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Ya sea porque tenemos hermanos y sabemos lo importantes que son, ya sea porque somos hijos únicos y queremos darle al nuestro la oportunidad de saber lo que significa tener uno, muchos padres tomamos la decisión de tener otro hijo. Más allá de tener que volver a pasar por otro embarazo, otro parto amén de todos los cuidados que vienen después, y que significan volver a criar otro hijo, esta vez con cierta experiencia eso sí, es importante saber algo: la llegada de un nuevo miembro a nuestra familia va a hacer sentir celos al desde ahora hermano mayor.

Lo que hay que saber: los celos son normales

A pesar del amor que sintamos y expresemos los padres por ambos hijos, es natural que los niños sientan celos. Los celos son habituales en la infancia, especialmente entre hermanos. Y es lógico que el hijo mayor, que fue hijo único y tuvo a sus padres en exclusividad formando con ellos un trío perfecto donde él y sólo él recibió todas las atenciones de sus papás, se sienta ahora desplazado y tenga celos. La razón es bien sencilla: el niño, al ver a sus padres tan atentos con el nuevo bebé, siente envidia y frustración, y percibe al recién llegado como un intruso. Siente sobre todo el temor a perder el cariño de sus padres, especialmente el de su madre.

Los celos se manifiestan de muchas maneras. Con indiferencia o rencor, también tratando de hacerle daño al bebé con gestos como apretujarle o meterle un dedo en el ojo, muchas veces con síntomas de regresión, es decir, volviendo a hacer cosas que ya no hacían como chuparse el dedo, llevar chupete, querer ponerse el pañal, querer ir todo el rato en brazos y negarse a caminar. Y si son niños que comen mal o duermen mal, su forma de reaccionar ante los celos puede ser ponerse muy duros y negarse a comer o a dormir. Una forma curiosa de celos es cuando los niños muestran un cariño excesivo por el nuevo hermanito.

Sabiendo esto, nuestro cometido como padres será ayudar a nuestros hijos a sentirse amados por igual. Porque aunque, como adultos, a nosotros pueda parecernos algo tonto o trivial, para ellos, este sentimiento ambiguo, de querer y al mismo tiempo sentir rabia hacia su hermano, puede ser motivo de angustia y ansiedad profundas. Por eso, es tan importante que les aseguremos nuestro amor, porque ante la llegada de un hermanito van a necesitarlo más si cabe.

Lo que no hay que hacer: evitarles otras situaciones estresantes

Hay algunas situaciones que tendremos que planificar un poquito si estamos esperando un segundo hijo. Si por ejemplo, nos quedamos embarazadas y el mayor aún está tomando el pecho, y estamos pensando en destetarlo, tenemos que hacerlo bien unos meses antes de dar a luz, o ya optar por la lactancia en tándem, es decir, dar el pecho al pequeño y al mayor a la vez; pero nunca destetarlo justo cuando nazca su hermanito, que tomará el pecho, y esto convertirá el destete en un momento muy difícil. Lo mismo si estamos pensando en llevar a la guardería a nuestro hijo mayor, o si queremos empezar a quitarle el pañal, o si queremos ponerle en su camita y sacarle de su cuna o, en caso de que practiquemos el colecho, sacarle de la cama familiar.

Todos estos momentos son en sí estresantes para un niño. Por eso, hay que evitar que coincidan con el momento en que llega un nuevo hermanito a la familia. Porque, si lo hacemos a la vez, asociarán estos acontecimientos con la llegada de su hermanito. Lo mejor, si queremos destetar a nuestro hijo, o empezar a quitarle el pañal o llevarle a la guardería o cambiarle de cama, será o hacerlo unos meses antes de que llegue su hermano o ya unos meses después.

¿Cómo ayudar a nuestro hijo mayor para que su ansiedad sea mínima?

Podemos poner de nuestra parte y ayudar a que nuestro hijo no sufra ante los celos que pueda sentir por su hermano. No hay recetas mágicas, pero sí podemos trabajar en ello, y sobre todo, tener en cuenta que cada niño es distinto y tiene necesidades e intereses distintos, y aunque hay unas etapas por las que todos los niños pasan, cada niño las vive de forma distinta. Así que de entrada, es fundamental aceptar que cada hijo tendrá una forma distinta de ser, y unos requerimientos distintos, ni mejores ni peores, y por eso, no debemos hacer sentir a ninguno de nuestros hijos que aquello que necesitan no es lo suficientemente importante para nosotros.

Una buena forma de ayudar a nuestro hijo es, durante nuestro embarazo, compartir la noticia de que va a venir un nuevo hermanito desde unos meses antes. Mejor cuando se note que dentro de nuestra barriga hay un bebé, porque si es mucho antes, pueden ponerse ansiosos al no notar nada. Siempre en función de su edad, será bueno mantenerlo informado del progreso del embarazo, contarle cómo va creciendo el bebé, contarle cómo nacerá su hermano, decidir todos juntos el nombre y hacerle partícipe del proceso de preparar todas las cosas que necesitará. Y si es muy pequeño, habrá que contarle las cosas que sepamos que vaya a entender.

Cuando el nuevo integrante de la familia ya está en casa, mamá va a pasar mucho tiempo con él. Puede ser un buen momento para que el papá pase más tiempo con el hijo mayor, ya que será el recién nacido el que más precise a la mamá, sobre todo si le damos el pecho. Será importante además valorar su ayuda y dejar que participe en el cuidado del hermanito: ayudar a vestirlo, a bañarlo. Y cuando estemos dando el pecho al hermanito pequeño, será agradable involucrar al hijo mayor, contarle cómo él también tomaba el pecho cuando era un bebé, lo mismo si la lactancia es con biberón, explicárselo y compartir con él estos momentos.

Es importante no hacer comparaciones entre un hermano y otro, enfatizando las virtudes de uno y los defectos del otro. Aquí, hay que advertir a otros familiares, sobre todo a los abuelos, para que eviten este tipo de comentarios y comparaciones. No es aconsejable exigir al mayor que sea un ejemplo de buena conducta para su hermano menor u obligarle a que ceda frente a lo que pide el menor “para que no llore”, ya que esto supone una fuerte presión sobre el hijo mayor.

Al llegar un hermanito pequeño, es habitual usar la estrategia de convencer al mayor diciéndole que él es el “grande”. Esto suele funcionar cuando queremos, o necesitamos, que el hermano pequeño use el carrito o la trona del otro, su ropa o sus juguetes: “tú eres grande y ya no lo necesitas”. Pero cuidado con esta estrategia, porque le estaremos dando demasiada responsabilidad, y porque al revés, y siendo los niños tan perspicaces, podrá decirnos que no quiere ser el mayor, porque preferirá seguir haciendo cosas de bebés. Conviene además ser ecuánimes, y si la mamá coge al pequeño el papá coge al mayor. Y nunca premiar al mayor por ser amable con su hermano, ni evidentemente castigarle por no serlo. No hay que castigar ni reprender a un niño por sentir celos, es mejor hablar con él, escuchar sus sentimientos, explicar qué pasa y por qué, que sepa que lo entendemos, que sabemos que lo pasa mal, que no debe sentirse mal por tener esos sentimientos, que no debe hacer daño a su hermano, y que lo queréis y que nunca lo vais a dejar de querer.

En definitiva, cuando llega un nuevo hermanito, el equilibrio de la familia se tambalea y cambia, para volver a organizarse de una forma diferente. Todo cuesta más, y sin duda va a llevarnos el doble de trabajo, pero se trata de ser ecuánimes, cariñosos, comprensivos. Y al final, no sabe duda que un hermano es el mejor regalo que un niño puede tener.

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