aprender a escuchar


Natalia Berger

Otro lunes, otra propuesta. La que os traemos esta semana es algo distinta, ¿aprender a escuchar? Es extraña la persona que es consciente de que no sabe escuchar y sin embargo todos podemos aprender a hacerlo un poco mejor, con muchos beneficios en nuestra vida privada, laboral y en cualquier aspecto que tengamos que lidiar con otras personas y, por lo tanto, otras formas de entender las cosas.

La importancia de escuchar
El arte de escuchar es fundamental, por un lado, para crecer como personas y, por el otro, para mejorar nuestra relación con el resto. Muchos conflictos se crean cuando no permitimos que alguien exponga sus ideas o inquietudes, o cuando esa persona se siente incomprendida o poco escuchada. La comunicación plena que se produce cuando existe escucha por ambos lados resulta mucho más estimulante y gratificante para todos los que participan en ella. Todos queremos ser escuchados pero pocos pensamos en cuánto podría beneficiarnos escuchar más a los demás.

Durante las conversaciones, muchas personas centran su atención en lo que dirán cuando la otra persona termine de hablar, sin estar seguros de lo que realmente han oído y sin prestar atención a los matices, como el tono o el lenguaje no verbal. Ese tipo de actitud tiene por origen el deseo de agradar: dar un buen consejo, aportar una idea brillante, completar la historia con una anécdota graciosa… Sin embargo nada agrada más a los demás que sentirse escuchados. Cuando ponemos más énfasis en escuchar que en contestar, es posible que hablemos menos, pero aquello que digamos será probablemente mucho más adecuado y nuestro interlocutor lo recibirá de forma más positiva. Probablemente lograremos incluso que nos escuche más.

¿Sabes escuchar?
Cuando hablas con otras personas, ¿tienes la sensación de entender situaciones que no has vivido, comparándolas con otras propias? ¿Crees tener respuestas antes de que la otra persona termine de expresar lo que quiere decir? ¿Estás impaciente por tener la palabra o interrumpes? ¿Juzgas a tus interlocutores partiendo de tus propios valores o “lo que tú harías”? Todas esas situaciones son síntomas de que no estamos usando la empatía, que no nos estamos entregando a esa conversación y, probablemente, la estaremos empobreciendo.

Aprender a escuchar: la escucha activa
Nuestra propuesta de esta semana es aprender a escuchar. Ello parte de aprender a valorar la capacidad de escucha como una virtud importante. En segundo lugar nos pondremos en marcha, practicando la escucha activa: la escucha activa es atender, es oír, es prestar atención y es comprender al que habla, yendo todavía un paso mas allá de lo que meramente nos dicen y comprendiendo los sentimientos que se esconden detrás de las palabras. Cuando practicamos la escucha activa somos capaces de comprender cosas que no hemos vivido, que van en contra de nuestras creencias o no cuadran con nuestros valores, somos capaces de ver cómo es la persona que nos habla y por qué actúa como actúa.

Aprender a escuchar pasa por ejercicios como controlar el impulso de interrumpir, desmentir o aconsejar, tratar de hablar con el menor número de palabras posibles y en cambio escuchar cada una de las palabras que se nos diga, o preguntar todo aquello que no haya quedado claro, de modo que el interlocutor entienda que nos estamos interesando… poco a poco observaremos como la comunicación se hace mucho más especial.

Todos los sentidos
Como ya vimos hace unos días, la comunicación solo está formada de palabras en un pequeño porcentaje. Si quieres entender de verdad qué intenciones o emociones hay detrás de los mensajes, deberás prestar atención a todo: las miradas, los gestos, la forma de mover las manos, el tono de la voz o su velocidad…

A su vez tu actitud será la mejor arma para mostrar interés a tu interlocutor. Gestos como cruzar los brazos o mirar el reloj pueden dificultar la comunicación, mientras que si, físicamente, adoptas una actitud de escucha, favorecerás la confianza de tu interlocutor y el discurso cobrará fluidez.

 

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