también de la dieta china, y de este modo comparten los platos chinos de vegetales con cerdo con los japoneses de pescados y algas. Según un estudio, los centenarios de Okinawa tienen un elevado consumo de pescado, carne, huevos y grasas tradicionales.

–          Dieta de Hawai

Hawai es una región de islas que parece produce seres humanos con una salud excepcional. No en vano, cuando el español Fernando de Magallanes llegó a este conjunto de islas a comienzos del siglo XVI se refirió a sus pobladores como personas muy bien proporcionadas. Louis de Bougainville, navegante y explorador francés de la época de la Ilustración (de cuyo apellido proviene como curiosidad el nombre de la planta ‘buganvilla’), dijo de los hawainos que “nunca había visto humanos mejor hechos”. Sin duda, parece que sus dietas tradicionales les proveían de sólidos cimientos nutricionales para desarrollarse así. Dicha dieta se compone sobre todo de cocos (una gran fuente de grasa saturada como la mantequilla), pescado como calamares y crustáceos, algas, pollo, boniatos y alguna fruta.

–          Dieta de Kitava

La existencia de los pobladores de la isla Kitava -perteneciente a la región de Papua Nueva Guinea-, y sobre todo la de sus dietas, se puso especialmente de relevancia a partir de 1989 con un estudio que buscaba grupos aborígenes con el fin de estudiar su modo de alimentación.

Los habitantes de Kitava prosperaban alimentariamente a base de pescado, cocos, almidones sin gluten, fruta como piña, papaya o mango y vegetales. La grasa de su dieta es predominantemente saturada debido a su elevado consumo de coco.

En aquella investigación de hace más de 20 años no fue posible por cierto encontrar una sola persona víctima de un ataque cardíaco a partir de electrocardiograma, y eso que había no pocas personas que estaban ya en la tercera edad. Aquel estudio determinó que la enfermedad cardiovascular en la isla era rara, por no decir prácticamente inexistente. Sin hipertensión, acné, diabetes ni sobrepeso, los habitantes de Kitava parecen inmunes bajo sus dietas tradicionales a las enfermedades que asolan las civilizaciones modernas.

En realidad, dicha inmunidad a las enfermedades crónicas propias de las civilizaciones modernas es una constante en estas tres regiones bajo sus dietas tradicionales. Dietas que por cierto carecen totalmente de azúcar o harinas refinadas y aceites vegetales (de maíz, soja o girasol), por no hablar de grasas hidrogenadas y otros compuestos altamente industriales. Pero si hay un aspecto realmente definitivo es que cuando esas dietas modernas e industriales son introducidas en estas poblaciones, esa inmunidad que menciono parece desvanecerse como un hielo al Sol. Pues es lo que ya está pasando en Okinawa, donde las generaciones más jóvenes empiezan a ser ya consumidoras de comida rápida al estilo occidental, y junto con ello empiezan a aparecer enfermedades crónicas que parecían inexistentes antes.

La lección es clara. Abandonar nutricionalmente lo natural tiene consecuencias. Al final, la naturaleza te acabará abandonando a ti.

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