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Conectar con la armonía, el placer, la belleza, la afectividad, la alegría, la creatividad, comunicarnos a través de nuestro cuerpo, buscando la relajación, la salud integral, la asertividad, la determinación y la autoestima. Estos son los objetivos de lo que se denomina como biodanza, una forma de expresión a través del movimiento y la música que nos ayuda a conocer y desarrollar nuestros potenciales de una forma divertida, grupal y en conexión con la vida.

Para practicar esta especial forma de danza no es necesario saber bailar. El movimiento que se propone, a partir de diferentes y sugestivos estilos de música, es de expresión libre, no se trata de hacer coreografías ni movimientos pautados. Se trata de algo vivencial, de vivir experiencias integradoras inducidas por la música, el ritmo, el movimiento y la conexión con las personas que nos rodean. Y es que, a este tipo de talleres, que cada vez más se ofertan en centros y escuelas ya sean infantiles, de yoga o de música y danza, se va simplemente con ganas de disfrutar. Bastará con llevar ropa cómoda, y dejarnos llevar por la música bailando descalzos y también en familia.

¡Bailar en familia!
Acercar a nuestros hijos al mundo de la música a través del movimiento resulta una manera bella y divertida de ayudarles a desarrollar sus capacidades expresivas, musicales, intelectuales y motrices. Pero practicar la biodanza en familia es todavía más. Significa un espacio para expresarse, compartir y jugar a través de propuestas sencillas. Un momento de encuentro afectivo, en un ambiente seguro y divertido, para disfrutar con nuestros hijos y con otras familias. A los grandes nos resultará ideal para recargar pilas, estirar los músculos y articulaciones, y también para relajarnos. Y los niños y bebés disfrutarán de un rato muy entretenido con sus papás en un ambiente especialmente creado para ellos al ritmo de la música.

¿Cómo es una sesión de biodanza?
Cada sesión comienza con una toma de contacto entre los participantes y la persona que imparte la clase. Es el momento de conocerse y hablar, expresarnos y soltar un poquito ese estrés con el que vivimos a diario. Además, cada participante podrá compartir con el grupo sus experiencias de la sesión anterior. Al tratarse de sesiones con familias, muchas veces van a salir temas relacionados con la crianza de los hijos, y esto será muy positivo, porque indagaremos en la parte vivencial de esta actividad. Una vez empieza la sesión, ya no se habla. Comienzan los ejercicios, que consisten en proponer una música que genere una emoción y provoque el movimiento, unas veces serán más pausados, otras más intensos, siempre buscando la relación con los demás participantes del grupo ya sean niños o padres.

¿Qué ventajas tiene para niños y padres?
A nivel individual, con este tipo de actividad potenciamos nuestra integración psicomotora, motivamos nuestra capacidad de acción, desarrollamos la expresión de nuestro movimiento y expresamos y reforzamos nuestra identidad. Además, a nivel grupal, significa que podremos desarrollar nuestras habilidades participativas, mejoraremos en la disposición para compartir con los demás y aumentaremos nuestra capacidad de colaboración.

Y es que, la idea de esta clase de sesiones es que nuestro cuerpo entre en acción, a través de la música, el movimiento, con propuestas lúdicas y alegres, explorando diferentes ritmos y melodías, utilizando en ese baile grupal de grandes y pequeños cada parte de nuestro cuerpo, los brazos, los codos, las piernas y las rodillas, el cuello y la cabeza, todos se suman a ese fluir de la música. Porque a veces se nos olvida, por las prisas o la timidez, que nuestro cuerpo tiene su lenguaje propio, y ese lenguaje se expresa a través de la música y el baile.

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