con la comida no se juega-


En más de un hogar de nuestro país, los más pequeños de la casa no siempre tienen unos hábitos dietéticos ejemplares, o como se dice en ocasiones “no comen bien”. Pero este comportamiento, no se debe únicamente a la voluntad de los pequeños, ya tiene una gran influencia lo que les enseñamos y lo que ven en su entorno.

Hay una gran evidencia sobre la influencia de los hábitos de los progenitores sobre sus hijos, por lo que os recomendamos esta serie de pautas a implementar en casa:

Hacerlos partícipes

Está claro que no deben ser ellos quien “manden” en el menú, pero involucrarlo en todo el proceso de la comida en casa ayudará a que lo vean como un campo importante y que no es impuesto.

Deja que elijan ese plato no tan saludable de la semana, o acuerda con ellos la cantidad de raciones de diferentes comidas que hay que comer a la semana con una guía alimentaria de referencia. De esa manera será más fácil que entiendan que hay que comer lo saludable, y no solo lo que se le dice.

Dar ejemplo

De poco sirve dar órdenes, gritos o perder la paciencia sin medida.

Las actuaciones muchas veces son reflejo de lo que ven en la mesa por parte del resto de la familia. Da ejemplo y sobre todo intenta asociar la comida sana a momentos relajados. La comida no se puede convertir en un festival de chantajes y gritos, es un momento para disfrutar todos juntos.

Muy importante que todo el mundo coma de todo, y aunque las raciones sean personalizadas, que observe que no hay alimentos “para niños” y “para adultos”.

Involucra a los niños en el proceso de compra

Permitirá acercarlos al mundo de la comida. Que vean de dónde vienen los alimentos, que pueda identificar los grupos de alimentos y sobre todo apreciar la variedad.

Deben aprender qué es cada comida para valorarla y que no lo vea como algo raro, que las verduras se tocan, la fruta se pesa, y cómo el pescado y la carne se puede obtener fresco y en sus establecimientos.

¡Cuidado con esta propuesta! Que no se convierta en un arma de doble filo. Elabora una lista de la compra consensuada, y haz entender que hay que comprar lo acordado, y no cosas innecesarias.

Haz recetas con ellos, ¡y de las saludables!

No necesariamente cada vez que entren los peques a la cocina tiene que ser para hacer preparaciones dulces. Intenta hacer recetas atractivas con alimentos que no suelan tomar, y sobre todo que “toqueteen” aquellas cosas que vean como raras o ajenas. Los alimentos es más fácil aceptarlos si han intervenido en su preparación o si ya no los ven como algo raro y ajeno a sus sentidos.

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